[Publicación] La forma-valor de la mercancía y la autoemancipación de la humanidad proletarizada – Dauvé, Zeroworker, RHF

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“El abismo no nos detiene: el agua es más bella despeñándose.

¡Vamos hacia la vida!”

Ricardo Flores Magón, 1907

Desde VAMOS HACIA LA VIDA queremos poner a disposición de nuestra clase una serie de materiales que alienten el debate y la profundización de contenidos necesarios para su desarrollo como movimiento negador y superador de la miseria capitalista. Esta y sucesivas entregas corresponderán a textos inéditos en nuestro idioma o que precisen nueva difusión respecto a determinadas temáticas.

El presente cuadernillo constituye una especie de mini dossier dedicado a la crítica de la denominada “Nueva Crítica del Valor (Wertkritik)” o “Teoría de la Forma-Valor (TFV)”, corriente teórica que ha gozado de cierta popularidad durante los últimos años, y que desarrolla un conjunto de elementos fundamentales para la comprensión del funcionamiento de la civilización del capital (valor, mercancía, fetichismo). Sin embargo, rechaza la idea de que el colapso de ésta sea el resultado de la confrontación de los intereses vitales, inmediatos e históricos, de la clase proletaria ante las necesidades de la acumulación capitalista.

Se reúnen así tres textos. El primero de ellos, “El panadero y el teórico (sobre la teoría de la forma-valor)”, fue escrito por Gilles Dauvé el año 2014 y aquí se presenta traducido al español por primera vez. Dauvé es uno de los más reconocidos teóricos de la “corriente comunizadora”, tendencia nada homogénea surgida en los años 70, que plantea una profunda ruptura con la concepción etapista del cambio social propia de las ideologías y organizaciones de matriz socialdemócrata, y que se revela como una forma de salvar y perpetuar las categorías básicas de la sociedad capitalista. Por el contrario, el proceso revolucionario debe implementar en su mismo desarrollo las medidas comunistas; “revolución es comunización”, como afirmara en algún momento el mismo autor. El segundo texto corresponde a la traducción desde el portugués de la corrosiva crítica de Zeroworker al grupo alemán Krisis (génesis de la “teoría forma-valor”), que aborda sus limitaciones y pasos en falso, planteando los puntos en común y las drásticas divergencias en las conclusiones. El último escrito del dossier es un artículo originalmente considerado en el borrador del que sería el segundo número de la revista “Revolución hasta el fin” (RHF), pero dada su atingencia, se ha decidido incorporarlo en esta edición. Es un material que surge luego de la visita de Anselm Jappe (figura destacada de la “nueva crítica del valor”) a Chile el año 2014. Recoge algunas de las intervenciones de la asistencia y las correspondientes respuestas de Jappe, realizadas en el contexto de un foro-conversatorio, para posteriormente desarrollar diversos comentarios que polemizan con la relativización que hace este autor de la lucha de clases y la definición misma de las clases sociales.

Vamos hacia la vida

[Libro] COMUNIDAD Y COMUNISMO EN RUSIA – Jacques Camatte

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Publicado originalmente en Invariance nro.4 (1974) se trata de una serie de artículos sobre la revolución rusa pero no de una cronología o historización de los sucesos. Sino sobre las pocisiones de Amadeo Bordiga en cuanto a la cuestión rusa, la cuestión de la comunidad en Rusia (mir y posibilidades de revolución), campesinos, subsunción, partido, soviets y la correspondencia entre Karl Marx y Vera Zasulich sobre las posibilidades de la revolución en Rusia sin atravesar un período de transición capitalista.

“El capital sin clase capitalista es lo único que puede realizar el Modo de Producción Capitalista, como lo afirman Ricardo, Marx y Bordiga. En occidente no es posible eso hasta que el capital se ha constituido en comunidad material y ha derruido los viejos presupuestos estatales. En la U.R.S.S. ha sido la restauración del despotismo, el medio, por así decirlo, para escamotear a la clase capitalista (en el área asiática la tendencia es idéntica), de forma que no domine según su propio ser; pero la intervención cada vez mayor del capital mundial, a través sobre todo de los EE.UU., tenderá a realizar una adecuación más rigurosa entre él (el capital) y el poder de dominación sobre la sociedad.”

