Manifiesto internacionalista contra la guerra y la paz capitalista en Ucrania

No a la guerra pero sí a la guerra de clases! Abajo cualquier guerra excepto la de clases!.

“¡Sus guerras! Nuestros muertos”. Bajo esta bandera, los proletarios radicales se distanciaron de las marchas pacifistas organizadas en marzo de 2004 en las calles de España tras los atentados de la masacre de Madrid que dejaron más de 200 muertos. Fue esta consigna derrotista la que plantearon en respuesta al compromiso militar de España en Irak y a la “guerra contra el terrorismo” impuesta por el Estado capitalista mundial y su rama española, haciéndose así eco de las muchas manifestaciones históricas del derrotismo revolucionario que marcan el desarrollo de las sociedades de clase y, por tanto, de la lucha de clases, de la guerra de clases.

Como proletarios social-revolucionarios, comunistas, anarquistas…, no tenemos absolutamente ningún interés material en ponernos del lado del Estado capitalista y su democracia, sea cual sea, de nuestros enemigos de clase, de nuestros explotadores, de aquellos que, con la bayoneta en la mano, siempre nos han devuelto “plomo, metralla, cárcel” cuando luchamos y salimos a la calle a reivindicar nuestra humanidad. Y esto es cierto independientemente de la naturaleza y la orientación política del régimen de la patria A o de la patria B, que luchan en un conflicto interestatal por sus propios intereses de conquista y poder. Jamás nos solidarizaremos con ninguno de nuestros explotadores.

¡Sus intereses! ¡Nuestros muertos! No nos posicionamos a favor de ninguno de los estados en conflicto, ya sea que uno sea categorizado según la moral política burguesa dominante como “el agresor” y el otro como “el agredido” o viceversa. Sus respectivos intereses en juego son exclusivamente suyos y están en total oposición a los de la clase explotada, es decir, nosotros, los proletarios; por eso, fuera y en contra de todo nacionalismo, de todo patriotismo, de todo regionalismo, de todo localismo, de todo particularismo, ¡afirmamos alto y claro nuestro internacionalismo! Sigue leyendo

Konflikt – El verdadero fin de la historia es el fin de la guerra

Traducción del texto del grupo búlgaro Konflikt realizada por grupo Barbaria, cuyo contenido destaca por sus posiciones claramente internacionalistas contra la guerra capitalista y contra el uso del proletariado, sea del bando que sea, como carne de cañón para el mantenimiento del sistema.


«Lo que podríamos estar presenciando no sólo es el fin de la guerra fría, o la culminación de un período específico de la historia de la posguerra, sino el fin de la historia como tal: esto es, el punto final de la evolución ideológica de la humanidad y la universalización de la democracia liberal occidental como la forma final de gobierno humano».

Francis Fukuyama, 1989

Nos han mentido. Y no ha sido sorpresa. Lo han hecho antes, lo están haciendo ahora mismo y lo harán en el futuro. Nada nuevo bajo el sol. A pesar de esto nos engañaron. Un académico americano no muy conocido declaró el fin de la historia y se convirtió en el altavoz del Nuevo Orden Mundial. “El conflicto ha terminado”, declaró él. Nos dijeron que esto era “el final de la guerra y del horror del viejo mundo”. Desde McDonalds han constatado que entre dos países que venden sus hamburguesas nunca había habido guerra. Los ideólogos gritaban por una “nueva era de prosperidad occidental”. Se suponía que esto sería el “final de la pobreza”. Todo esto no era más que otra mentira.

Mientras la tinta del ensayo propagandístico de Francis Fukuyama apenas se había secado, el mundo estaba hundido de nuevo en la guerra. En 1991 América comenzó la primera de la serie de “guerras contra el terror” en Irak y el “mundo musulmán”. Mientras tanto, la desintegración de Yugoslavia trajo de vuelto a la guerra a Europa por primera vez desde 1945. Aquella guerra duró casi once años. No nos esperaba la “paz mundial”. Esto fue otra mentira.

Otra mentira fue la de “prosperidad universal”. La reconstrucción capitalista en Europa del Este ha llevado a la unificación de millones de personas. En toda Europa del Este los trabajadores han pagado el precio de esta reestructuración, mientras los ricos de la parte occidental ganaban millones. En Rusia esto fue totalmente catastrófico. La estimación media de vida disminuyó seis años. Millones de personas se quedaron sin trabajo ya que alcanzaron “prosperidad”.

Hoy también, más de tres décadas después del denominado “fin de la historia”, más de treinta años después de “la paz y la prosperidad”, la guerra ha vuelto a Europa. A unos pocos cientos de kilómetros más allá de nuestras costas obreros se matan entre sí por las ganancias de los ricos. Las acciones de las empresas armamentísticas crecen, mientras hospitales son bombardeados y niños asesinados. Los millonarios que llamamos oligarcas en Rusia y los oligarcas a los que llamamos millonarios en Occidente, festejan como vampiros con la sangre de los trabajadores de Rusia y Ucrania. Sigue leyendo

Comentario crítico sobre la orientación política del texto de “Colectivo contra el Capital – Movimiento Comunista” – Kolektivně proti Kapitálu – Mouvement Communiste

Ninguna guerra excepto la de clases!

El artículo escrito y enviado por los compañeros del proyecto Proletarchiv responde críticamente al texto del colectivo: “Colectivo contra el Capital – Movimiento Comunista” – Kolektivně proti Kapitálu – Mouvement Communiste (KPK/MC). Como su título indica, cuestiona no sólo las posiciones adoptadas por el KPK/MC, sino también por otros grupos y organizaciones en relación con la guerra en Ucrania.

De ello se desprende que al publicar este artículo crítico no estamos participando en una guerra privada contra el KPK/MC. Por el contrario, con ello queremos subrayar en términos generales la crítica comunista a la guerra burguesa contra todo «apoyo crítico», » legítima defensa contra el ataque imperialista», etc., que (voluntaria o involuntariamente) arrastran al proletariado a la guerra burguesa, lo sacrifican en el altar de la patria y la nación y lo convierten en carne de cañón.

Por lo tanto, contra el intento del KPK/MC de subordinar la defensa del proletariado al régimen democrático como supuestamente más favorable a la lucha de clases, contra su definición del derrotismo revolucionario como «apoyo crítico a la resistencia», el texto publicado a continuación plantea la única posición posible de los comunistas contra la guerra: la lucha del proletariado contra su «propia» burguesía y su «propio» Estado-nación. El derrotismo revolucionario, que no puede significar otra cosa que el proletariado debe luchar contra el enemigo que está en su «propio» país para lograr su derrota y contribuir así a la unificación del proletariado mundial sobre una base revolucionaria. Citando directamente el texto, «El objetivo de la resistencia de los proletarios, sin embargo, debe ser a la burguesía y al capital y no, según el KPK/MC, una de las partes en conflicto. Si han de derramar sangre, es sólo por sus propios intereses. [Es decir, durante la lucha revolucionaria, para que no haya que derramar más sangre. Nota de TV] La paz no como utopía burguesa, sino como consigna movilizadora, y como meta en el futuro tras la superación del capitalismo mediante la guerra de clases.»

Otro punto fuerte del texto es cómo define al Estado, es decir, como «violencia organizada de una clase contra otra». Esta definición se opone claramente a la definición socialdemócrata del Estado (sea cual sea la familia ideológica que la utilice, «anarquistas», leninistas, sindicalistas…) que lo identifica con un «gobierno» que, según esta lógica, debe ser derrocado, apoyado (como sugiere ahora el KPK/MC en el caso de Ucrania) o tomado sin que se produzca un verdadero cambio social.

