Chalecos amarillos/Gilets jaunes

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“¿Es una revuelta?”

“¡No, Sire, es una revolución!”

(duque de La Rochefoucauld-Liancourt a Luis XVI, rey de Francia, 15 de julio de 1789, después de la toma de la Bastilla)

Recientemente publicamos en nuestro blog, ya que tuvimos acceso a ellos y otros nos llegaron, algunos documentos producidos por y alrededor del movimiento “chalecos amarillos” que sacude a Francia desde hace varias semanas. Lo que sigue es una especie de introducción a todos ellos (una introducción que normalmente publicamos antes, ciertamente).

No volveremos a la historia del movimiento, a acontecimientos o expresiones particulares, ya que podemos referir a los lectores interesados en esto a diferentes sitios web y blogs que asumen muy bien esta tarea.

Lo que nos gustaría tratar aquí es la forma en que nos aproximamos a este movimiento, cómo lo analizamos, cómo evaluamos su importancia en el marco de la lucha de clases. Y no queremos ocultar que varios artículos que escupen sobre este movimiento, producidos y reproducidos por demasiados grupos de ultra-izquierda, fueron una inspiración (negativa) para esta contribución, lo que podemos llamar: “Qué NO hacer”.

Aunque somos conscientes de muchas debilidades expresadas por el movimiento y somos los primeros en criticarlas, difícilmente podemos estar de acuerdo con la metodología utilizada por esos grupos, metodología que limita el movimiento sólo a esas debilidades, que generaliza esos puntos débiles e ilusiones expresadas sólo por una parte de los “chalecos amarillos” como si fuera la naturaleza del movimiento, un análisis que capta a la clase como algo estático, sociológico, mecánico…

No vamos a repasar todos los argumentos de la ultra-izquierda contra los “chalecos amarillos”, pero al menos tenemos que mencionar los más absurdos para responder a ellos, para situar este movimiento en el lugar correcto en la lucha de clases, para ponerlo de nuevo a caminar de pies y que no ande de cabeza…

Dos concepciones de la clase: el proletariado como entidad sociológica versus el proletariado como fuerza en lucha

Muchos de los que desprecian el movimiento de los “chalecos amarillos” pretenden que es un movimiento interclasista, una mezcla de burguesía y proletariado, una multitud de intereses y programas históricamente opuestos. Este punto de vista se basa en una definición sociológica de la clase obrera: proletario = obrero, o incluso obrero de fábrica, si es posible.

Para nosotros el proletariado no es un grupo estático de individuos definidos por su salario, sino una entidad que se estructura en la lucha y a través de la lucha, una fuerza que existe sólo como potencial en tiempos de paz social y que se convierte en una fuerza real sólo mientras lucha, empapada de su programa histórico, el cual expresa parcialmente en cada choque contra el capital.

Por supuesto que definimos al proletariado como la clase explotada, pero no nos dejamos engañar por las nuevas formas de estatus social que el capital inventa para ser más flexible, más rentable. Todos esos pequeños comerciantes, freelancers y obreros de cuello blanco que tanto molestan a los ultraizquierdistas comparten exactamente las mismas condiciones de vida (a veces incluso peores), los mismos problemas, la misma miseria que los “proletarios puros”.

De hecho, es una estrategia muy exitosa del capital y su democracia disimular diferentes categorías de proletariado bajo la máscara de diferentes estratos de la sociedad para impedir que la clase se reconozca a sí misma, que se una. Y presentar a otros, formalmente trabajadores asalariados, como si fueran proletarios, aunque objetivamente se queden al otro lado de la barricada.

El desarrollo mismo de la democracia se encarga de esconder la magnitud actual de la simplificación/exacerbación de las contradicciones del capitalismo desdibujando permanentemente las fronteras de clase, lo que se ve afirmado a su vez por formas ideológicas específicas que desarrollan la confusión más completa, en especial en base a un conjunto de estatutos formales o jurídicos complejos que dividirían a la sociedad -no en dos clases antagónicas- sino en un número indeterminado de categorías más o menos vagas y elásticas.

Así, por ejemplo, en un polo de la sociedad, un conjunto de formas jurídicas pseudo-salariales tienden a camuflar la naturaleza burguesa de estructuras enteras del Estado. Es el caso, por ejemplo, de los oficiales del ejército o de la policía, de los altos cuadros empresariales o de la administración o de burócratas de todo tipo, que bajo aquella cobertura, son clasificados como categorías neutras, sin pertenencia de clase o peor todavía asimilados a “capas obreras”.

En el otro extremo de la sociedad se produce otro tanto, por ejemplo un conjunto de formas jurídicas de pseudo-propietarios: “campesinado”, cooperativas, reformas agrarias, artesanos… camuflan objetivamente la existencia de inmensas masas de proletarios asociados por el capital para producir plusvalor (asalariado disfrazado). Estos y otros mecanismos ideológicos tienden a presentarnos como opuestos y con diferentes intereses a diversos sectores del proletariado: urbanos/agrícolas, activos/desocupados, hombres/mujeres, obreros/empleados, trabajadores manuales/trabajadores intelectuales… [GCI: Tesis de orientación programática, tesis 14]

Finalmente, la prueba definitiva de la posición social de aquellos, que algunos izquierdistas se niegan a llamar proletarios (la lista varía según el grupo, pero podemos encontrar este enfoque aplicado a los trabajadores independientes, pequeños propietarios, desempleados, pensionistas, etc.) es el hecho de que la presencia de estos estratos sociales en el movimiento no cambia nada en el programa del movimiento. Estos grupos de proletarios “impuros” no imponen ningún programa de la pequeña burguesía (como algunos quieren persuadirnos); por el contrario, se unen y desarrollan la crítica proletaria, el programa proletario.