Dinero que incuba dinero

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Aquí el texto completo en formato .docx y .pdf

A modo de prólogo .La mercancía .El dinero 1) Medida de valor 2) Medio de circulación 3) Medio de atesoramiento 4) Medio de pago 5) Dinero mundial El capital que devenga interés 1) El dinero como mercancía 2) El dinero como capital que devenga interés 3) El dinero de crédito 4) El dinero como capital ficticio 5) El juego de espejos .Un mundo sin dinero .Anexo I: Contribución a la crítica de la economía política .Antítesis mercancía-dinero .Medida de valor .Medio de circulación .Medio de atesoramiento .Medio de pago .Dinero mundial .Anexo II: El capital, sección quinta .El capital como mercancía .Funciones del crédito y del sistema bancario .Capital que devenga interés .Capital ficticio .Abolición de la propiedad con el desarrollo del crédito

***

No sabemos si perturba o no su sueño, pero la burguesía lleva décadas manteniendo vivo el capitalismo a base de imprimir deuda. Casi se puede decir que esa ha sido su actividad principal. Emitir enormes masas de dinero crediticio, dinero sin una base real de valor, para sortear la crisis de liquidez, estimular la economía, cerrar los ojos y confiar en que todo irá mejor en el futuro. Pero en el futuro las cosas sólo empeoran.

Con la crisis que ha detonado el COVID-19 los burgueses empiezan a encajar algunas piezas del puzzle. Si no hubo una verdadera recuperación económica tras la anterior crisis, quizás tampoco la haya en esta. Si las condiciones que provocaron el coronavirus no van a cambiar, quizás tampoco sea ésta la última pandemia. Quizás la miseria que se agranda a cada crisis vaya a desembocar pronto en fuertes luchas sociales. Quizás las medidas extraordinarias que se tomaron para paliar la crisis de 2008 se están volviendo un poco más ordinarias, por eso aquellos que siempre se han opuesto a aumentar el déficit presupuestario comienzan a ceder. Se prevé una caída del PIB mundial del 3%, la mayor desde la Segunda Guerra Mundial, 195 millones de parados más en todo el mundo y una nueva crisis alimentaria de enormes proporciones. ¿Quién podría oponerse a emitir deuda si eso ayuda a aguantar el temporal?

Pero entonces la izquierda, que siempre es la parte menos avispada de la burguesía, añade: sí, pero puestos a emitir deuda, hágase en la economía real. El Estado tiene la capacidad de imprimir cuantos billetes quiera. Pues que lo haga, pero no en favor de los más ricos, sino de la gente común. A fin de cuentas, ¿qué es el dinero? Papel, impulsos electrónicos: nada. Una excusa para intercambiar mercancías. O mejor: un instrumento que en las manos adecuadas puede resolver los males del capitalismo, aumentar la capacidad adquisitiva de la población y conseguir el pleno empleo. La autonomía de la política y las virtudes de la democracia se demuestran con una política monetaria que sea social y redistributiva, dirigida a remontar los males que nos aquejan actualmente, como la expulsión de enormes masas de trabajo por la automatización de la economía o la difícil transición energética para paliar la catástrofe ecológica que estamos viviendo. Así pues, adelante la deuda. Que fluyan los billetes. Mañana ya veremos qué pasa.

Lo que no entiende la izquierda es que lo que funciona para un grupo de ladrones en la televisión quizá no le sea tan útil a un Estado. Porque el Estado capitalista, mal que le pese, no puede violar la ley del valor. Ciertamente, el dinero de curso forzoso permite un cierto margen de maniobra para falsear los datos y generar una sensación temporal de riqueza, pero la economía acaba por imponerse. Para que el Estado pueda emitir dinero sin que su moneda se desvalorice por completo y ya nadie quiera usarla más que para lo que está obligado, es decir, para pagar impuestos, entonces tendrá que emitir deuda pública. Una parte de esta deuda puede ser comprada por su propio banco central, pero otra parte importante ha de ser ofrecida en los mercados financieros. El carácter nacional de la moneda provoca la apariencia de una cierta autonomía de la política, pero cuando llega al mercado mundial esta apariencia tarda poco en caer. Una moneda emitida en exceso es una moneda devaluada, una moneda a la que le costará más adquirir productos extranjeros y pagar los intereses de su deuda, porque se pagan con dinero mundial. Así que el Estado no puede emitir dinero así, sin más ni más: para hacerlo tiene que emitir deuda y pagar sus intereses.