Contra el apoyo al «movimiento democrático» que recomienda el KPK-MC, explicando que «la dictadura abierta es un terreno menos favorable para la lucha de clases que la democracia liberal», el texto declara claramente que el interés del proletariado no es defender una forma contra otra, sino organizarse como clase en defensa de sus propios intereses: «Los comunistas no son demócratas que persiguen una política democrática enriquecida por una crítica del capitalismo, ni son los que esperan un terreno democrático adecuado para su lucha de clases, ni instan a los proletarios a luchar por procedimientos democráticos. « Sigue leyendo

LÓGICA DE LA GUERRA / SABOTEAR LA GUERRA, DESENCADENAR LA INTERNACIONAL

Lógica de la guerra

El campismo. Durante la Primera Guerra Mundial, si la terrible postura de Kropotkin a favor de la victoria de una parte de los Estados beligerantes y en nombre de la esperanza de la propia emancipación se hizo famosa, es sin duda porque encarnaba la quiebra siempre posible del internacionalismo y del antimilitarismo, a pesar de las respuestas recibidas de otros anarquistas. Ni siquiera era una posición campista original, ya que los principales partidos socialistas y sindicatos obreros de la época ya habían cedido a las sirenas de la Unión Nacional alineándose detrás de su propio Estado belicista. Aunque sería absurdo olvidar que algunos anarquistas a veces vacilaron contra el muro, incluso en otro tipo de situaciones como las guerras civiles (recordemos el dilema «guerra o revolución» decidido a favor de la primera por la dirección de la CNT española), sería ir demasiado rápido recordar sólo eso.

En el transcurso de las guerras que han salpicado el último siglo, y en las que los camaradas se han visto envueltos, es también contra ellos que se han puesto en práctica un buen número de intervenciones subversivas, según el lugar donde se encontraran, como la de constituir grupos de combate autónomos (generalmente descentralizados y coordinados), crear redes de apoyo a los desertores de ambos bandos, sabotear el aparato militar-industrial detrás de los frentes, socavar la movilización de las mentes y la unidad nacional, exacerbar el descontento y el derrotismo intentando transformar estas guerras por la patria en insurrecciones por la libertad. Se nos puede decir que las condiciones han cambiado desde aquellos experimentos, pero desde luego no hasta el punto de que no podamos recurrir a este arsenal si queremos intervenir en las hostilidades, es decir, partiendo de nuestras propias ideas y proyecciones, en lugar de partir para apoyar el mal menor del bando y los intereses de un Estado contra otro. Porque si estamos en contra de la paz de los mercados, de la paz de la autoridad, de la paz del embrutecimiento y de la servidumbre, evidentemente también estamos en contra de la guerra. Porque la paz y la guerra son en realidad dos términos que cubren la misma continuidad de la explotación capitalista y la dominación estatal. Sigue leyendo

LA PAZ, ES LA GUERRA / Gilles Dauvé

«Por la patria hay que vivir!»

«Los países pequeños como Bélgica harían bien en unirse al país más fuerte si quieren mantener su independencia.» (Emperador Guillermo II al Rey de los belgas, noviembre de 1913)

 

«Una gran guerra es inevitable en las primeras décadas del siglo XXI, pero implicará una crisis económica en fase de maduración, una sobreproducción a gran escala, una fuerte caída de la rentabilidad, una exacerbación de los conflictos sociales y de los antagonismos comerciales, lo que exigirá tanto la redivisión del mundo como la regeneración de todo el sistema. […] No más que en el pasado, ningún reformismo impedirá la marcha hacia un conflicto, si no planetario, al menos más que regional.» (10 + 1 questions sur la guerre du Kosovo, 1999)

 

«No te creas la propaganda, aquí te están mintiendo.» (Marina Ovsiannikova, interrumpiendo las noticias en uno de los principales canales rusos, 14 de marzo de 2022)

* * *

«La guerra por la paz»… «la causa de los débiles contra los fuertes»… «Crímenes contra la humanidad en el corazón de Europa… una lucha por la civilización»… «genocidio en curso en Ucrania».

La primera cita es del periódico socialista Le Droit du Peuple, y la segunda del burgués Times de Londres, ambas escritas en 1914; la tercera del Primer Ministro francés durante la guerra de Kosovo en 1999, y la última del Primer Ministro ucraniano el 9 de marzo de 2022.

Los medios de comunicación franceses nunca hablarán de la dictadura chadiana (apoyada por Francia) como lo hacen de la dictadura bielorrusa (apoyada por Rusia). Tampoco mencionarán los millones de civiles asesinados por los ejércitos francés y estadounidense en las guerras de Indochina y Vietnam, al igual que las masacres de civiles por parte del ejército ruso en Ucrania.

Hay pocas novedades en el lavado de cerebro, salvo que la propaganda se intensifica a medida que la guerra se acerca al corazón de Europa. Rusia lo niega, prohibiendo las palabras «guerra» e «invasión» (el Estado francés esperó hasta 1999 para reconocer oficialmente que entre 1945 y 1962 había librado una «guerra» en Argelia y no sólo «operaciones»). Occidente entrega eufemísticamente armas a Ucrania a través del Fondo Europeo para la Paz.

Cuando las palabras se hinchan, su significado estalla. En particular, genocidio se convierte en sinónimo de masacre, mientras que la palabra se refiere al exterminio de un pueblo como pueblo: Hitler lo hizo con los judíos, pero ni Stalin pretendía la eliminación del pueblo ucraniano a principios de los años 30, ni posteriormente Pol Pot la del pueblo camboyano. Putin tampoco pretendía eliminar al pueblo ucraniano.

 Pero, antes de ser mental, la confusión está en la práctica. Si las ideologías se confunden, si todo el mundo ha podido proclamarse socialista, comunista, proletario, revolucionario (título del libro publicado en 2017 por el actual presidente de la república francesa), es porque hasta ahora los movimientos sociales no han realizado un programa que rompa con el orden de las cosas. Así que, en la mitología y el discurso político, todo vale. Como el socialismo era nacional en 1914, los nazis podían reivindicarlo como propio: el nazi es el «nacional socialista» (nationalsozialist).

Cuando nos vemos reducidos a la pasividad por luchas fallidas o desviadas, recibimos información e imágenes como espectadores de una realidad contra la que no podemos reaccionar temporalmente. Sigue leyendo

Otra vez sobre «anarquistas» que olvidan los principios (sobre el «anarquismo» nacionalista ucraniano)

La sección de la Asociación Internacional de Trabajadores en la región de Rusia llama a boicotear a los provocadores y estafadores que se esconden detrás del nombre de «anarquistas» y denuncian a los activistas de nuestra organización.

Nuestra posición contra la guerra librada por las oligarquías capitalistas por la repartición del «espacio postsoviético» es recibida con comprensión y apoyo por parte de anarquistas internacionalistas en Ucrania, Moldavia y Lituania, con quienes mantenemos contactos.

Pero desde el comienzo mismo de la guerra ruso-ucraniana, los llamados “anarquistas”, que abandonaron la tradicional posición anarquista internacionalista de derrotar a todos los estados y naciones y apoyan a una de las partes en conflicto, lanzaron una campaña de calumnias contra nuestra organización.

Por ejemplo, los ex anarquistas Anatoly Dubovik y Oleksandr Kolchenko que viven en Ucrania han publicado los nombres y direcciones de nuestros activistas en Internet abierto. El primero de ellos escribió el texto correspondiente, y el segundo le dio su cuenta de Facebook para que lo publicara y lo aprobara. El pretexto fue que nuestra organización adopta una posición internacionalista consecuente y condena tanto la invasión rusa de Ucrania como el nacionalismo ucraniano y la política expansionista del bloque de la OTAN.

Los Sres. Dubovik y Kolchenko intentaron desvergonzadamente y con desfachatez calumniar a la nuestra sección de la AIT, sin ninguna razón tratando de atribuirnos una posición en defensa del Kremlin. Al mismo tiempo, admiten que estamos pidiendo a los soldados ucranianos y rusos que se nieguen a luchar.

¡Esto último significa que estos anarquistas imaginarios, al publicar las direcciones de los activistas contra la guerra ubicados en Rusia, están incitando directamente a los servicios secretos rusos y a los matones nacionalistas contra ellos, como oponentes a la guerra, para tratar con ellos con sus manos! En las condiciones de hostigamiento, despidos, amenazas y represalias físicas constantes contra personas de mentalidad antimilitarista en Rusia, tales acciones equivalen a una denuncia real con una indicación directa de a quién deben dirigir su atención las fuerzas represivas.

