Manifiesto internacionalista contra la guerra y la paz capitalista en Ucrania

No a la guerra pero sí a la guerra de clases! Abajo cualquier guerra excepto la de clases!.

“¡Sus guerras! Nuestros muertos”. Bajo esta bandera, los proletarios radicales se distanciaron de las marchas pacifistas organizadas en marzo de 2004 en las calles de España tras los atentados de la masacre de Madrid que dejaron más de 200 muertos. Fue esta consigna derrotista la que plantearon en respuesta al compromiso militar de España en Irak y a la “guerra contra el terrorismo” impuesta por el Estado capitalista mundial y su rama española, haciéndose así eco de las muchas manifestaciones históricas del derrotismo revolucionario que marcan el desarrollo de las sociedades de clase y, por tanto, de la lucha de clases, de la guerra de clases.

Como proletarios social-revolucionarios, comunistas, anarquistas…, no tenemos absolutamente ningún interés material en ponernos del lado del Estado capitalista y su democracia, sea cual sea, de nuestros enemigos de clase, de nuestros explotadores, de aquellos que, con la bayoneta en la mano, siempre nos han devuelto “plomo, metralla, cárcel” cuando luchamos y salimos a la calle a reivindicar nuestra humanidad. Y esto es cierto independientemente de la naturaleza y la orientación política del régimen de la patria A o de la patria B, que luchan en un conflicto interestatal por sus propios intereses de conquista y poder. Jamás nos solidarizaremos con ninguno de nuestros explotadores.

¡Sus intereses! ¡Nuestros muertos! No nos posicionamos a favor de ninguno de los estados en conflicto, ya sea que uno sea categorizado según la moral política burguesa dominante como “el agresor” y el otro como “el agredido” o viceversa. Sus respectivos intereses en juego son exclusivamente suyos y están en total oposición a los de la clase explotada, es decir, nosotros, los proletarios; por eso, fuera y en contra de todo nacionalismo, de todo patriotismo, de todo regionalismo, de todo localismo, de todo particularismo, ¡afirmamos alto y claro nuestro internacionalismo! Sigue leyendo

[Publicación] Ya no hay vuelta atrás Nº 6: Crisis y reestructuración capitalista en la región chilena

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Transcurrido ya casi medio año desde el cambio de mando, son pocas las cosas que pueden sorprendernos acerca de la gestión del gobierno de Boric, que no difiere de la más clásica contrarrevolución, salvo quizás el poco tiempo que le tomó develarse como tal (aunque ya vamos acostumbrándonos al ritmo vertiginoso de estas constataciones). Lo que se esbozaba en época de campaña es ya hoy ideología de Estado, y es la seguridad interior, la salvaguarda del estado de derecho (que nunca ha sido otra cosa que el control represivo y aislamiento de la disidencia), la tarea que vertebra las políticas del bloque gobernante, en función siempre de las necesidades del capital.

Entregada la propuesta de nueva constitución tras un publicitado y televisado evento, con un costo de la vida bordeando lo insoportable, y la misma nula representatividad política real pre-revuelta, el actual gobierno de los tres ex-rostros de la burocracia estudiantil desmovilizadora del 2011 se parapeta y pretende encarar con espíritu juvenil estos momentos críticos, a la espera de un plebiscito poco alentador y jugándose, más que cualquier otra cosa, su imagen, intentando dar muestras de capacidad de poner mano dura y orden tanto en lo público como dentro de su propia tienda política.

En un contexto de crisis del capital generalizada, Boric, a quien le cuesta mucho disimular su ego, quiere imprimir su propio estilo para salvaguardar la situación, pero la realidad es peor que la ficción y esta vez su oportunismo político, que lo llevó en pocos años a la presidencia del país, muy posiblemente no sea suficiente. En las siguientes líneas problematizamos sobre las principales “grietas” que aparecen en el escenario actual, que determinan las políticas del gobierno mismo, y que —y esto es lo que más nos importa— precipitan las condiciones para nuevas formas de enfrentamiento social, proceso que o bien se inscribe en la marcha destructiva del actual modo de producción capitalista, o profundiza las rupturas con ésta y comienza a afirmar una nueva forma de comunidad humana.