Pero los acreedores, como el mercader de Venecia, también piden su libra de carne. Cuando se emite dinero crediticio se confía al futuro la producción de valor, esto es, se hipoteca el valor que se producirá en el futuro para poder consumirlo en el presente. Pero esto ha de ser un ejercicio creíble: por ello, un acreedor razonable como el FMI o el mercado de deuda no podrá más que solicitar un aumento de la explotación del trabajo, la única base del valor, a cambio de su préstamo.

Los estados intentaron inyectar liquidez en la economía real tras la crisis de 2008, pero la economía real no podía absorber más liquidez: ya no daba más de sí. El dinero no podía utilizarse para invertir nuevos capitales que continuaran con la producción de valor, porque el valor se está agotando, las ganancias son cada vez más escuetas y antes que nada hay que saldar las deudas que ya se tienen. El endeudamiento es un agujero negro que no deja de absorber la sufrida economía real. Antes del confinamiento, entre el 10% y el 20% de las empresas de Estados Unidos y Europa sólo ganaban para pagar su propio funcionamiento y las deudas contraídas. En el caso de las pequeñas y medianas empresas, la tasa de ganancia es por tanto muy reducida. De ahí que la Fed y el BCE hayan tenido que comprar por primera vez bonos basura de las empresas a punto de quebrar. En el caso de las grandes, no se puede decir que la cosa vaya mucho mejor. Podemos poner como ejemplo a Nestlé, que utilizó los bajos tipos de interés para recomprar sus propias acciones y remontar así su valor bursátil, dado que su deuda triplica las ganancias anuales. Y esto sin hablar del crédito al consumo. Una familia estadounidense necesitaría ahorrar más de dos años para costear un mes sin ingresos. Endeudarse es la única receta económica para un capitalismo que agoniza.

Así, la deuda en relación al PIB mundial pasará posiblemente del 322% al 342% con esta nueva crisis. Esto quiere decir que la masa de dinero crediticio que circula por el mundo triplica ya con mucho el dinero basado en la producción y circulación de mercancías. En definitiva, la deuda llegó para quedarse. Pero no ahora: desde los años 70 el capitalismo ha ido haciendo de la emisión de dinero de crédito y del capital ficticio su único motor. Romper con el tipo de cambio fijo respecto al oro en los años 70 fue al mismo tiempo la consumación de un proceso de varias décadas y el requisito imprescindible para seguir dotando a la economía de liquidez, de oxígeno. Una liquidez que, sin embargo, es cada vez más ficticia.

Aquello que parece su elemento más fuerte, la emisión de dinero crediticio para seguir tirando la pelota hacia adelante, no es sino el punto más débil del capitalismo. Por eso el mercado bursátil se derrumbó antes de que llegara el verdadero parón de la economía con el confinamiento ante la pandemia. Una economía que respira gracias a la mera expectativa de ganancias futuras, muchas de las cuales jamás se realizarán, es una economía de enorme fragilidad. Un castillo de naipes a punto de derrumbarse. Un sistema social que agoniza.

Por eso necesitamos estudiar qué papel cumple el dinero en el capitalismo. Lo haremos desde la perspectiva más general, desde sus categorías más invariantes, hasta la realidad concreta de una catástrofe que no deja ampliarse. Hoy el dinero crediticio es el único órgano de respiración artificial que tiene este cuerpo moribundo. Todo lo que le queda al capitalismo es una casa de papel.

Barbaria   –   mayo de 2020

No es la crisis del virus, es la crisis del capital

Con más de un tercio de la población mundial en confinamiento y buena parte de la producción y circulación de mercancías detenida a nivel mundial, nos situamos en un contexto que pareciera completamente nuevo. Sin embargo, sería imposible tratar de explicar la situación actual sin comprender la crisis irresoluble en la que se encuentra el sistema capitalista. Crisis tras crisis este sistema ha dado salidas inmediatistas a los obstáculos a los que se ha ido enfrentando. Estas salidas van acumulando una serie de contradicciones en el seno del capitalismo que antes o después saltarán por los aires. Es imprescindible acercarnos al análisis del contexto actual desde una perspectiva que sitúe la crisis del coronavirus como otro hito histórico más que se amontona a todas las cuentas pendientes que se han ido dejando por el camino.