Una vez más, los nacionalistas de ambos lados del frente, siguiendo la lógica de «quien no está con nosotros está contra nosotros», están listos para destruir juntos a sus principales oponentes: los internacionalistas que se niegan a elegir entre los estados en guerra y las camarillas burguesas, entre la peste y el cólera.

Los anarquistas de todo el mundo deberían ser conscientes de los actos vergonzosos de los provocadores-informantes y negarse de una vez por todas a tener nada que ver con ellos, echándolos para siempre del entorno anarquista y enviándolos a sus patrocinadores y amos de los servicios secretas y la policía secreta!

La declaracion fue aprobado en referéndum de los militantes de la KRAS-AIT

https://www.aitrus.info/

Adiós a la vida, adiós al amor… Ucrania, la guerra y la autoorganización

«Cuánta sangre ha bebido esta tierra

Sangre de obrero y sangre de campesino

Para los bandidos que provocan guerras

Nunca se muere, sólo se mata a los inocentes.” [1]

 

Clausewitz hablaba de la incertidumbre del campo de batalla como la «niebla de la guerra», y el término podría aplicarse con la misma facilidad a la avalancha mediática que estamos viviendo desde el 24 de febrero de 2022 en relación con Ucrania. Los dos bandos se encuentran inmersos en una guerra de propaganda e imagen bastante clásica, reforzada de forma inédita por las redes sociales. Desde este punto de vista, los ucranianos tienen la ventaja; hay muchas imágenes disponibles en su lado (tomadas por civiles o periodistas), mucho menos en el lado ruso (no hay smartphones para los soldados, ni civiles, ni pocos periodistas). De ahí, por ejemplo, que al principio hubiera un exceso de vehículos rusos destruidos. Esto es lo que ven los occidentales (nosotros), pero es sólo una parte de la realidad. Sobre todo porque los algoritmos acentúan la banalidad de nuestros respectivos sesgos cognitivos, empujándonos a favorecer la información que confirma nuestras opiniones y presuposiciones: este es el «problema de Diagoras», pero en tiempos de guerra este lote cotidiano se vuelve excesivo, asfixiante. No es fácil mantener la distancia necesaria y la cabeza fría para entender lo que está pasando y, si es necesario, actuar en consecuencia; es aún menos fácil cuando se vive en un país beligerante o cobeligerante.

Lo bueno, lo malo y lo feo

«No te preocupes, esos están fuera.” [2]

Rusia invadió Ucrania, no al revés. Sin embargo, por importante que sea, la diferencia entre «agresor» y «agredido» no es un criterio suficiente para entender la situación. El demócrata y el autoritario, el bueno y el malo, etc.

El 28 de julio de 1914, tras el asesinato del archiduque Francisco Fernando, el poderoso Imperio Austrohúngaro (50 millones de habitantes) declaró la guerra a la pequeña Serbia (diez veces menos poblada). En los días siguientes, mediante el juego de alianzas, todas las potencias europeas entraron en guerra, y uno de los argumentos de Francia e Inglaterra fue la defensa del débil frente al fuerte. «Nadie puede creer de buena fe que seamos los agresores», declaró René Viviani, Presidente del Consejo de una República Francesa muy democrática a la que Alemania, necesariamente despótica y cruel, acababa de declarar la guerra. Mientras que la gran mayoría de los socialdemócratas de todos los países (e incluso algunos anarquistas, como Piotr Kropotkin) se adhirieron a esta narrativa y a las respectivas políticas de la Unión Sagrada, el Partido Socialista serbio rechazó la defensa nacional y no votó a favor de los créditos de guerra. En 1914, pocos revolucionarios no sucumbieron a la propaganda de guerra [3]. Sigue leyendo

El porqué del derrotismo revolucionario

Esta NO es nuestra guerra

Por Barbaria

El desarrollo de la guerra imperialista entre Rusia y Ucrania ha vuelto a colocar, de modo meridiano, la importancia de las consignas invariantes y tradicionales del movimiento revolucionario frente a la guerra del capital: la fraternización entre los proletarios en uniforme de ambos frentes, contra todas las patrias por el internacionalismo proletario, dirigir las armas contra la propia burguesía, el derrotismo revolucionario y la transformación de la guerra imperialista en guerra de clases. En el cuaderno que editamos aquí publicamos una serie de textos que hemos ido sacando como grupo al calor del recrudecimiento de la guerra imperialista y otros materiales, que nos parece importante sacar también en papel, de compañeros que se ubican en un mismo terreno de intransigencia de clase e internacionalista. Han circulado numerosos comunicados defendiendo una perspectiva análoga a la nuestra. Los compañeros de la revista Controverses han publicado la mayoría de estos comunicados en francés, inglés y castellano y se puede consultar en su página web[1]. También los compañeros argentinos de Panfletos subversivos o los compañeros checos de Tridni Valka han desarrollado una labor muy importante para hacer conocer las reacciones internacionalistas frente a la guerra que minorías de todo el mundo estamos llevando a cabo de modo claro y cabal[2]. Sigue leyendo

Lo que significa realmente el derrotismo internacionalista revolucionario en la guerra ‘ucraniana’

