[Audio] Charla sobre el movimiento de los Chalecos Amarillos en Francia

http://blog.temperamento-radio.com/content/images/size/w1000/2019/07/barbariachalecos2.jpg

Compartimos el audio de la charla realizada el 20/07 por  grupo Barbaria (Madrid/París), a cargo de compañeros que estuvieron en la región

«En cualquier caso, es indudable que el movimiento de los chalecos amarillos hace parte de un proceso de despertar de nuestra clase a nivel internacional, tras la derrota de la oleada de luchas de los años 70. Ante la perspectiva factible de que este movimiento se apague tarde o temprano, si no se produce una recuperación burguesa a la altura de la intensidad que ha vivido y luchado, dejará tras de sí nuevos lazos de solidaridad, quizá algunas estructuras, experiencias de lucha de las que extraer lecciones, un nuevo número de personas que, tras su radicalización en el movimiento, se sumarán a la actividad de las minorías revolucionarias pese a la vuelta a la normalidad. Nuestra clase aprende. Construye su propia memoria. Se despierta.»

Escuchar y/o descargar aquí

[Folletos] Tesis sobre la Guerra de España

Les dejamos a continuación con dos folletos en PDF que compilamos con textos de Agustín Guillamón, ambos  acerca de los acontecimientos del 19 de Julio de 1936 en Barcelona, así como su posterior desarrollo.

De los comités de defensa al análisis de los órganos de poder de la Revolución de 1936 / Los Amigos de Durruti

Tesis sobre la Guerra de España y la situación revolucionaria creada el 19 de julio de 1936 en Cataluña

¿Qué es el Estado? Reflexiones sobre la violencia política

Podemos encontrar mil definiciones distintas del Estado. Pero básicamente se reducen a dos. Una, amplia, que habla impropiamente del Estado ya en las primeras civilizaciones de Mesopotamia y Egipto, y después de Grecia y Roma, que no vamos a utilizar, y que es inadecuada para estudiar la actual sociedad capitalista en la que vivimos. Se trata de una definición que, en todo caso, necesita calificar al Estado con el modo de producción imperante: Estado esclavista, Estado feudal, Estado capitalista. Otra, reducida, en la que se utiliza el concepto actual del Estado, o Estado capitalista, o Estado moderno, como poder soberano absoluto o único en cada país, que es la que aquí utilizaremos.

El Estado es una forma histórica reciente de organización política de la sociedad, surgida hace unos quinientos años, en algunos países, con el fin del feudalismo, el auge del mercantilismo y las primeras manifestaciones del sistema de producción capitalista. La aparición del Estado suponía la desaparición de las formas feudales de organización política.

El concepto de Estado surge con la aparición histórica del sistema de producción capitalista. Es la organización política adecuada al capitalismo. La proyección de este concepto a las antiguas civilizaciones es una anacronismo infértil y confuso.

En la sociedad feudal la soberanía era entendida como una relación jerárquica entre una pluralidad de poderes. El poder del Rey se fundamentaba en la fidelidad de otros poderes señoriales y los poderes del Rey eran venales, esto, es, podían venderse o cederse a la nobleza: la administración de la justicia, el reclutamiento del ejército, la recaudación de los impuestos, los obispados, etcétera, podían ser vendidos al mejor postor o adjudicados en una compleja red de favores y privilegios. La soberanía residía en una pluralidad de poderes, que podían subordinarse o competir entre sí.

El Estado, en la sociedad capitalista, convierte la soberanía en un monopolio: el Estado es el único poder político de un determinado territorio. El Estado detenta el monopolio del poder político, y en consecuencia pretende el monopolio de la violencia, la definición de legalidad y la administración de la justicia. Cualquier desafío a ese monopolio de la violencia se considera como delincuencia, y atenta contra las leyes y el orden capitalistas, y por lo tanto es perseguido, castigado y aniquilado. Sigue leyendo

LA PAZ Y EL ORDEN

Aún quedan en las calles de Rosario algunos carteles de las recientes elecciones provinciales. «Ahora la paz y el orden» prometía el candidato ganador, un “peronista de ley”.

Todos los representantes de las diferentes facciones de la clase dominante consciente de sus intereses históricos, del “Partido del Orden” a lo largo de la historia y a lo ancho del planeta han estado de acuerdo. Hacia mediados del siglo XIX, con el surgimiento de los Estados modernos, la dicotomía Civilización y Barbarie se hizo carne de organización. El positivismo racionalista e higienista trazó una línea, acá lo civilizado: el trabajo, la escuela, la iglesia, los puertos, la ciudad, los edificios monumentales, en el campo las estancias como apéndice de todo aquello. Más allá lo bárbaro: “los indios”, las poblaciones rurales rebeldes. La inmensidad de la naturaleza como desierto hostil. Lo que es necesario, controlar, domesticar, atemorizar, y en ocasiones eliminar.