La fragilidad del capital

El coronavirus no solo ha detenido de forma repentina los procesos de valorización del capital a nivel internacional, sino que además ha revelado cuan frágil es la economía capitalista. Desde hace unas semanas asistimos a una crisis histórica de las bolsas de todo el mundo cuyo único causante a primera vista podría parecer este virus. Sin embargo, vivimos en un sistema que se caracteriza por su lógica abstracta e impersonal, y, por tanto, el análisis que hagamos no puede ser meramente fenomenológico, sino que tiene que ir más allá de lo concreto con el objetivo de entender la invarianza que determina a este sistema.

El objetivo de la circulación del capital es su propio crecimiento, no tiene límite ni final. Por tanto, lo que define al capitalismo es precisamente esta repetición imprescindible de los ciclos de acumulación. Por otro lado, la naturaleza competitiva del capitalismo le impulsa a innovar los procesos de producción, lo que provoca la expulsión de trabajo asalariado, reduciendo en la misma medida la capacidad de producir valor. Nos encontramos, así, en un contexto en el que la repetición de los ciclos de acumulación es indispensable para garantizar la supervivencia del sistema capitalista, pero a su vez, las dificultades que sufre el capital para valorizarse son cada vez mayores. En esta encrucijada en la que la riqueza social cada vez depende menos del trabajo asalariado, el capital ficticio será un elemento fundamental no solo para sustentar, sino para impulsar el ciclo de valorización del capital.

Aunque el capital ficticio en la época de Marx tenía una importancia menor, esta cuestión se trata en el libro III de El Capital, poniendo el foco en el carácter ficticio de los títulos de deuda pública, las acciones y los depósitos bancarios. En el caso de la deuda pública, es capital que nunca se invierte, puesto que el dinero que recoge el Estado no entra en ningún circuito de valorización, solo da derecho a una participación en los impuestos que recaude. Con respecto al capital accionario, son títulos de propiedad que dan derecho a participar en el plusvalor producido por el capital.  Las acciones tienen un componente de capital real (el dinero recaudado en la emisión inicial que se invierte en forma de capital) y un componente de capital ficticio que se origina a través de la mercantilización de estos títulos, ya que adquieren autonomía, y su valor comercial se despega del valor nominal sin modificar la valorización del capital subyacente. Por último, los depósitos de los bancos constituyen en su mayoría capital ficticio, ya que los créditos concedidos por el banco no existen como depósitos. De modo que el capital ficticio es aquel que está desconectado del proceso real de valorización de capital. Su sustento es la expectativa de una generación de plusvalía en el futuro, y cuando estas expectativas desaparecen, su naturaleza ilusoria queda al descubierto. Sigue leyendo

[Libro] Páginas malditas – Karl Marx

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Es fácil entender por qué los textos de Karl Marx aquí reunidos fueron y todavía son «malditos»: no coinciden en absoluto con la imagen del Marx que se construyó oficialmente. El Marx políticamente correcto, demócrata, reformista… y hasta leninista, que el marxismo oficial construyó durante un siglo y medio, no resiste en absoluto frente a esta crítica radical de los valores que las universidades y organizaciones reformistas transmiten acerca de él.

Como verá el lector en estas páginas malditas, Marx no se muestra partidario del progreso demócrata burgués en general, ni de los derechos democráticos en sí, ni tampoco del trabajo y el esfuerzo productivo como sostienen todos sus epígonos. Tampoco proclama como objetivo del ser humano el trabajo, ni el desarrollo de la economía nacional. Es más, ni siquiera considera que el mundo pueda cambiarse desde la política, desde el Estado. Todo esto es más que suficiente para que todas estas páginas, que publicamos en esta selección y que critican el trabajo, la economía, la democracia, la revolución política… hayan sido «olvidadas», negadas, ocultadas, descalificadas como pecados de juventud, por todos los partidos oficiales y semioficiales que se presentaron desde siempre como sus continuadores.