PERLAS DE LA BURGUESÍA: «𝘈𝘥𝘦𝘮á𝘴 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘖𝘛𝘈𝘕, 𝘜𝘤𝘳𝘢𝘯𝘪𝘢 𝘯𝘰 𝘵𝘪𝘦𝘯𝘦 𝘰𝘵𝘳𝘰𝘴 𝘢𝘭𝘪𝘢𝘥𝘰𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘱𝘶𝘦𝘥𝘢𝘯 𝘢𝘺𝘶𝘥𝘢𝘳 𝘦𝘯 𝘦𝘴𝘵𝘦 𝘴𝘦𝘯𝘵𝘪𝘥𝘰. […] 𝘗𝘰𝘳 𝘭𝘰 𝘵𝘢𝘯𝘵𝘰, 𝘩𝘢𝘺 𝘲𝘶𝘦 𝘱𝘦𝘯𝘴𝘢𝘳 𝘦𝘯 𝘢𝘤𝘦𝘱𝘵𝘢𝘳 𝘦𝘭 𝘢𝘱𝘰𝘺𝘰 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘖𝘛𝘈𝘕. […] “𝘋𝘦𝘣𝘪𝘥𝘰 𝘢 𝘭𝘢 𝘧𝘢𝘭𝘵𝘢 𝘥𝘦 𝘶𝘯𝘢 𝘰𝘳𝘨𝘢𝘯𝘪𝘻𝘢𝘤𝘪ó𝘯 𝘥𝘦 𝘮𝘢𝘴𝘢𝘴, 𝘭𝘰𝘴 𝘱𝘳𝘪𝘮𝘦𝘳𝘰𝘴 𝘷𝘰𝘭𝘶𝘯𝘵𝘢𝘳𝘪𝘰𝘴 𝘢𝘯𝘢𝘳𝘲𝘶𝘪𝘴𝘵𝘢𝘴 𝘺 𝘢𝘯𝘵𝘪𝘧𝘢𝘴𝘤𝘪𝘴𝘵𝘢𝘴 𝘧𝘶𝘦𝘳𝘰𝘯 𝘢 𝘭𝘢 𝘨𝘶𝘦𝘳𝘳𝘢 𝘥𝘦 𝘧𝘰𝘳𝘮𝘢 𝘪𝘯𝘥𝘪𝘷𝘪𝘥𝘶𝘢𝘭, 𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘤𝘰𝘮𝘣𝘢𝘵𝘪𝘦𝘯𝘵𝘦𝘴, 𝘮é𝘥𝘪𝘤𝘰𝘴 𝘥𝘦 𝘨𝘶𝘦𝘳𝘳𝘢, 𝘦𝘵𝘤. 𝘐𝘯𝘵𝘦𝘯𝘵𝘢𝘳𝘰𝘯 𝘧𝘰𝘳𝘮𝘢𝘳 𝘴𝘶 𝘱𝘳𝘰𝘱𝘪𝘢 𝘦𝘴𝘤𝘶𝘢𝘥𝘳𝘢 𝘱𝘦𝘳𝘰 𝘧𝘳𝘢𝘤𝘢𝘴𝘢𝘳𝘰𝘯, 𝘥𝘦𝘣𝘪𝘥𝘰 𝘢 𝘴𝘶 𝘧𝘢𝘭𝘵𝘢 𝘥𝘦 𝘤𝘰𝘯𝘰𝘤𝘪𝘮𝘪𝘦𝘯𝘵𝘰𝘴 𝘺 𝘳𝘦𝘤𝘶𝘳𝘴𝘰𝘴. 𝘐𝘯𝘵𝘦𝘯𝘵𝘢𝘳𝘰𝘯 𝘧𝘰𝘳𝘮𝘢𝘳 𝘴𝘶𝘴 𝘱𝘳𝘰𝘱𝘪𝘢𝘴 𝘦𝘴𝘤𝘶𝘢𝘥𝘳𝘢𝘴, 𝘱𝘦𝘳𝘰 𝘧𝘳𝘢𝘤𝘢𝘴𝘢𝘳𝘰𝘯 𝘥𝘦𝘣𝘪𝘥𝘰 𝘢 𝘴𝘶 𝘧𝘢𝘭𝘵𝘢 𝘥𝘦 𝘤𝘰𝘯𝘰𝘤𝘪𝘮𝘪𝘦𝘯𝘵𝘰𝘴 𝘺 𝘳𝘦𝘤𝘶𝘳𝘴𝘰𝘴. 𝘈𝘭𝘨𝘶𝘯𝘰𝘴 𝘪𝘯𝘤𝘭𝘶𝘴𝘰 𝘴𝘦 𝘶𝘯𝘪𝘦𝘳𝘰𝘯 𝘢𝘭 𝘉𝘢𝘵𝘢𝘭𝘭ó𝘯 𝘈𝘻𝘰𝘷 𝘺 𝘢 𝘭𝘢 𝘖𝘜𝘕 (𝘖𝘳𝘨𝘢𝘯𝘪𝘻𝘢𝘤𝘪ó𝘯 𝘥𝘦 𝘕𝘢𝘤𝘪𝘰𝘯𝘢𝘭𝘪𝘴𝘵𝘢𝘴 𝘜𝘤𝘳𝘢𝘯𝘪𝘢𝘯𝘰𝘴). 𝘓𝘢 𝘳𝘢𝘻ó𝘯 𝘦𝘳𝘢 𝘴𝘦𝘯𝘤𝘪𝘭𝘭𝘢, 𝘴𝘦 𝘵𝘳𝘢𝘵𝘢𝘣𝘢 𝘥𝘦 𝘶𝘯𝘪𝘳𝘴𝘦 𝘢 𝘭𝘢𝘴 𝘵𝘳𝘰𝘱𝘢𝘴 𝘮á𝘴 𝘢𝘤𝘤𝘦𝘴𝘪𝘣𝘭𝘦𝘴. 𝘊𝘰𝘮𝘰 𝘳𝘦𝘴𝘶𝘭𝘵𝘢𝘥𝘰, 𝘢𝘭𝘨𝘶𝘯𝘰𝘴 𝘥𝘦 𝘦𝘭𝘭𝘰𝘴 𝘴𝘦 𝘤𝘰𝘯𝘷𝘪𝘳𝘵𝘪𝘦𝘳𝘰𝘯 𝘢 𝘭𝘢 𝘱𝘰𝘭í𝘵𝘪𝘤𝘢 𝘥𝘦 𝘥𝘦𝘳𝘦𝘤𝘩𝘢𝘴”.» (Fragmento de entrevista realizada por el colectivo Crimethic a algunos «anarquistas» de Ucrania)

Para nosotros, no sólo vemos al proletariado tal como es ahora
lo que cree y cómo actúa  ahora  ,
sino como lo que se verá obligado a hacer. O mejor,
lo que puede llegar  a   hacer cuando se le somete a la prueba de la historia.
(Parafraseando a Marx)

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Al principio de la guerra en Ucrania, aparecieron algunas posiciones que reivindicaban -de palabra- el internacionalismo y la lucha revolucionaria contra el capital. Pero en realidad, proponían la participación en la guerra del lado de Ucrania. Lo hemos visto en el Reino Unido, en Alemania y en España.

Los argumentos utilizados son en parte idénticos a los de algunos trotskistas, el autonomismo a la italiana,o los anarquistas que participan en la guerra del lado de Ucrania. Como algunas de estas posiciones provienen de grupos e individuos hasta ahora  pro  revolución proletaria , nos pareció urgente discutir con ellos. Descubrimos que su impaciencia queriendo «hacer algo ahora» es la contrapartida perdida   de una estrategia basada en el derrotismo revolucionario internacionalista.
[1]

Falta de autonomía de clase

Los que se han deslizado hacia la participación en la guerra reconocen generalmente que la guerra tiene un carácter interimperialista y capitalista. Pero insisten una y otra vez en que la causa de la resistencia ucraniana merece consideración ya que el proletariado, carente de autonomía de clase, participa en esta resistencia para defenderse de la invasión rusa. Sigue leyendo

CONTRA LA GUERRA, GUERRA DE CLASES!

Traducción semi-automática

En Ucrania, la guerra iniciada por la invasión del país por parte del ejército ruso sigue en su apogeo. Algunos quieren presentarnos esta guerra como la gloriosa resistencia de todo el pueblo ucraniano contra el fascismo ruso, otros como la respuesta legítima de Rusia al imperialismo de la OTAN.

La verdad es que en la guerra siempre es la misma gente la que muere; aquellos que son demasiado pobres para huir, que no tienen el dinero ni las conexiones para escapar del alistamiento forzoso, obligados hoy a ir a las trincheras para defender los intereses de los explotadores de ayer, que volverán a utilizarlos mañana. En fin los proletarios, los que como nosotros, ustedes, ustedes, no tienen otra opción para vivir que ir todos los días a vender su tiempo y su cuerpo para enriquecer a los patrones de todos los países. La guerra ruge más allá de las fronteras, los que no mueran por las bombas sufrirán el hambre causada por las sanciones y las repercusiones económicas, incluso a miles de kilómetros de la línea del frente.

Si bien parte del aparato estatal ruso parece decidido a continuar la guerra a pesar de las pérdidas humanas, los capitalistas gobernantes en Ucrania han declarado la ley marcial. Los que se ayudan a sí mismos en las tiendas, para comer o para mejorar lo ordinario son severamente castigados, humillados, a veces ejecutados. Los que todavía trabajan bajo los caparazones ven sus salarios reducidos a la nada en nombre del esfuerzo patriótico. Los capitalistas rusos envían soldados rusos, bielorrusos, osetios o chechenos a morir y matar por sus ganancias. Algunos de los soldados son reclutas, alistados por la fuerza y ​​enviados a luchar.

Ante esta situación, en Rusia se han realizado numerosas y periódicas manifestaciones. Los trabajadores ferroviarios bielorrusos sabotearon las líneas ferroviarias para evitar el suministro logístico al frente. Los trabajadores del aeropuerto de Pisa, Italia, se negaron a cargar armas con destino a Ucrania. A pesar de la feroz represión, los proletarios se levantan contra esta guerra que no es la suya.

Los países occidentales y los de la OTAN, que después de haber saqueado, invadido, bombardeado casi todo el globo en nombre del progreso y luego de la democracia, pueden volver a hacerse pasar por el campo de la paz y la razón.

El Estado ruso, a la zaga de la economía capitalista, se embarca en una guerra de expansión: ¡una situación dramática para los que mueren bajo las bombas, pero una oportunidad para los capitalistas! Ahora es necesaria una reorganización del mercado mundial de la energía en el contexto de una economía verde. Un plan forzado pero bienvenido para los capitalistas europeos y norteamericanos, ya que las inversiones y las ganancias potenciales son colosales.