En lugar de esos pseudo-análisis sociológicos que mantienen ocupados a los izquierdistas, el movimiento más bien se articula al definirse como un antagonista de la clase burguesa, de la sociedad burguesa:

Nosotros, los trabajadores, los desempleados, los pensionistas, vivimos de los salarios (incluido el volumen de negocios de los empresarios autónomos) y de las ayudas del Estado. Este salario y estas ayudas las obtenemos vendiendo nuestra mano de obra a un patrón. Y así es como consigue ganar dinero, así es como funciona la economía, a nuestras expensas. Podemos entender los llamados a la unidad dentro de los chalecos amarillos. Pero cuando esta unidad significa caminar con los que nos explotan a diario y con sus representantes políticos, ya no es unidad, es domesticación. En realidad, nuestros intereses son irreconciliables y esto también se expresa a nivel de las demandas. [Amarillo. El periódico para ganar]

Otro argumento común que utilizan algunos izquierdistas es que los “chalecos amarillos” no son un movimiento proletario, porque representan una minoría, porque la mayoría de la clase no participa en él. Pero esta lógica está completamente al revés. Difícilmente podemos reprochar a los que luchan que los demás no lo hagan. Sí, el movimiento tiene que extenderse y generalizarse, sí, el resto de la clase tiene que parar para verlo en la televisión o discutirlo en Facebook y unirse a él en la práctica. Y los “chalecos amarillos” son muy conscientes de ello, ya que podemos leer nuevos llamamientos al resto de la clase para que se unan a ellos.

Sin embargo, no es la cantidad lo que determina si el movimiento es proletario o no. El movimiento, en efecto, desde el principio creció en número, pero sobre todo en contenido. Los “chalecos amarillos” han aumentado gracias a la afluencia de trabajadores y desempleados que se han unido, inicialmente fueron un movimiento contra los impuestos y se han transformado en un movimiento contra las condiciones de vida, convirtiéndose en un maremoto que sacude a toda la sociedad, al menos en Francia.

Todo lo que se ha vivido y se sigue viviendo en las rotondas, los piquetes o los disturbios ha permitido a todo un pueblo de rencontrar su capacidad política, es decir, su capacidad de actuar que ni siquiera un RIC podrá contener. [Los chalecos amarillos: ¿final del primer round?]

Y es este contenido (que como tendencia forma parte del proceso de negación práctica y teórica del Estado burgués, la economía, la ideología…) que lo define como un movimiento proletario más allá de la conciencia de sus protagonistas, más allá de las banderas que agitan.

Todo el secreto de la perpetuación de la dominación burguesa puede resumirse a la dificultad del proletariado para reconocerse a sí mismo, para reconocer en la lucha de sus hermanos de clase en cualquier parte del mundo y sea cual sea las categorías en las que la burguesía los divide, su propia lucha, condición indispensable de su constitución en fuerza histórica. [GCI: Tesis de orientación programática, tesis 14]

No es casualidad si los que tienen problemas para ver al proletariado en los “chalecos amarillos” son finalmente los mismos que tienen dificultades para ver a nuestra clase en las revueltas de los jóvenes en los suburbios o en los levantamientos fuera de Europa. Como uno de los textos que publicamos y dice:

La mayoría de los compañeros hostiles al movimiento de los chalecos amarillos lo son porque prefieren no hacer distinciones entre lo que se dice (el discurso de legitimidad, que ha sido muy mediatizado) y lo que se hace (los bloqueos y los tipos de acción que anuncian). [¿Chalecos amarillos o no? ¡Necesitamos combustible para quemarlo todo!]

Ellos limitan el movimiento hacia sus debilidades e ideologías, sin ver el proceso de su superación.

La historia de las luchas de nuestra clase nos muestra que muchos movimientos proletarios similares, especialmente cuando se originan fuera del lugar de trabajo y por lo tanto no se enfrentan directamente a la producción de mercancías, tienden a empezar con reivindicaciones y demandas relacionadas con nuestros intereses de clase de una manera confusa. En la medida en que su dinámica está en ascenso, en la medida en que atraen a los proletarios derrumbando las fronteras sectoriales y sociológicas que nos impone el capital, en la medida en que se intensifica la confrontación con el Estado en sus múltiples encarnaciones, la naturaleza de clase del movimiento se hace cada vez más clara.

Esto lleva a la cristalización de dos corrientes opuestas en el movimiento. La corriente proletaria ―que hasta ahora lleva la delantera en el movimiento― está impulsando rupturas cada vez más profundas con la sociedad capitalista: nada de diálogos con la clase dominante, afirmación explícita de la confrontación violenta con las fuerzas represivas, intentos de extender la lucha a los lugares de trabajo, intentos de internacionalización de la lucha, etc. La otra corriente, la socialdemócrata, trata de apaciguar la lucha y traerla de vuelta bajo el paraguas democrático de la ciudadanía ―en este caso representada por todas esas “estrellas mediáticas” de las filas de los “chalecos amarillos”, todos esos pequeños “líderes” que tratan de transformar el movimiento en un partido político o un sindicato, o de conectarlo con los ya existentes, todas esos llamados al referéndum y a las revelaciones patrióticas―.