Que reivindiquemos la obra de Marx como una totalidad, no quiere decir que la misma, si se mira el detalle, no contenga límites, debilidades, concesiones al enemigo, oscilaciones… También es cierto que ni el mismo Marx llegó a muchas de las profundas implicaciones que conllevaban sus propias conclusiones. Sólo desde una mirada teológica se puede hacer de Marx, o de cualquier otro, un ser puro, libre de las impurezas mundanas, tal y como hace el postulado de fe marxista-leninista, haciendo de Marx el Bauer del comunismo, el espíritu absoluto hegeliano que ha tomado cuerpo y se eleva sobre la historia, la encarnación de Dios sobre la tierra, libre de los pecados terrenales.

Para desgracia de esas proyecciones religiosas, el Marx de carne y hueso, como expresión del proletariado y de un proceso histórico, estuvo influido —pero no determinado— por los límites y contradicciones de la época que le vio nacer.

Esos límites y concesiones al enemigo son precisamente la base sobre la que todos los ideólogos marxistas, liquidadores de la obra de Marx, articulan todas sus miserables posiciones y se presentan como sus continuadores a pesar de ser sus mayores enterradores. No parten de la obra de Marx como expresión de la obra del proletariado, jalonada por incontables militantes conocidos y anónimos, sino del individuo Marx y de las frases muertas que pueden servirles a sus ideas petrificadas. En contraposición a todos ellos, es partiendo del sujeto de la revolución, del proletariado, como podemos reapropiarnos de las aportaciones de Marx como expresión de nuestra propio ser, como expresión del comunismo frente al capitalismo, como expresión de la comunidad humana contrapuesta a la comunidad del dinero.

REAPROPIACIÓN EDICIONES

Enero de 2019

Crisis capitalista, pandemia y el programa de la revolución

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Extraído de Proletarixs en Revuelta (Autor Anónimo)

«El mismo Marx señaló que el sistema abstracto del desarrollo capitalista no bastaba para hacer ninguna predicción acerca del mundo real. Todas las crisis en el capitalismo deben ser explicadas a partir de las condiciones dadas, empíricas, “a partir del movimiento real de la producción, de la competencia y del crédito capitalista”. El análisis en términos del concepto de valor del desarrollo capitalista postula “la posibilidad de crisis por una simple consideración de la naturaleza general del Capital, sin considerar las relaciones reales y adicionales que forman las condiciones del proceso de producción real”».
(
Paul Mattick, “Marx y Keynes”, 1969)

El movimiento actual de la sociedad en general (hablamos del mundo entero) tiende a una descomposición de las tradicionales formas de dominación burguesa.
La paz social auspiciada por el crédito y el consumo de las últimas décadas hace tiempo que se ha visto quebrantada; el proletariado en distintas partes del globo ha ido accionando con fuerzas y debilidades, manifestándose en contra de sus condiciones de explotación, miseria y exclusión.

[…] La descomposición social del capitalismo llevará necesariamente a un enfrentamiento entre el proletariado y el Estado.
[…] Esta re-estructuración capitalista (que lleva a una movilización de todas las capas de la sociedad) siempre se hace a costa del proletariado y éste por débil que sea subjetivamente en su fase actual, no lo dejará sin pelear en defensa de sus vidas”.
(Periódico ‘Anarquía y Comunismo’ Nº3, “La vieja y olvidada lucha de clases”, 2015

 

Al parecer, la crisis capitalista comienza por fin a reventar. Lo trágico para nosotrxs, es que revienta en nuestras caras. Y es que, si bien la crisis era una especie de lugar común para lxs entendidxs en economía capitalista que solo confirmaba la existencia de sus propios límites y su estado de descomposición, hoy se nos presenta sobrepasando cualquier lección que se pudiera sacar de sus manuales, haciendo a todo el mundo cuestionarse sobre su propia época histórica ¿será una crisis pasajera o será acaso el principio del fin? ¿Podrá la humanidad sobreponerse a los números económicos e imponer sus necesidades, o se prestará nuevamente como carne de cañón para la reestructuración del mercado?

Según vemos, y como siempre, son muchas las preguntas y pocas las respuestas.