Esta reorganización irá mucho más allá del tema energético, los bloques se reconfiguran, el llamado a la nacionalidad oa la soberanía es sólo un señuelo para la necesaria competencia renovada entre los Estados amenazados de recesión pero sobre todo entre los trabajadores.

El barniz ideológico nacionalista busca galvanizar a las multitudes para que el trabajo sea aún más y menos costoso para apoyar el esfuerzo bélico y hacer que los trabajadores olviden que sus intereses son los mismos que los de la trinchera opuesta.

Los inmigrantes ucranianos supuestamente se distribuyen cálidamente por país y según su calificación. En realidad, se trata de una carpa de la Cruz Roja que será su área de espera antes de su redistribución a una nueva finca.

“Estamos en guerra”, es con esta frase que Macron abrió la secuencia Covid antes de erigir la resiliencia como consigna de la nación. En línea con el discurso militarista producido por Estados de todo el mundo desde el inicio de la pandemia, para hacernos aceptar un nuevo ajuste de cinturón. ¡Aquí, como en todas partes, los precios suben, suben, EXPLOTAN! Esta subida de precios, ya en marcha mucho antes del inicio del conflicto, encuentra una justificación de sobra en los enfrentamientos que tienen lugar en Ucrania. A los que nos mandan, ¡bajar la calefacción, reducir el consumo de tal o cual cosa, seguir afanándonos pagando dos euros el litro de gasolina!

No olvidemos que la guerra de Estados es la paz capitalista por otros medios. No estamos pidiendo la paz, que sólo es querida por los demócratas porque permite la acumulación. ¡Contra el horror de esta sociedad donde todo se basa en el lucro, queremos la guerra de clases!

Contra el sonido mortífero de las bombas, y la algarabía mediática que nos quiere llevar a las urnas, afilemos los cuchillos, salgamos a la calle, al paro, a los bloqueos: ¡a la ofensiva contra la explotación!

ASAP RÉVOLUTION

https://asaprevolution.net/

[GCI-ICG] Invarianza de la posicion de los revolucionarios frente a la guerra – Significado de la consigna de siempre de “derrotismo revolucionario”

Apoyamos a nuestras tropas cuando disparan a sus oficiales

La posición de los revolucionarios frente a la guerra capitalista es siempre la misma: contraponer a la guerra la revolución social, luchar contra “su propia” burguesía y “su propio” Estado nacional. Esta posición se denomina históricamente derrotismo revolucionario porque proclama abiertamente que el proletariado de todos los países debe luchar contra el enemigo que tiene en su propio país, debe actuar para provocar su derrota y que solo así se actúa para la unificación revolucionaria del proletariado mundial, solo así se desarrolla la revolución proletaria en todas partes.

La cuestión de la guerra y la revolución, la cuestión de la contraposición entre guerra y revolución ha sido central desde los orígenes del movimiento obrero. En efecto, es en períodos de guerra y revolución (y toda la historia nos muestra la interacción entre estos dos polos) que más claramente se ve quienes están de un lado y quienes están del otro de la barricada; la posición frente a la guerra y la revolución ha sido históricamente el punto culminante en donde un conjunto de fuerzas y partidos que se habían dicho revolucionarios (o socialistas, o anarquistas, o comunistas…) quedan totalmente desenmascarados por su realidad contrarrevolucionaria (1) afirmando que tal “guerra es justa”, que tal país “fue agredido”, que se oponen “a la guerra pero… en estas circunstancias…”, que “apoyan la liberación de tal nación… contra tal otra…”

En cambio desde le punto de vista revolucionario, las cosas no tienen recovecos, ni vueltas. No hay que esperar a que la guerra se declare para ver de que naturaleza es, no hay que especular con la geopolítica estatal como hacen los intelectuales burgueses o los periódicos cultos (como El Mundo Diplomático), no hay que conocer las declaraciones en nombre de la paz que harán ambos contrincantes para saber quien es “agresor” o “agredido”. Como todas las posiciones programáticas del comunismo, la posición de los revolucionarios frente a la guerra entre Estados burgueses (o fracciones nacionalistas que pretenden la autonomía o la independencia) es simple y terminante:

  • no hay guerras justas que apoyar,
  • no hayguerrasdefensivas,
  • no hay guerras de liberación nacional que puedan no ser interimperialistas (y por lo tanto imperialistas),
  • no hay un bando que esté por la paz y el otro por la guerra,
  • no hay uno que represente la barbarie y el otro la civilización,
  • no hay un lado de la guerra más agresor que el otro,
  • no hay que defender a un bando democrático contra uno dictatorial o fascista… ni la inversa.

Por el contrario, todas esas fórmulas son utilizadas, indistintamente, por uno u otro bando capitalista para reclutar para su guerra (2). Sigue leyendo

Guerra en Ucrania: Siempre más contra el proletariado

Lo mismo se aplica a la guerra en Ucrania, como a la pandemia de Covid-19; asistimos al surgimiento de multitud de «especialistas«: ayer, virólogos, biólogos, epidemiólogos, infeciólogos, vacunólogos… y hoy: estrategas militares, polemólogos, especialistas en Rusia, «Clausewitzologists» e incluso «putinólogos«. Todo para discutir las causas obvias o latentes de esta guerra con fuertes estadísticas y referencias económico-políticas, para sobre todo obligarnos a tomar partido. La miseria y angustia de unos contrasta con la frustración y humillación histórica de otros. La «reconquista» rusa frente a la «occidentalización» de Ucrania, que ya ha percibido claramente los límites de sus nuevos «amigos«. Implícitamente, la amenaza nuclear muy real que está disponible en todos los campos.

Sin embargo, en este caso, como en todas las guerras capitalistas y por lo tanto «imperialistas«, el punto de vista y el interés proletario es no tomar partido y oponerse a la guerra por todos lados. Cualquiera que sean los pretextos defensivos u ofensivos, demócratas o despóticos, fascistas o antifascistas… son solo nubes de humo ideológicas para camuflar el interés del capital global de tener una guerra destructiva entre el trabajo muerto y el trabajo vivo[1]. El internacionalismo proletario no es una consigna vacía para el final de un folleto y para «pese a todo» dar una vaga esperanza.

Al día de hoy, el derrotismo revolucionario está en acción, primero en Rusia, que ha visto numerosas manifestaciones directamente contra la guerra ferozmente reprimida, pero sobre todo por la ausencia casi total de carteles a favor de Putin y su política bélica y expansionista. En cambio en Ucrania, donde tras la tensión nacionalista de los primeros días, las realidades de la guerra, la obligación de alistarse al ejercito (para hombres de 18 a 60 años), la discriminación y el racismo en el exilio, la aparición de milicias «incontrolables» (batallón Azov), la destrucción, la degradación absoluta de las condiciones de supervivencia… empujan cada vez más a luchar contra los belicistas, y esto incluso en «el propio campo«.

Por supuesto, el nacionalismo simétrico que paradójicamente une a los dos campos todavía tiene un futuro brillante por delante, pero es la realidad económica más que toda la retórica la que podría finalmente dar lugar a la necesaria guerra tras guerra, volviéndose contra esos quien en «su» campo se aprovecha de ello (tráficos varios, extorsión de refugiados, saqueos, etc.). También en Rusia, la caída del rublo, la inflación galopante, la represión orwelliana (la palabra guerra está prohibida y debe ser reemplazada por «operación especial«), corren el riesgo de socavar las tendencias combativas y el viejo nacionalismo «gran-ruso«.