Queremos subrayar que la constitución del proletariado como clase es un proceso, un proceso de lucha, un proceso en el que nuestra clase aclara su posición como clase con un único interés, un proceso de ruptura con la ideología burguesa y sus fuerzas materiales:

Este coloso ya no sabe su nombre, ya no recuerda su gloriosa historia, y ya no conoce el mundo donde está abriendo sus ojos. Sin embargo, a medida que se reactiva, descubre la magnitud de su propio poder. Las palabras le susurran falsos amigos, carceleros de sus sueños. Las repite: ¡“francés”, “gente” y “ciudadano”! Pero al pronunciarlas, las imágenes que regresan confusamente de las profundidades de su memoria siembran una duda en su mente. Estas palabras se han utilizado en las alcantarillas de la miseria, en las barricadas, en los campos de batalla, durante las huelgas, en las cárceles. Porque están en el lenguaje de un adversario formidable, el enemigo de la humanidad que, desde hace dos siglos, maneja con maestría el miedo, la fuerza y la propaganda. ¡Este parásito mortal, este vampiro social, es el capitalismo!

No somos la “comunidad de destino”, orgullosa de su “identidad”, llena de mitos nacionales, que no ha podido resistir la historia social. No somos franceses.

No somos esta masa de “gente humilde” dispuesta a cerrar filas con sus amos mientras estén “bien gobernados”. No somos el pueblo.

No somos este conjunto de individuos que deben su existencia sólo al reconocimiento del Estado y a su perpetuación. No somos ciudadanos.

Somos nosotros los que estamos obligados a vender nuestra mano de obra para sobrevivir, aquellos de los que la burguesía obtiene la mayor parte de sus beneficios dominándolos y explotándolos. Somos nosotros los que somos pisoteados, sacrificados y condenados por el capital, en su estrategia de supervivencia. Somos esta fuerza colectiva que abolirá todas las clases sociales. Somos el proletariado. [El llamamiento de los “chalecos amarillos” del Este de París]

“Bloqueo de la economía” contra su destrucción

Muchos reprochan al movimiento el hecho de que no haga ningún daño real a la economía, que no bloquee el flujo de capitales. Y otro argumento que le sigue lógicamente: no se desarrolla en los lugares de trabajo, por lo tanto no tiene nada en común con la forma en que los trabajadores se organizan.

Recordemos en primer lugar que el movimiento no deja de tener efectos para la economía capitalista. Los bloqueos amistosos de rotondas, toda esta gente durmiendo y congelándose en tiendas de campaña, seguramente no cambiarán nada. Pero no olvidemos que también hubo ocupaciones exitosas y bloqueos de depósitos de gasolina que (por un tiempo demasiado corto, desgraciadamente) provocaron una escasez de petróleo y por lo tanto un pánico en el mercado. No olvidemos que los “chalecos amarillos” han estado ocupando muchos puntos de peaje, dejando que la gente use las autopistas gratuitamente, también destruyeron miles de radares en las carreteras de toda Francia. Y no olvidemos ni los disturbios ni la espectacular destrucción en los centros de las ciudades y los diversos casos de saqueo que también representan un cierto nivel de ataque directo contra el capital, y por tanto reapropiación de una pequeña parte de la riqueza social producida por nuestra clase, por nosotros los proletarios, sólo un minúsculo e ínfimo momento del proceso general de expropiación de los expropiadores, de negación de la propiedad privada de los capitalistas [“Chalecos amarillos” – La lucha continúa]. Dicho de esta manera, los “chalecos amarillos” hicieron mucho más daño a la economía que cualquier huelga general sindicalista negociada y preparada junto con la patronal mucho antes.

Pero, por supuesto, todo esto no es suficiente. Si el movimiento quiere sobrevivir, fortalecerse, generalizarse y desarrollar su crítica en la práctica hasta las últimas consecuencias, tiene que ir más allá. Y, de hecho, para hacerlo, tiene que organizarse también en los lugares de trabajo. Hasta ahora, esto no ha sido fácil:

El movimiento de los chalecos amarillos termina en las puertas del lugar de trabajo, es decir, donde comienza el régimen totalitario de los empleadores. Este fenómeno es el resultado de varios factores. Recordemos a tres de ellos: 1) La atomización de la producción, que hace que un gran número de empleados trabajen en empresas (muy) pequeñas donde la cercanía con el empleador dificulta mucho la huelga. 2) La inseguridad social de una gran parte de los empleados, lo que deteriora seriamente su capacidad para hacer frente a los conflictos en el lugar de trabajo. 3) La exclusión y el desempleo, que sacan a muchos proletarios de la producción. Una gran proporción de chalecos amarillos se ven directamente afectados por al menos una de estas tres determinaciones.

El otro componente de los asalariados, el que trabaja en las grandes corporaciones y tiene mejor seguridad laboral (contratos permanentes y estatuto del trabajador), parece estar protegido por una coraza sobre la que la poderosa fuerza del movimiento se rompe como la ola en la roca. A este segmento de la población trabajadora se le reserva un trato especial, que consiste en la eficacia de la gestión empresarial y la vergonzosa colaboración sindical. La burguesía ha entendido que esta categoría de trabajadores tiene el poder de hacer huelga en el corazón mismo de la producción capitalista, a través de la huelga general indefinida. Por ello, consolida la pacificación con la entrega de piruletas en forma de “primas excepcionales de fin de año”. [El llamamiento de los “chalecos amarillos” del Este de París]

Pero la cuestión es aún más complicada. Una acción “en la fábrica” no es garantía de nada y una huelga no es sinónimo de acción revolucionaria, ya que es su contenido el que la determina. Las huelgas de tipo sindical llevadas a cabo a cambio de unas cuantas migajas “cuando la situación de la empresa lo permita”, no cambiarían nada, aunque estuvieran fuera del control de los sindicatos, fueran organizadas por los propios trabajadores o presentaran un paso hacia la misteriosa “autonomía obrera” (dentro del capitalismo) que sus partidarios quieren construir a través de una serie de reivindicaciones cada vez mayores.