Para empezar, la crisis de valor propiamente dicha se veía venir desde hace ya bastantes años y, como decíamos, se había convertido en una amenaza constante, incluso se podría decir que ésta nunca se fue desde que en 2008 explotara bajo la famosa crisis de Lehman Brothers. Desde ahí en adelante los economistas no han dejado de lamentarse y convivir con el lento crecimiento económico. Y si bien hace ya un tiempo se hablaba de su importante profundidad histórica, su forma de presentarse en la realidad diaria no fue sino la misma con la que fue desplegado todo el aparato militar de los Estados hasta el día de hoy, de una forma solapada y subterránea solo perceptible para lxs más críticxs o paranoicxs, como una normalidad impuesta a fuerza de pura costumbre. De la misma forma como la guerra mundial permanente, el despliegue terrorista del imperialismo económico, se impuso como una normalidad en la guerra al terrorismo en sus versiones Al Qaeda e Isis. Y así la guerra en Siria, lxs miles de refugiadxs que escaparon hacia el viejo continente, el Brexit y los descalabros de la guerra comercial que al tiempo provocó el ascenso de la economía China. El desarrollo productivo de esta última en cuanto a tecnología y a su ejército de proletarixs asalariadxs terminó de trastocar el “turbulento” panorama mundial, su mapa comercial y las viejas alianzas de la burguesía, a la vez que aceleró la volatilidad económica por la invasión de sus baratijas.

Todo esto se mostraba posible y próximo, pues como dice la vieja teoría marxista, solo el trabajo vivo crea valor; solo con relación a éste puede desplegarse el crédito y el capital financiero, y dado que la competencia capitalista expulsa de su seno a una siempre creciente masa de proletarixs remplazándolos por máquinas, era solo cosa de tiempo para que este sistema social se mostrara insostenible e incapaz de mantener las ganancias de la clase dominante. Las mieles del capitalismo parecían cada vez solo una rancia e insípida sustancia artificial.

En medio de este panorama (y aunque no se viera venir, dada la normalización cotidiana de la catástrofe) fue tomando fuerza la revuelta en Irán, Francia y China, pasó por Ecuador y terminó por reventar en este país en octubre pasado, salpicando por todos lados la miseria acumulada bajo la burbuja crediticia. En nuestro caso, se expresó como una fértil y alegre primavera que se extendió hasta el verano; llena de esperanzas y fraternidad, tanta que no dejaba de atemorizar el solo imaginar como se cobrarían aquellos hermosos actos de soberbia e irrespetuosidad proletaria sobre un futuro deplorable; desde ahí entendimos que efectivamente ya no había vuelta atrás. Los meses que siguieron y la vuelta en marzo no dejó de afirmar nuestra comprensión, sobre todo con las caóticas manifestaciones desde el Partido del Orden y su incapacidad de encuadrar el proceso.

O así lo pensábamos. Tras la segunda semana de marzo donde el proletariado realizó una importante demostración de fuerzas, el Estado juega su as bajo la manga declarando el Estado de catástrofe y luego el toque de queda. Si bien la posible llegada de la pandemia al país era ya sabida desde finales de 2019, el Gobierno de Piñera, abalado por todo su set de coalición y oposición, optó criminal y oportunistamente por poner manos en el asunto en marzo como respuesta a la coyuntura social, legitimando el despliegue policial y militar por todo el territorio bajo la excusa de su dictadura sanitaria. Sigue leyendo

VALOR, TIEMPO DE TRABAJO Y COMUNISMO: UNA RELECTURA DE MARX – GILLES DAUVÉ

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Value, Labour Time & Communism: Re-Reading Marx (2014)

Texto publicado en el sitio Troploin. troploin.fr/node/81

Traducción: Antiforma

Biblioteca de Cuadernos de Negación bibliotecacuadernosdenegacion.blogspot.com

Volver a Marx no tiene nada que ver con escarbar en capas de pensamientos y hacer un balance del mérito: unas pocas nociones abstractas esenciales – valor, trabajo, tiempo, tiempo de trabajo y productividad – bastan para indicar lo que queremos cambiar en este mundo, y cómo.