El estado ruso debe incluso lanzar una gran ola de espectáculos Z (que simbolizan el avance hacia el oeste y la ofensiva bélica rusa) para movilizar a «su población» en defensa de una guerra a la que cada vez le cuesta más adherirse. Ya los mercenarios de «Wagner» en homenaje al compositor favorito de Adolf Hitler estaban en movimiento pero, dadas las dificultades; Ante el fracaso de la «blitzkrieg» y el estancamiento del conflicto, la clase dominante rusa debe llamar a la legión islamista chechena de Ramzan Kadyrov y a los sirios pro-Assad, «especialistas» en guerra urbana. El punto de bascular militarmente, será cuando la burguesía rusa tenga que llamar al contingente para continuar con su esfuerzo bélico, que se encuentra en dificultades. Además del aspecto estrictamente militar, esta orientación apunta abiertamente a luchar contra el sabotaje la deserción y sobre todo, contra la confraternización en el frente, obstaculizando así la influencia ambigua de la religión ortodoxa mayoritaria en ambos lados, pero sin embargo dependiente de Moscú. Esta guerra llega en el momento adecuado para continuar el proceso de desvalorización directa (destrucción y mortalidad) e indirecta (inflación, devaluación, represalia y contra represalia) que ya ha comenzado gracias a la pandemia pero con una fallida recuperación económica.

La guerra y sus consecuencias, tras el desastre sanitario, son las justificaciones ideales para hacer pagar a las clases subalternas el abismal endeudamiento de los Estados paralizados por el miedo a la enfermedad (o de las vacunas) y al fuego belicista. En ambos casos, es esencialmente a costa de la muerte de proletarios y miembros de las clases bajas empobrecidas que el capital se rejuvenece y anticipa una reconstrucción rentable, reconectando así con una nueva valoración más ostentosa.

Siempre es gracias a las ruinas y los desastres que el capitalismo, en todas partes del mundo, obtiene la mayor ganancia. Por eso se trata de una guerra contra el proletariado.

Matériaux Critiques : 18/03/2022.

 NOTAS

[1] Trabajo muerto: cantidad fija de trabajo acumulado (cf. máquinas); trabajo vivo: significa que aumenta el valor del trabajo acumulado (cf. el trabajador).

¡No a la movilización imperialista en torno a la guerra de Ucrania!

La invasión de Ucrania por el ejército ruso y la emoción que ha despertado en la población están siendo utilizadas por los gobiernos y los medios de comunicación de los países occidentales para llevar a cabo una campaña de propaganda a gran escala; bajo el pretexto de la «solidaridad con el pueblo ucraniano» que lucha por su «libertad», se desarrolla en realidad una campaña de guerra proimperialista en apoyo del imperialismo occidental contra el imperialismo ruso.

Los medios de comunicación presentan la invasión rusa como una iniciativa iniciada por Putin en solitario (cuya cordura también se cuestiona); pero una intervención militar a gran escala, en la que intervienen nada menos que 200.000 soldados, que requiere un equipamiento adecuado y la certeza de exponerse a sanciones y sufrir efectos económicos negativos, no puede ser emprendida por un solo hombre o un puñado de dirigentes: sólo puede ser obra de poderosas fuerzas económicas, sociales y políticas de las que un tal Vladimir Putin sólo es el instrumento en un momento dado.

Este ataque militar tiene lugar en una situación en la que la crisis económica más grave del capitalismo mundial en décadas ha exacerbado inevitablemente todas las tensiones interimperialistas y todas las contradicciones internas e internacionales del orden constituido burgués. En concreto, Ucrania, zona de rivalidad entre el imperialismo occidental y el ruso, ha sido escenario desde 2014 de una guerra denominada de «baja intensidad» entre el ejército ucraniano y los separatistas del Donbass, apoyados por Rusia, una guerra que, al parecer, se ha cobrado más de 20.000 vidas y ha provocado la huida de más de un millón de personas. El ejército ucraniano cuenta con el apoyo de Estados Unidos, que, según declaraciones oficiales norteamericanas, le ha concedido más de mil millones de dólares de ayuda en el último año; esta ayuda ha aumentado desde el pasado mes de diciembre para permitirle «librar una guerra híbrida contra Rusia» (1).

Los Estados europeos y americanos se escandalizaron por el recurso del Estado ruso a la guerra, «política de otra época»; pero desde el final de la última guerra mundial estos mismos Estados no han dejado de hacer guerras o de participar en ellas en los cuatro rincones del mundo: la «paz» que siguió a 1945 estuvo marcada por una interminable serie de conflictos mortales. Sin embargo, es cierto que estos conflictos tuvieron lugar lejos de las metrópolis imperialistas «democráticas» y «pacíficas», que sin embargo fueron a menudo las instigadoras y beneficiarias, y sus víctimas pudieron ser fácilmente devueltas en las fronteras europeas como migrantes sospechosos…

En realidad, si Rusia es el invasor, todo el sistema capitalista mundial es el responsable del estallido de los conflictos militares debido a los conflictos de intereses cada vez más agudos que suscita y no un «belicoso» particular al que simplemente habría que hacer entrar en razón o sacar de su miseria. Hay que luchar contra el capitalismo.

Las campañas de apoyo al pueblo ucraniano sirven para justificar no sólo las sanciones económicas contra Rusia, sino también las medidas militares; así, tras las manifestaciones pacifistas a gran escala en Alemania, el gobierno alemán anunció un aumento histórico de su presupuesto militar y la Unión Europea, donde su voz es predominante, decidió, por primera vez en su existencia, suministrar armas a una nación beligerante, seguida de cerca por Italia. Si esta última decisión es en parte simbólica, los distintos Estados europeos (incluidos los tradicionalmente neutrales, como Finlandia) han anunciado el suministro de armas. Por supuesto, Estados Unidos no es distinto: se ha establecido un verdadero «puente aéreo» con recursos de la OTAN para que Polonia suministre armas al ejército ucraniano, mientras que se han enviado soldados de la OTAN a países cercanos al conflicto, por ejemplo, Rumanía.

En cuanto a las sanciones económicas, de una importancia «sin precedentes», se inscriben en una lógica de guerra económica (2), aunque hayan evitado cuidadosamente todo lo que pudiera poner en peligro el suministro de gas y otras materias primas rusas (como el petróleo) a los Estados europeos. Estas sanciones, cuyo objetivo es «asfixiar la economía rusa», podrían provocar, con el coste de la guerra, una caída del 7-8% del PIB del país en 2022, o incluso más (3).

Este verdadero colapso económico tendrá inevitablemente graves repercusiones sobre la población y, sobre todo, sobre el proletariado, que es siempre la primera víctima de las crisis y las guerras.

En lo que respecta a otros países y a la economía mundial, la conmoción de la guerra en Ucrania amenaza con hacer descarrilar la recuperación económica: la repentina subida de los precios del gas, del petróleo y de otras materias primas (incluido el trigo) es un nuevo golpe para una economía internacional que ya era muy inestable; mientras tanto, se multiplican los llamamientos al proletariado para que acepte los sacrificios «inevitables»: ¡desde este punto de vista, la guerra en Ucrania es una guerra contra el proletariado de todo el mundo!

Los proletarios no deben dejarse atrapar en la trampa de una supuesta «solidaridad humanitaria» que sólo sirve a los fines imperialistas; no deben ponerse del lado de uno u otro bando en conflicto, que son todos sus enemigos. Deben

reservar su solidaridad para los proletarios de todas las nacionalidades, explotados, oprimidos, reclutados y bombardeados por las burguesías y sus estados en conflicto.

La guerra en Ucrania es una advertencia de lo que el capitalismo tiene reservado para los proletarios de los países que aún están en paz. Para luchar contra la guerra en curso o en preparación, no deben confiar en la hipócrita «buena voluntad» de los gobernantes cuyas sanciones son ya actos de guerra, ni seguir el camino ilusorio del pacifismo burgués; deben volver a los principios clásicos del derrotismo revolucionario y del internacionalismo proletario:

¡No a la defensa de las patrias y los estados burgueses! No a la unidad nacional y al nacionalismo.

¡Unión de los proletarios a través de las fronteras y los frentes de guerra!

¡Reanudación de la lucha de clases independiente contra el capitalismo en todos los países!

¡Reconstitución del partido revolucionario comunista e internacionalista para dirigir la lucha proletaria hacia la revolución mundial!