«Paz y Administración» dictaba el genocida Roca; «Pacificación de la Araucanía» que llevó adelante Cornelio Saavedra Rodríguez; «Paz y Orden» era el lema de Porfirio Díaz en México; «Orden y Progreso» reza la bandera del Brasil.

A principios del XX, ya con el Estado afianzado, esta dicotomía continuó pero invertida: con el surgimiento del proletariado organizado, la ciudad con sus barrios obreros llenos de mugre y conventillos sobrepoblados empezó a ser vista como corruptora y el campo y sus habitantes como lo cándido, reservorio de los más puros valores nacionales. Obviamente esto era falso, los peones rurales alzados en Santa Cruz y los obreros y hacheros rebeldes en Santa Fe no parecían muy dados al patriotismo… La clase dominante argentina hablaba del paso «de los malones indios, a los malones rojos».

Hoy los cinturones de miseria rodean las ciudades y los ex barrios obreros quedaron en decadencia. Las fábricas ya no echan humo, ya casi nadie tiene un trabajo para toda la vida. La desocupación, la precarización, la informalidad y la autoexplotación configuran hoy la vida proletaria. El mundo rural que nos rodea, más domesticado que nunca, es un enorme lote inhabitable, lleno de soja y veneno. El panorama ha cambiado, hoy la guerra de la Civilización contra la Barbarie es preventiva, contra la amenaza de un malón de pobres y hambrientos que la primera crea. Sigue leyendo

CONCILIACIÓN O BARBARIE

«Ellos son la burguesía –declaran–, nosotros el proletariado. Hablamos dos idiomas distintos y no tenemos nada que hacer juntos en ningún encuentro» (Alberto Ghiraldo). Encontramos esta cita sin más referencia en un libro de David Viñas titulado De los montoneros a los anarquistas. Escrito en 1971, el autor historiza las rebeliones populares en la región argentina desde mediados de 1800 a comienzos del 1900, fuera y contra las interpretaciones liberales más tradicionales así como de la perspectiva nacional/populista.

Esta misma sentencia se hace presente en muchos párrafos de nuestro boletín La Oveja Negra. La necesidad de no hablar el lenguaje de los amos, sino el de los rebeldes. Insistimos una y otra vez en no traducir nuestras necesidades con la letra muerta de la ley. Y encontrar muchos años después esta cita de Alberto Ghiraldo entre los libros de la biblioteca que lleva su nombre es una grata sorpresa.

Algo de eso ya habíamos leído en el texto anónimo Ai ferri corti. Romper con esta realidad, sus defensores y sus falsos críticos. Los compañeros desde Italia escribían: «Los explotados no tienen nada que autogestionar, a excepción de su propia negación como explotados. Solo así junto a ellos desaparecerán sus amos, sus guías, sus apologetas acicalados de las más diversas maneras. En esta “inmensa obra de demolición urgente” debe encontrarse, cuanto antes, la alegría. “Bárbaro”, para los griegos, no significaba solo “extranjero”, sino también “balbuceante”, tal como definía con desprecio a aquel que no hablaba correctamente la lengua de la polis. Lenguaje y territorio son dos realidades inseparables.»

Y hace algún tiempito unos compañeros en Madrid elegían nombrar su acción común como Barbaria: «Allí donde no llega el lenguaje de los amos».

La política del diálogo ha fracasado… luego de haberse demostrado ya inútil desde el comienzo. Porque no hay diálogo posible entre quienes quieren, necesitan, desean una cosa y quienes imponen lo contrario.

La huelga, por ejemplo, surgió con el objetivo de generar el mayor desorden y pérdidas económicas posibles, tratando de imponer las reivindicaciones a través de la fuerza, estableciendo el menor diálogo posible con la burguesía y el Estado, o al menos un diálogo desde un lenguaje propio. Las huelgas de las últimas décadas tienen una impronta totalmente diferente. Se las plantea como una forma de «hacer escuchar la voz de los trabajadores», cuando los únicos que hablan son los sindicalistas y hasta los periodistas en nuestro nombre, mientras el grueso de los explotados las perciben como feriados. Los burgueses se organizan lo mejor posible para disminuir el impacto de las huelgas, victimizarse y ajustar los cinturones. Para estos motivos fueron y son necesarios los intermediarios entre ambas clases. Es decir, los traductores que codifican nuestras necesidades en plegarias: partidos políticos, sindicatos, religiones.

A estas alturas ya hemos interiorizado a fuerza de rutina, castigo y pedagogía la lengua necesaria para mantener el orden. «Allí donde existe una necesidad existe un derecho» dicen los peronistas, astutos comprenden la existencia y urgencia de las necesidades y urgentemente las hacen entrar en el terreno de los derechos, del Estado. «Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado» decía Benito Mussolini.

Por eso la lucha contra el Estado y el Capital, es incomprensible para los representantes del Estado y el Capital. Y para dimensionarla hay que salirse al menos un poquito de sus estrechos márgenes de entendimiento.

Extraído de la Oveja Negra N° 63