La organización en los lugares de trabajo no puede oponerse a la necesidad de organizarse como clase también al exterior, en toda la sociedad. Hacerlo significa seguir la misma lógica que aplica la burguesía para dividir el movimiento en buenos obreros (en las fábricas) y malos alborotadores (en las calles). La siguiente cita sobre esto podría ser etiquetada fácilmente como una perla genuina de la burguesía, aunque provenga de un grupo que afirma representar al “comunismo”:

El centro de las ciudades es un decorado magnífico para la televisión e internet, pero es totalmente opaco y alejado de la realidad cuando se trata de golpear la cadena de la valorización del capital. Los saqueos y los ataques en el opulento centro de las ciudades son actos extraños y a veces incluso hostiles a cientos de miles de trabajadores, la mayoría de las veces pobres, que son explotados allí. Los protagonistas de estas acciones violentas actúan como guerreros contra las futuras luchas ofensivas del proletariado, contra su autonomía, contra su lucha contra la explotación y la opresión. Deben ser considerados como apoyos de las fuerzas armadas de la burguesía y aliados objetivos del orden y del Estado y del capital. [Mouvement Communiste: Primeros intentos en caliente de formación del pueblo para un Estado aún más fuerte y contra el proletariado]

¡Cuando el infame compite con el abyecto! Enfaticemos también que podríamos dar cientos de citas, hasta la náusea, de ultraizquierdistas que se autoproclaman la “vanguardia” del proletariado revolucionario, pero que no son capaces más que de (de)mostrar qué y dónde objetivamente se sitúan y qué defienden frente a un movimiento de lucha que no encaja en su pantalla de humo ideológica y retórica… No los llamamos a que capten más dialécticamente la materia social y los procesos de la guerra de clases que se están desarrollando justo frente a nuestros ojos, para nada. Simplemente decimos que sus posturas obscenas los sitúan al otro lado de la barricada social, con nuestros enemigos, y que el proletariado, al levantarse globalmente, tendrá que pasar por encima de sus cadáveres…

Pero continuemos ahora con lo dicho anteriormente: la acción en los lugares de trabajo es necesaria, no para negociar un pequeño cambio para los trabajadores de tal o cual empresa o por esta o aquella rama industrial, sino para proponer un contenido radical. Por lo tanto, no se trata de una huelga, ni siquiera de una huelga general, la cuestión no es sólo bloquear la economía, sino tomar el control de la producción y transformarla para satisfacer las necesidades del movimiento y destruir la lógica del mercado y del valor que es la causa de este movimiento.

Debemos utilizar la fuerza extraordinaria y llena de determinación que ha desarrollado este movimiento para conseguir lo que millones de explotados han querido durante tantos años, sin haberlo conseguido nunca: paralizar la producción desde dentro, decidir sobre las huelgas y su coordinación en asambleas generales, unir a todas las categorías de trabajadores, con el mismo objetivo de derrocar el sistema capitalista y reapropiarse del aparato productivo. [El llamamiento de los “chalecos amarillos” del Este de París]

Pero aún no hemos llegado a ese punto y no es seguro que el movimiento pueda llegar tan lejos.

Los “chalecos amarillos” son un movimiento contradictorio, pero no contrarrevolucionario

Anteriormente en este texto hablamos de la constitución del proletariado como clase y de un proceso de ruptura. Este proceso incluye necesariamente una serie eterna de choques entre la clase que se está afirmando, su conciencia reemergente obtenida en y a través de la lucha práctica y la falsa conciencia profundamente arraigada en la mente de cada individuo, la falsa conciencia que es la piedra angular de toda falsa comunidad de “ciudadanos”, “personas” o “naciones”. Sería una locura esperar que cualquier movimiento pueda saltarse este proceso de desarrollo de rupturas y tener una clara conciencia de clase desde el principio, y también sería una locura condenar a un movimiento porque no lo tiene en una cierta fase de su existencia. Lo importante es que existe esta dinámica de clarificación, que el programa proletario aparece cada vez más explícito en oposición a todos los intentos de recuperación política y sindical. Si el resultado de este choque está lejos de ser claro en esta etapa, es obvio que este conflicto existe, continúa y se desarrolla dentro del movimiento de los “chalecos amarillos”, como siempre aparece en todo movimiento proletario.

Podemos ver ya algunas rupturas muy importantes con las acciones de los sindicalistas tradicionales. Como resume uno de los textos que publicamos:

El movimiento se ha desarrollado fuera y, en cierta medida, también en contra de las estructuras tradicionales (partidos, sindicatos, medios…) de las que se ha dotado el capitalismo para hacer inofensiva toda crítica práctica. […] Incluso si los medios intentan encerrar a los manifestantes en el marco de la “lucha contra los impuestos”, la consigna universal es más bien la “lucha contra la pobreza en general” en toda su complejidad (bajos salarios, precios altos, perder la vida para ganársela, alienación, etc.) y por tanto, en definitiva, pone en cuestión el orden capitalista como tal. El movimiento se organiza a nivel regional y supera las divisiones habituales de los sindicalistas según las ramas de la producción. […] El movimiento, o una gran parte de él, es radical y por tanto violento, y lo asume como tal […], lo cual hace difícil el uso de las tácticas habituales de la burguesía para dividir el movimiento en los “buenos manifestantes” y los “alborotadores”. […] Nada es sagrado para el movimiento. No hay símbolos, ni leyendas, ni identidades, ni ideologías que no puedan ser quemados y destruidos. [“Chalecos amarillos”, “comuneros”, “sans-culottes”, “va-nu-pieds”, “condenados de la tierra”…]

Por supuesto, también somos muy críticos con el movimiento de los “chalecos amarillos”. No es muy difícil describir las debilidades más evidentes del movimiento. Lo que nos da esperanza es que ninguna de estas debilidades es expresada por el movimiento en su conjunto, ni siquiera por su mayoría y que cada vez que aparece una u otra versión de la ideología burguesa, se enfrenta a una crítica proveniente del propio movimiento. Cada cuestión expresada por el movimiento es objeto de contradicciones, de discusiones, de crítica y de un conflicto más o menos violento entre el rechazo y la aceptación de la ideología burguesa. Ese es el proceso que mencionamos anteriormente: la línea de ruptura con el Estado no sólo existe en los enfrentamientos callejeros, sino que se expresa también dentro del movimiento.