Proletarios de todos los países, ¡uníos!

Partido Comunista Internacional

8/3/2022

NOTAS

 (1) Cf. Washington Post, 4/3/2022

(2) El Ministro de Economía francés, Lemaire, la ha definido como «guerra económica y financiera total», palabras que expresan, sin embargo, el talante beligerante de los dirigentes políticos franceses, como por otra parte, de los italianos.

(3) El banco estadounidense JP Morgan prevé incluso una caída del 20% (en términos anuales) en el segundo trimestre de este año.

¿Stop al gas ruso?

Anselm Jappe, marzo 2022

Traducción semi-automática

Los primeros análisis de la guerra en Ucrania propuestos en el marco de la crítica del valor la sitúan en el contexto del colapso general de la sociedad mercantil mundial. Sin duda tienen razón, pero corren el riesgo de ser demasiado generales y, sobre todo, no indican ninguna acción práctica que deba exigirse en el futuro inmediato. Indican la necesidad de un movimiento transnacional emancipador que rechace a todos los beligerantes y sus ideologías. Es difícil estar en desacuerdo, pero difícilmente surgirá a tiempo para pesar en los acontecimientos actuales. Desde ese punto de vista, lo mejor sería apoyar (¿pero cómo?) a los rusos y rusas verdaderamente heroicos que están protestando por miles, a pesar de los riesgos, en las plazas e incluso irrumpiendo en los estudios de televisión.

También sería útil a veces recordar palabras como «Machnovščina» u «Holodomor», que no se encuentran ni una sola vez en la información general desde el comienzo de la guerra, aunque pueden ayudar a entender que los ucranianos no son necesariamente todos fascistas en su alma, como afirman algunos prorrusos, y sobre todo por qué los ucranianos desconfían un poco de sus «primos» rusos.

Algunos colaboradores sienten la necesidad de condenar las actitudes pro-Putin pronunciadas en nombre del «antiimperialismo». Esto me parece evidente, y observo con asombro que, aparentemente, estos delirios ideológicos siguen existiendo de forma no del todo residual.

¿Imponer una zona de exclusión aérea, suministrar armas a los ucranianos, intervenir directamente en el campo de batalla? A veces uno tiene ganas, sólo para evitar que Ucrania acabe como Chechenia y Alepo. Pero pedirlo o aprobarlo significaría también, para los críticos sociales, admitir que no hay más remedio para las locuras de un Estado que otro Estado, y que a la guerra sólo se puede responder con la guerra. Esto puede ser cierto a veces, y a partir de 1938 ya no es sostenible un pacifismo de principios e incondicional. Pero seguimos buscando un tertium datur entre “Munich” y “belicista”.

Podría ser la exigencia de un cese inmediato, completo y definitivo de la compra de gas y petróleo rusos, pero también de todos los demás materiales, y en general de toda relación comercial, de toda exportación e importación con Rusia. Dinamitar los oleoductos construidos en el Oeste (North Stream) para demostrar que no habrá vuelta atrás. Una sanción de este tipo -quizá la única no prevista por Putin- podría obligarle realmente a llegar a un acuerdo rápidamente.

Por supuesto, podría costar caro a las economías occidentales, a las «empresas», a los «consumidores», a los «empleos» y al «poder adquisitivo». Los occidentales prefieren entonces poner las armas en manos de otros para que vayan a morir: «armémonos y vayamos». Más que ponerse un jersey más a menudo en casa o preferir el tren al coche.

Pero precisamente por ello, los espíritus críticos deberían centrar sus propuestas en la detención del gas. Porque además de ser quizás la única «arma» eficaz para silenciar las armas, también daría un fuerte acelerón al tan necesario «decrecimiento» y desindustrialización. Los poderes económicos y políticos quisieran darse unas décadas para organizar su «transición energética» del petróleo a las energías «renovables» (¡incluida la nuclear!) para que nada cambie. Por otra parte, un cese inmediato del petróleo ruso, incluso en ausencia de alternativas, podría socavar gravemente el conjunto del capitalismo industrial en Europa e impulsar formas de «simplicidad voluntaria».

Por supuesto, esta elección, para no golpear unilateralmente a los que ya son pobres, debería ir acompañada de medidas drásticas de redistribución: altos impuestos a las grandes empresas, a los ricos, a los altos salarios. Esto no sería todavía una salida de la sociedad de la mercancía, pero ya sería un gran avance.

Basta con ver el enfado que ha despertado la propuesta de la parada del gas entre los políticos de izquierda (Melenchon), de centro y de derecha (¡Marine Le Pen diciendo que afectaría al poder adquisitivo de los franceses! Incluso la derecha ya no quiere ir a la guerra si eso significa rendirse), ver que empresas como Total lo rechazan, que el ministro de economía alemán se niega, como siempre, a limitar la velocidad en las autopistas… entender que este camino merece la pena. Combinaría la lucha pacifista, ecológica y social. No digo que sea fácil de imponer, pero podría encontrar cierto consenso. En el mejor de los casos, estas medidas de «sobriedad energética» pondrán en marcha, incluso después del fin de la guerra, un círculo virtuoso de salida del capitalismo industrial.

* * * * *

UNA RESPUESTA:

Claudio Albertani, 15/03/2022

Tomado de su perfil de Facebook

Traducción semi-automática

Mi respuesta a Anselm Jappe

Estimado Anselm: He recibido tus comentarios sobre la guerra en Ucrania y me encuentro en radical desacuerdo. Empiezas con buen pie, ya que reivindicas la necesidad de un movimiento de emancipación transnacional que pueda rechazar a todos los beligerantes y sus ideologías. También puedo estar de acuerdo en que las posiciones pacifistas corren el riesgo de ser demasiado generales, pero la comparación que haces entre los (pocos) pacifistas actuales y la Conferencia de Múnich de 1938 es completamente errónea. En esa ocasión, de hecho, Chamberalin estaba dispuesto a ponerse de acuerdo con Hitler, no en nombre del pacifismo, sino porque, como no veía la diferencia entre, por ejemplo, los anarquistas españoles y Stalin, lo que realmente le importaba era alejar el fantasma de la revolución.

Pero esa no es la cuestión. Es tu propuesta (¿concreta?) la que me desconcierta. No creo que boicotear el gas ruso sirva de nada. No nos ayuda a los europeos, ni a los compañeros rusos que protestan por miles, ni siquiera a los (muy pocos, para ser sinceros) de todo el mundo que luchan por la vida contra la muerte.

Por cierto, me parece que las sanciones y los boicots contra Rusia ya están siendo promovidos por gente como Draghi, Macron, Schulze y otros, que, estarán de acuerdo, ciertamente no necesitan nuestra ayuda.

Entonces, ¿qué nos toca a los europeos (o más bien a ti, ya que estoy en México)? Me parece que nuestra tarea es, en primer lugar, exigir un alto el fuego y, en segundo lugar, exigir que nuestros países abandonen la OTAN. La OTAN es una organización criminal frente a la cual Putin y su gente son aficionados.

Por eso me parece ejemplar la actitud de los compañeros de la Unione Sindacale di Base, que, tras descubrir que un cargamento de municiones y explosivos, disfrazado de ayuda humanitaria, salía del aeropuerto de Pisa con destino a Ucrania, se negaron a cargarlo. «Estos aviones, explica su comunicado, aterrizan primero en las bases de EE.UU. y la OTAN en Polonia, luego los cargamentos son enviados a Ucrania, donde finalmente son bombardeados por el ejército ruso, lo que provoca la muerte de otros trabajadores empleados en las bases involucradas en los ataques.”

En otras palabras, la mejor manera de apoyar a los ciudadanos ucranianos que sufren la guerra y a los disidentes rusos que luchan contra ella (como la valiente periodista que exhibió una pancarta contra la guerra en la televisión) es que todo el mundo intente hacer la vida difícil a los gobernantes en casa. Lo que hay que hacer es conectar las diferentes manifestaciones de disidencia que aún existen en el viejo mundo.