 

  1. El origen del valor

El Volumen I de El Capital no comienza con una definición de lo que es el capitalismo, sino de cómo se presenta: «una inmensa acumulación de mercancías». Este enfoque señala la elección de una perspectiva en particular. Marx aborda el tema partiendo con el encuentro entre productores independientes que se reúnen en el mercado para intercambiar sus mercancías. Ya que el capital/trabajo es el núcleo de todo el asunto, como señala el propio Marx, y ya que no está escribiendo un libro de historia, ¿por qué no empezó con el encuentro entre el asalariado y el capitalista? Su investigación sobre el trabajo asalariado toma como punto de partida la división del trabajo entre productores autónomos (el campesino se encuentra con el fabricante de ropa), y procede a analizar la doble naturaleza del trabajo: concreto (el trabajo tiene valor de uso) y abstracto (produce valor de intercambio).

Si seguimos la lógica del primer capítulo de El Capital, el valor de uso adquiere el carácter de valor de cambio una vez que entra en el mercado. Aunque Marx nos da las claves para entender que en la relación «valor de uso + valor de cambio», el uso se halla determinado por el intercambio, porque la producción se estandariza de tal manera que crea un ítem intercambiable, por otro lado describe el proceso como si el valor, en lugar de nacer de un tipo de producción muy específico, apareciese después del momento productivo y se impusiera sobre el trabajo como una restricción exterior.

Si así fuera, la tarea de la revolución sería liberar a los productores de esta restricción.

Aunque Marx constantemente vincula el valor con el trabajo, no insiste en su origen en la producción, a partir de un determinado tipo de producción, en la que cada artículo se fabrica para y de acuerdo con el tiempo de trabajo necesario para realizarlo.

El comunismo, tal como lo ve Marx, es un mundo sin dinero basado en el trabajo comunal: el problema es que el trabajo es mucho más que la gente que se reúne en un taller para fabricar objetos. La producción de estos objetos se rige por el tiempo medio de trabajo incorporado en ellos.

Esto implica cuantificar el tiempo promedio de trabajo necesario para producir tal o cual objeto: en otras palabras, implica medir lo que Marx llama, con razón, valor. El valor es el tiempo, y la producción se rige por el tiempo, es decir, por la productividad: los procedimientos de fabricación se organizan para obtener el mayor rendimiento posible por unidad de tiempo. El trabajo es una actividad basada en el conteo de tiempo, y el conteo implica acortamiento.

Sin embargo, Marx trata el valor de uso como un resultado natural de la actividad humana, y le gustaría tener valores de uso sin valor de cambio. Pero el valor de uso es una categoría analítica que al mismo tiempo se opone al valor de cambio y lo supone: es imposible eliminar uno sin eliminar el otro. Sigue leyendo

[Audio] Las categorías básicas del valor

Por Barbaria

A finales de marzo de 2019 hicimos una reunión con las categorías básicas del valor como tema. En ella intentamos comprender estas categorías a partir del fetichismo de la mercancía y de la necrología del capital, a sabiendas que discutir sobre el valor no es hacer una reflexión bizantina sobre cosas inútiles para la lucha, sino todo lo contrario: es comprender cuál es el fundamento mismo del capital para poder destruirlo, y cuál es también la naturaleza del proletariado como su enterrador histórico, naturaleza que emana directamente del suelo de esta sociedad, como un hecho material, tectónico, ineludible.

Nos pareció una discusión que podía ser útil también para otros compañeros. Por eso os invitamos a escucharla aquí.

Marx contra el Estado

Marx contra el Estado

El carácter de la Comuna

La mayor objeción a Marx sobre la cuestión del Estado y el parlamentarismo, recae en el Manifiesto del Partido Comunista (publicado en el año de 1848), el cual en la parte final aboga por la toma del Estado, haciendo a la par concesión a la burguesía “radical” en Alemania. Sin duda tales posiciones contenidas en ese libelo han sido puestas en tela de juicio por la Historia, por lo que encontrarles una justificación sería absurdo. No obstante, limitarnos a una simplona crítica sin comprender el contexto histórico en que se escribió, nos llevaría a estancarnos en un ámbito meramente superficial o en el peor de los casos, en un reducto puritano e ideológico.

El manifiesto de Marx y Engels, fue un proyecto realizado a petición de la Liga de los Comunistas, una organización conformada desde antes que ellos participaran en ésta. Muchas de las organizaciones comunistas de aquel entonces, habían sido incapaces de romper de lleno con muchas concepciones socialdemócratas, incluyendo la que concierne al Estado. Marx y Engels no estaban exentos de acuñar posiciones erróneas propias de su época. Toda esa situación, generó un terreno de cultivo apto para la separación entre reformistas y revolucionarios.