La cuestión del nacionalismo, tan promovida por los medios de comunicación, es un ejemplo de este proceso. Sí, en efecto, también vimos algunas banderas nacionales o regionales en manifestaciones y bloqueos. Sí, en efecto, también leímos la historia de algunos manifestantes que entregaron a la policía a algunos refugiados. Pero vimos a otros ayudando a los inmigrantes, expresando solidaridad con el proletariado en lucha en otros países, llamando a la unidad no sobre la base de la comunidad de carnets de identidad o del color de la piel, sino sobre una base de clase. Lo que es importante para nosotros como comunistas no es lo que piensa este o aquel “chaleco amarillo” individual, sino lo que el movimiento en su conjunto aporta a la lucha de clases, en la que la ruptura con el nacionalismo es una parte importante. Eso significa estar en contra de la posición nacionalista, luchar contra ella dentro del movimiento, imponer esta ruptura al movimiento. Existen muchas expresiones escritas o no escritas de esta lucha dentro de los “chalecos amarillos”:

Pero esta lista [la primera lista de 42 reivindicaciones redactada por la parte reformista del movimiento en diciembre de 2018, GdC] es también una clara expresión de una tenencia nacionalista, con cuatro medidas contra los extranjeros, lejos de nuestros problemas y mucho más lejos de su solución. Hay que ser corto para creer que los problemas en Francia vienen de fuera. Que salir de Europa nos permitiría vivir bien o que la caza de sin papeles hará subir nuestro salario. Es precisamente lo contrario lo que ocurriría. […] Los fachas sólo quieren hacerse un lugar más grande en la mesa de los explotadores haciéndose el Trump. Y no tenemos absolutamente ninguna razón para ayudarles.

En realidad, a nadie le importa esta lista de demandas. Sólo los políticos pueden esperar sacar algo de ello, y por supuesto los medios de comunicación y el gobierno, que no perderán la oportunidad de hacernos parecer matones de extrema derecha. Pero, como cuando se llama a alguien con un nombre que no es el suyo propio, no prestamos atención. [Amarillo. El periódico para ganar]

Lo mismo ocurre con las ilusiones sobre la democracia (directa o participativa), los referendos, el presidente, las elecciones, etc., la crítica aparece siempre más fuerte:

[…] otra iniciativa, apoyada por muchas organizaciones políticas que van de la extrema izquierda a la extrema derecha, iba a darnos mucha guerra: el RIC [Referéndum de Iniciativa Ciudadana] en nombre del pueblo y de la democracia. […] Es la propaganda burguesa la que nos hace creer que antes de ser proletarios, somos ciudadanos; que la vida de las ideas está antes que la de las condiciones materiales. Pero la República no llena el refrigerador. Y el RIC ha aprovechado esta ilusión. Hay que decir que, a primera vista, la propuesta era atractiva. Se nos decía que, con esto, finalmente podríamos ser escuchados directamente, que podríamos recuperar el poder sobre nuestras vidas. Nosotros decidiríamos todo. ¡E además sin luchar, sin arriesgar la vida en las rotondas y en las manifestaciones, con sólo votar, en los ordenadores de nuestros salones, usando pantuflas cerca de una acogedora chimenea crepitante! Pero en el comercio, cuando tienes un producto para vender, mientes: “Sí, una vez que tengamos el RIC, podremos conseguirlo todo”. Eso es falso. Para empezar, ¡pedirle a la burguesía su opinión para saber si están de acuerdo en aumentar nuestros salarios!, ¡es el colmo! [Amarillo. El periódico para ganar]

Este arreglo democrático no resolvería nada, incluso si se adoptara. Sólo estiraría la goma elástica electoral manteniendo la relación entre las clases sociales (sus condiciones y sus intereses) con un fortalecimiento adicional del reformismo jurídico, ese pariente pobre del ya ilusorio reformismo económico. Sería equivalente a un apoyo más directo a la esclavitud ordinaria. [El llamamiento de los “chalecos amarillos” del Este de París]

Lo mismo sucede con el lema “Macron dimisión”:

Para contrarrestar el RIC, algunos de nosotros han dicho: no es necesario que gane el RIC, simplemente queremos que Macron dimita. Esta exigencia tiene la buena idea de rendirle homenaje a nuestra acción, de reorientar el debate sobre nuestra fuerza colectiva. En efecto, es la calle la que hará que Macron se vaya, no las urnas. Pero, justo después de decir eso, todos se preguntan: ¿quién lo reemplazará? Ahí es precisamente donde reside el problema. Macron, por arrogante que sea, es reemplazable y su sucesor hará exactamente lo mismo para defender el negocio. Claramente hay que tirar el grano con la paja. Las instituciones existentes están ahí para defender la lógica del dinero y la explotación. [Amarillo. El periódico para ganar]

Fuera y contra los sindicatos

Como hemos dicho, el movimiento de los “chalecos amarillos” se ha desarrollado a partir de su rechazo a las estructuras burguesas tradicionales como los partidos políticos y los sindicatos. Desde principios de diciembre, los sindicatos (independientemente de sus tendencias) han seguido, como de costumbre, la línea del gobierno, que busca una forma de desactivar un movimiento social que podría extenderse a otros sectores del proletariado: las denuncias de interclasismo se lanzan en un intento desesperado por parte de los sindicatos de disuadir a sus miembros de unirse a los “chalecos amarillos”.