Pero hay más. En primer lugar, a Putin le importa un bledo que Europa corte el suministro de gas ruso, ya que puede venderlo a China y a otros países. Además, los primeros y únicos en sufrir la falta de gas serán los propios europeos. ¿O acaso cree que los ciudadanos de la UE se solidarizarán con Ucrania? ¿O que el próximo invierno se calentarán prendiendo fuego a los muebles? Me parece más creíble suponer que comprarán gas y petróleo mucho más caro a los estadounidenses, que estarán encantados.

Y, por último, aunque los libertarios no estamos ciertamente por la labor de dar consejos a los gobernantes, deberíamos entender que al ponerse entusiastamente del lado de la OTAN y de Estados Unidos, la UE ha perdido una oportunidad de oro para hacer algo útil por una vez: intentar detener esta guerra demencial mediando entre los dos imperios. Pero no lo ha hecho. Prefirió defender nuestra moribunda civilización financiera, junto a los distintos Draghi y Von der Leyen del momento. Así, a la tragedia vivida por los ucranianos, se sumará pronto otra, quizá más grave: la de Europa devorándose a sí misma. Pocos se dan cuenta ahora, obnubilados como están por la fobia a los rusos.

Fraternalmente

KRAS-AIT ACERCA DE LA GUERRA EN UCRANIA

NI ESTADOS, NI FRONTERAS, NI RAZAS!

Entrevista realizada por Grupo Moiras

Ante la velocidad con que avanzan los acontecimientos de la guerra en Ucrania y lo fragmentario, confuso y sesgado de las informaciones que nos llegan por los diferentes medios informativos, el grupo Moiras decidió enviar esta semana unas preguntas a la sección rusa de la AIT, con el fin de obtener una perspectiva libertaria acerca del conflicto que nos ayude a posicionarnos y a tomar decisiones en base a un conocimiento ampliado.  En el texto que viene a continuación se recogen estas preguntas junto a las respuestas enviadas por KRAS, a quienes desde aquí agradecemos su rápida y clarificadora contestación. Sigue leyendo

¡Contra la guerra capitalista!

Caricatura de 1919

Boletín La Oveja Negra
Marzo de 2022, Argentina

Ninguna guerra es fácil de comprender, ninguna situación “geopolítica” es simple de captar. Y, menos aún, cuando se supone que en el mundo no hay clases sociales: sólo quedan países, líderes e ideologías políticas. Así hay quienes apoyan y justifican las masacres y el horror de la guerra. Son quienes olvidan o quieren hacer olvidar que las guerras se hacen por dinero. Tal como señalan compañeros en Rusia en estos momentos, detrás de la guerra sólo están los intereses de quienes detentan el poder político, económico y militar: «Para nosotros, trabajadores, jubilados, estudiantes, sólo trae sufrimiento, sangre y muerte. El asedio de ciudades pacíficas, los bombardeos, la matanza de personas no tienen justificación.»

La guerra explicita el horror de una sociedad basada en la acumulación y la ganancia. Es la paz capitalista por otros medios. La que acontece en Ucrania se suma a las guerras e invasiones que lamentablemente ya no reportan novedad alguna (Palestina, Yemen, Siria) y a los millones de muertos por el hambre, la miseria, el trabajo, las enfermedades prevenibles o el suicidio.

En las zonas en conflicto se agregan las muertes y penurias por los bombardeos, la falta de agua, comida, medicamentos, abrigo y energía. Así como también ocurre en los campos de refugiados, en las cárceles, en el frente. Reclutan a proletarios de distintos países para masacrarse por los intereses de sus explotadores y gobernantes, ¡por los intereses de la burguesía! Encarcelan a quienes en Rusia se oponen a la guerra y lo manifiestan pública y colectivamente. Militarizan y aumentan la intensidad del trabajo mientras agudizan los ajustes. ¡Eso es una guerra! ¡Estas son las guerras contra el proletariado!

La guerra es la esfera de lo destructivo controlado, del desastre premeditado, de la gestión y administración de la muerte y la miseria. Esta competencia es inherente al Capital. Proletarios luchan, mueren y sufren el estado de guerra en nombre de uno u otro bloque, cuando los proletarios no tenemos patria ni nación que defender. Como señalaba Marx: «El obrero no es ni francés, ni inglés, ni alemán, pues su nacionalidad es el trabajo, la esclavitud libre, la venta de sí mismo y del propio trabajo. No está gobernado por Francia, Inglaterra ni Alemania, sino por el capital. El aire de su tierra no es ni francés, ni inglés, ni alemán, sino el aire de la fábrica. La tierra que le pertenece no es ni francesa, ni inglesa, ni alemana, sino aquella que se encuentra a unos pocos metros bajo tierra. Al interior de un país, el dinero es la patria del industrial.»

Pese a todo hay a quienes, empecinados en pertenecer o identificarse con algún bando capitalista, es decir asesino, justifican una u otra guerra, uno u otro ataque, uno u otro Estado. Con argumentos rancios, sean estos estalinistas o liberales, fascistas o antifascistas, incluso antiimperialistas, todos se concentran en apuntalar la explotación y la opresión: el capitalismo.

Claro que existen diferencias, que sean todos una mierda no significa que sean la misma mierda: Zelenski, Biden, Putin, la OTAN, los neonazis ucranianos, los neonazis rusos. Los dirigentes de Estados, sus conflictos y alianzas, sus paces y guerras, sus desarrollos y destrucciones, sus ciencias y religiones, sus ayudas humanitarias y controles de seguridad ¡todos sirven a un solo interés!: el mantener el dominio de la paz social, que no es más que la paz de los cementerios.

No existe, ni existió, ni existirán “buenos” o “malos” dirigentes burgueses, “buenos” o “malos” partidos burgueses; ni tampoco tiene sentido hablar de “buenas” o “malas” naciones o Estados. Ayer, hoy y mañana, el interés de la clase burguesa se encuentra y se encontrará siempre en guerra contra el proletariado. El trabajo, la explotación, la miseria y la guerra son las formas concretas de ese interés.

En la guerra y en la paz nos ajustan “por los intereses del país”. Pero como decimos desde hace décadas y décadas en todos los continentes: el enemigo también se encuentra “en nuestro propio país”, es “nuestra” burguesía.

La fuerza revolucionaria del proletariado depende de su capacidad para luchar contra las diferentes fracciones burguesas, contra las diferentes formas de dominación que el Capital despliega. Es en este sentido que frente a toda guerra burguesa los revolucionarios se solidarizan con sus pares de las otras regiones y, así como lo han hecho en el pasado, hoy levantan y levantarán siempre una consigna internacionalista y revolucionaria contra la guerra. Puede que estas consignas no tengan actualmente la fuerza necesaria para ser una práctica masiva del proletariado, pero no por ello dejan de ser una dirección y perspectiva.

En la pacífica y mortuoria Argentina los gobiernos nos ajustan por el bien del país, los falsos críticos nos dicen que el problema no es la burguesía local sino el FMI. Nos hablan de “pueblo” como si en esta tierra solo hubiese intereses nacionales y no de clase. Así, nos quieren amansar en la paz y nos preparan para condiciones aún peores, o incluso para la guerra. En Ucrania se ha decretado ley marcial para reprimir todo tipo de acciones consideradas antipatrióticas, desatando a su vez una violenta campaña contra las personas que roban en tiendas o participan en saqueos. En el resto del mundo, el empeoramiento de las condiciones de vida a causa de la guerra ya ha comenzado. Tanto en los países directamente implicados, en sus vecinos de Europa, como en el resto del mundo, quien pagará los costos será el proletariado. Cuando la “guerra” al virus parecía terminar, otra ha comenzado. Una nueva justificación para ajustarnos los cinturones. En Argentina, durante la primera semana de marzo la harina aumentó el 52% en cuatro días. Desde el comienzo del conflicto se dispararon los precios de la materia prima base de la deficiente alimentación de esta región. Y aún hay quienes piensan que deciden el rumbo del país porque votan cada algunos años.