«Debemos subrayar aquí que las oscilaciones y ambigüedades de Marx y Engels, con respecto a la Socialdemocracia misma, contribuyeron a su obra contrarrevolucionaria. En efecto, durante años las fundamentales críticas programáticas efectuadas por ellos no fueron dadas a publicidad, haciéndose los propios Marx y Engels cómplices de este ocultamiento, por razones de “oportunidad”: las críticas públicas y hasta la ruptura formal con esa organización fueron postergadas “para más adelante”. A la muerte de Marx, como es sabido, Engels se compromete mucho más con la política programática y organizativa de la socialdemocracia, llegando a apoyar la práctica organizativa de esa organización burguesa para los obreros y hasta a darle su toque de “autoridad” para expulsar a los mejores militantes clasistas: es el caso de “Die Jungen” » [1].

Tal error ha tenido un peso histórico trascendental (reflejado principalmente desde la II y III Internacional), el cual hasta la fecha ha sido muy bien explotado por los revisionistas y oportunistas de toda calaña, no solo contribuyendo así a la mitificación, sino también empantanando la discusión revolucionaria y exacerbando la falsa dicotomía marxismo/anarquismo. Sigue leyendo

Cuadernos de Negación #10

Presentación. -El capitalismo. -«Había una vez…» Subsunción. -Un mundo sin corazón. Acumulación, comercio, usura y desposesión. -Entrando en la lucha de clases. -El Capital solo quiere más capital. -Dinero. Dinero y valor. -El fetichismo de la mercancía … y su secreto. -Alienación. El trabajo enajenado.

PDF: «Cuadernos de Negación» #10

Esbozo de la síntesis revolucionaria del futuro (Más allá de la dicotomía marxismo/anarquismo)

Extraído de Hommodolars.org

Este es un primer borrador de un texto que sigue desarrollándose. Fue elaborado un poco a la rápida para ser expuesto en el foro “La falsa dicotomía marxismo/anarquismo. Superación de la ideología en pos de una teoría para la práctica revolucionaria”, realizado en la Academia de Humanismo Cristiano el 22 de julio del 2015.

Hacia una superación a priori de la dicotomía

Quienes hoy día creen necesario “elegir” entre marxismo y anarquismo, es porque ven un antagonismo radical entre ambas ideologías. Pero ellas fueron expresiones opuestas y complementarias de un mismo movimiento y de una misma época, que debemos superar.

Ese es el descubrimiento más importante contenido en el cuarto capítulo de La sociedad del espectáculo, de Guy Debord. Cualquier discusión sobre la dicotomía entre marxismo y anarquismo debe tomar ese argumento como su punto de partida. Pero a partir de ahí, hay que avanzar, hasta que se comprenda bien por qué alguien insistiría en reivindicar hoy una de esas dos corrientes o alguna de sus variantes. Seguir oponiendo marxismo y anarquismo para identificarse con uno de los dos términos en desmedro del otro, es refugiarse en una buena coartada para no participar en la necesaria producción de una nueva síntesis revolucionaria, una que extraiga su poesía del futuro. Sigue leyendo

Sobre Marxismo y Anarquismo (Nucleo de IRA, 2002)

Extraído de Hommodolars.org

(La vieja y siempre presente discusión entre “marxismo” y “anarquismo” fue abordada en una reunión de IRA allá por el 2002. Esto corresponde brevemente a sus puntos principales).

En general, para los miembros de IRA, el balance histórico e ideológico del “anarquismo” es bastante negativo. Esto obedece, entre otras razones, a la excesiva ambigüedad y escasa contundencia teórica del pensamiento anarquista; a que es casi imposible determinar qué es exactamente lo que cabe dentro de la gran familia anarquista (desde posmodernos negadores de la lucha de clases, a obtusos empecinados en propagandear unas pocas verdades eternas que se empeñan en no historizar, a entusiastas del sindicalismo y boy scouts del activismo rojinegro…); y al rol conciliador y miope jugado por el anarquismo organizado en su mayor prueba: la revolución española (particularmente la FAI-CNT). Sigue leyendo