Hoy día, somos testigos de intentos de “convergencia de luchas” y una vez más el movimiento está dividido y vacilante: algunos “chalecos amarillos” llaman a la colaboración directa con las estructuras centrales de los sindicatos; otros, por el contrario, rechazan esta colaboración, pero llaman a los proletarios en las empresas para que también luchen, y eso es profundamente correcto. Se hizo un llamamiento para prolongar la “jornada nacional de [in]acción” el 5 de febrero (convocada por los sindicatos y principalmente por la CGT) y para transformarla en una “huelga general indefinida”. Queremos advertir, si es necesario, a los compañeros de los “chalecos amarillos” sobre la esencia misma de los sindicatos y del sindicalismo.

El papel de los sindicatos se ha revelado siempre abiertamente en momentos de lucha, por su voluntad de apagar el fuego social. Los sindicatos, cuyo papel es precisamente evitar este tipo de explosiones, actúan como amortiguadores y, si es necesario, encuadran cualquier expresión autónoma de nuestra clase, tratan de frenar la lucha haciendo creer que organizan lo que está más allá de ellos. Si después de décadas de socavar nuestras luchas, los sindicatos ya no tienen una gran popularidad, el movimiento de los “chalecos amarillos” que tiene lugar fuera de ellos es una prueba más de ello.

Sin embargo, una forma más sutil se está desarrollando, la cual busca restaurar el control sobre nuestras luchas subversivas y se encuentra en todas las luchas actuales. Es lo que podríamos llamar globalmente parlamentarismo obrero. Incluso cuando las luchas estallan sobre la base de una ruptura formal con los sindicatos, incluso si los proletarios asumen un cierto nivel de violencia, esta ruptura nunca se completa, empujada hasta sus últimas consecuencias: es decir, no sólo para organizarse fuera de los sindicatos, sino también contra ellos. Esto significa romper radicalmente no sólo con las organizaciones, sino sobre todo con la práctica: el sindicalismo, que no es otra cosa que negociar la venta de nuestra mano de obra con nuestros explotadores…

¡¿De las “asambleas populares” al asambleísmo?!

Desde los inicios del movimiento de los “chalecos amarillos”, muchas sectas idealistas e ideológicas de ultra-izquierda lo han denunciado porque no se organizó en “asambleas generales”, consideradas como el Santo Grial. Desde entonces, han aparecido noticias sobre el establecimiento de asambleas en Commercy, Saint-Nazaire, Montreuil, etc., por no hablar de las asambleas “informales” organizadas en torno a las rotondas ocupadas y los diversos bloqueos.

Por un lado, el proletariado siempre ha estructurado históricamente su lucha en torno a asambleas, coordinaciones, consejos, soviets, comunas, comités, etc. No podemos sino acoger con satisfacción el hecho de que los proletarios recuperen el control de su lucha, que se encuentren, que discutan juntos, que se organicen, que hagan planes para el futuro, que se reapropien de mil y un aspectos de la vida, que desarrollen la convivencia, el compañerismo, que participen en la “liberación del discurso”… por otra parte, nos gustaría subrayar que ninguna estructura, sea cual fuere, será una garantía en cuanto a la evolución y el contenido de nuestras luchas.

Por el contrario, la práctica del democratismo, del asambleísmo, de fetichizar la masividad de las estructuras de lucha, a menudo dificulta la extensión y radicalización de las luchas. Si los proletarios rechazan los sindicatos, correrían el riesgo de reproducir la misma práctica sindical y reformista en sus “asambleas”. La aparición de la “democracia directa de las rotondas”, de grandes “asambleas generales” abiertas a todos, significa a menudo la práctica del sindicalismo sin sindicato. Las “asambleas” y su “magia” de los delegados “elegidos y revocables en cualquier momento” nunca han dado ninguna garantía formal. Históricamente, nuestra única garantía ha sido nuestra práctica social. Nunca es la forma lo que prevalece, sino siempre el contenido…

Además de esto, el democratismo prevaleciente en estas “asambleas” significa que todo el mundo puede expresarse “libremente”, tanto los huelguistas como los rompe-huelgas, los radicales y los moderados: en lugar de “liberar la palabra” (y es obvio aquí que no reivindicamos la “libertad de expresión” que tanto elogia nuestro enemigo, la democracia, para hacernos hablar mejor, para silenciarnos), a menudo también liberan la cháchara a costa de la acción directa. ¿De qué sirve votar grandes resoluciones muy “radicales” si el proletariado no rompe con las fuerzas de inercia que bloquean la extensión y el desarrollo de la lucha?

¿Y luego?

Intentamos mostrar aquí que el movimiento de los “chalecos amarillos”, como todo movimiento proletario en el pasado, es contradictorio. Por el momento hay expresiones de ambas, la ideología de la sociedad burguesa en la forma de la falsa conciencia de nuestra clase, pero también de los intereses proletarios, la meta final de destruir el capitalismo. Y su contenido proletario enfrenta dos peligros: la reacción y el reformismo.

Pero la falsa conciencia puede y debe ser superada en y a través de la lucha, en la experiencia de nuestra clase nacida y renacida en cada nuevo conflicto de clase abierto. La tarea de los comunistas no es escupir a un movimiento porque no es lo suficientemente puro, porque no se refiere a buenas fuentes o porque le falta uno u otro aspecto que consideramos importante.

Para aquellos que todavía juegan con este deseo, ¿cómo podemos imaginar que la revolución pueda estallar? ¿Realmente pensamos que será el fruto de una convergencia de los movimientos sociales, todos dotados de sus justas reivindicaciones, impulsados por decisiones tomadas unánimemente en asambleas donde la idea más radical ganará la batalla? Y así con un escenario de este tipo, nace un movimiento con una gran causa, a la cabeza están los militantes más iluminados que lo conducen de batalla en batalla mientras obtienen emocionantes victorias; sus filas crecen, su reputación crece, su ejemplo se difunde de manera contagiosa, surgen otros movimientos similares, su poder se encuentra, se alimentan y se multiplican entre sí, hasta llegar a la confrontación final durante la cual el Estado es finalmente abatido… ¡Qué hermosa historia! ¿Quién la produjo, Netflix? ¿En qué episodio estamos? Si no quieres reírte de ello, siempre puedes ser serio. (…)

Porque a lo largo de la historia, la chispa de disturbios, insurrecciones y revoluciones casi siempre ha surgido no por razones profundas sino simplemente por pretextos (p. ej. la reubicación de una batería de cañones desencadenó la Comuna de París, una protesta contra el fracaso de la marina encendió la revolución Spartakista, el suicidio de un vendedor ambulante lanzó la llamada Primavera Árabe, la eliminación de unos pocos árboles llevó a la revuelta de Gezi Park en Turquía), nos parece realmente vergonzoso que, frente a lo que está ocurriendo con los chalecos amarillos (…), sólo agudizan sus ojos para encontrar rastros del programa comunista, o del pensamiento anarquista, o de la teoría radical, o la crítica anti-industrial, o… Después de eso, tras la decepción de no haber detectado suficiente contenido subversivo en la calle, de no haber contado masas suficientemente grandes, de no haber notado suficientes orígenes proletarios, de no haber notado suficiente paridad en la presencia femenina, de no haber escuchado suficiente lenguaje políticamente correcto -la lista podría extenderse hasta el infinito-, sólo queda por horrorizarse y preguntarse quién puede beneficiarse de toda esta agitación social. [Finimondo, Di che colore è la tua Mesa?]

La tarea de los comunistas no es ni aprobar nada de lo que hace el movimiento, la tarea de los comunistas es captar el movimiento sobre la base de su dinámica radical y animar a que esta dinámica se desarrolle como una praxis revolucionaria, a favor del proyecto revolucionario del proletariado. Como comunistas debemos acompañar a la clase en su lucha de clarificación de este proyecto contra la reacción y la reforma, para representar la conexión entre la lucha actual y la lucha pasada de nuestra clase, compartiendo la experiencia que hemos obtenido en ella como clase y también entre la lucha actual y la lucha futura, a fin de extraer lecciones de la primera, para representar brevemente la lucha histórica de nuestra clase.

Somos conscientes de que no es fácil. Los “chalecos amarillos” son un movimiento contradictorio como cualquier otro movimiento proletario de la historia. Y tal vez de ello no salga nada por el momento, excepto una fuerte experiencia de lucha y rupturas, consolidando nuestra “memoria de clase”. Pero es difícil comprender un movimiento a través del prisma en qué se convierte cuando es derrotado (especialmente si la derrota está lejos de haber terminado).

Por otro lado, una parte del movimiento ya abrió una ruptura con la sociedad burguesa, su ideología y sus instituciones: sindicatos, partidos de izquierda o de derecha, unidad nacional antiterrorista, etc. Y el contenido proletario del movimiento puede abrir el camino hacia una lucha de clase más amplia.

Por último, aunque parezca provocativo, afirmamos que toda la propaganda mediática en torno al movimiento de los “chalecos amarillos” no puede en modo alguno hacernos olvidar lo esencial: que no existe un movimiento de los “chalecos amarillos” como tal, que nunca ha existido ni puede existir… Y esto es por una razón simple, fundamental, inevitable: porque no existe la clase o el proyecto social “chalecos amarillos”…

Aquí y ahora, en todas partes y siempre, es el proletariado contra la burguesía, dos clases sociales con proyectos decididamente antagónicos…

De hecho, sólo hay dos proyectos enfrentados para el futuro de la humanidad: por un lado, el proceso histórico de abolición de las relaciones sociales capitalistas y su Estado, que son la causa de la miseria, la guerra, la explotación, la alienación, la opresión y la dominación… y por otro lado, las fuerzas para la conservación de esta pesadilla…

# Tridni Valka – Guerra de Clases, Invierno 2018/19 #

Las sangrientas jornadas del 3 al 7 de mayo de 1937 – Agustín Guillamón

Los decretos de la Generalidad del 4 de marzo de 1937 creaban un Cuerpo Único de Seguridad (formado por la Guardia de asalto y la Guardia civil) y disolvían (en un futuro inmediato) las Patrullas de Control. Tales decretos provocaron la dimisión de los consejeros cenetistas y una grave crisis de gobierno.

En la asamblea de la Federación Local de Grupos anarquistas del 12 de abril de 1937, radicalizada por la invitación realizada a las Juventudes Libertarias y a los delegados de los comités de defensa, se exigió la retirada de todos los cenetistas de cualquier cargo municipal o gubernamental y se creó un comité insurreccional. En esa radicalización habían tenido un papel destacado Julián Merino, Pablo Ruiz y Juan Santana Calero.

El 15 de abril, tras una larga y difícil negociación, Companys y Escorza pactaron personalmente una salida a la crisis y la formación de un nuevo gobierno (con la entrada como conseller del cenetista Aurelio Fernández).

El asesinato de Antonio Martín en Bellver de Cerdaña, el 27 de abril de 1937, supuso la ruptura del pacto tan laboriosamente alcanzado. Escorza puso en alarma a los comités de defensa al desvelar la información sobre un próximo golpe de fuerza del bloque contrarrevolucionario. Escorza hizo saltar la chispa, pero se mostró contrario a una insurrección que consideraba prematura y mal preparada, sin objetivos ni coordinación.

La provocación del 3 de mayo, cuando Eusebio Rodríguez Salas asaltó la Telefónica, movilizó a los comités de defensa, que en dos horas declararon la huelga revolucionaria, se apoderaron de todos los barrios obreros y levantaron barricadas en el centro de la ciudad y en lugares estratégicos. Los comités superiores cenetistas (especialmente Eroles y Asens) intentaron controlar a los comités de defensa, pero fueron desbordados y no consiguieron controlarlos.

La mañana del 4 de mayo Julián Merino convocó una reunión del Comité Regional, consiguiendo que se formase un Comité Revolucionario de la CNT (formado por Merino, Ruano y Manzana) y dos comisiones para coordinar y extender la insurrección. En esa misma reunión se nombró una delegación cenetista, encabezada por Santillán, para negociar en el Palacio de la Generalidad una salida pactada. La CNT jugaba con dos barajas: la insurreccional y la negociadora; Companys (presidente de la Generalidad) y Comorera (secretario del PSUC) sólo jugaban con la baraja de la provocación, con el certero objetivo de conseguir la aniquilación de los insurgentes, la debilitación de la CNT y un gobierno fuerte.

En la tarde del 4 de mayo, los trabajadores revolucionarios barceloneses, armados en las barricadas y dispuestos a todo, no fueron derrotados por el PSUC, ni por ERC, ni por las fuerzas de orden público del gobierno de la Generalidad. Fueron sometidos por los mensajes apaciguadores de la radio. El intento revolucionario de encontrar una coordinación y un objetivo preciso a la insurrección en curso, fracasó. Cuando toda Barcelona era ya una barricada, los obreros en armas fueron vencidos y humillados por las peroratas radiofónicas de los comités superiores cenetistas, y muy especialmente por el discurso del beso de Joan García Oliver.

El 5 de mayo, al mediodía, Sesé, cuando iba a tomar posesión de su cargo de consejero, fue tiroteado desde el Sindicato de Espectáculos de la CNT, al no atender el auto en que viajaba el alto del control de una barricada. Companys, en represalia, ordenó repetidamente a la aviación que bombardease los cuarteles y edificios en poder de la CNT. Los Amigos de Durruti lanzaron una octavilla que intentaba dar unos objetivos concretos a la insurrección: sustitución de la Generalidad por una Junta Revolucionaria, fusilamiento de los culpables de la provocación (Rodríguez Salas y Artemi Aguadé), socialización de la economía, confraternización con los militantes del POUM, etcétera. Los comités superiores desautorizaron inmediatamente esa octavilla, que tuvo la virtud de reavivar la lucha en las barricadas.

Los días 5 y 6 de mayo fueron los de mayor auge de la lucha callejera. Los conatos cenetistas de tregua, o abandono de las barricadas, siguiendo las consignas radiofónicas y de la prensa, fueron aprovechados por el bloque contrarrevolucionario para consolidar posiciones; hecho que a su vez provocó que los revolucionarios reanudaran los combates y se volviera a las barricadas.

El 7 de mayo era evidente que la insurrección había fracasado. Las tropas enviadas desde Valencia desfilaron por la Diagonal y ocuparon toda la ciudad. Empezaron a deshacerse las barricadas. Los comités superiores, en los días siguientes, intentaron ocultar todo lo sucedido, arreglar las actas en proceso de redacción y en definitiva evitar en lo posible la previsible represión estalinista y gubernamental contra la Organización y contra los protagonistas más destacados.

Si hubiese que resumir mayo del 37 en una frase, ésta debería explicar que los trabajadores revolucionarios, armados en las barricadas y decididos a todo, fueron abatidos por los llamamientos al alto el fuego emitidos por la radio: Barcelona fue una insurrección derrotada por la radio.

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Caridad Merceder y otras militantes del PSUC deshaciendo una barricada en las Ramblas

Conclusiones:

Por primera vez en la historia, se dio el caso de una insurrección iniciada y sostenida contra la voluntad de los líderes a que perteneció la inmensa mayoría de los insurrectos. Pero aunque una insurrección puede improvisarse, una victoria no (Escorza); y aún menos cuando todas las organizaciones obreras antifascistas se mostraron hostiles al proletariado revolucionario: desde la UGT hasta los comités superiores de la CNT.

Los comités superiores llegaron a jugar con dos barajas, permitiendo la formación de un Comité Revolucionario de la CNT, al mismo tiempo que se formaba una delegación para negociar en el Palacio de la Generalidad. Pero muy pronto abandonaron la carta insurreccional por los ases del alto al fuego, que aseguraban su futuro de burócratas.

UGT y comités superiores de la CNT, ERC y gobierno de la Generalidad, estalinistas y nacionalistas, todos juntos, convirtieron la hermosa victoria militar de la insurrección, al alcance de la mano (Merino, Rebull), en una horrorosa derrota política. Todos juntos, pero de forma distinta, para desempeñar eficazmente cada uno su papel. Estalinistas y republicanos directamente en las barricadas de la contrarrevolución. Anarcosindicalistas y poumistas en la ambigüedad del quiero y no puedo, del soy pero dejo de ser; los primeros recomendando el cese de la lucha y el abandono de las barricadas; los segundos mediante el “audaz” seguidismo de los primeros.

Sólo dos pequeñas organizaciones, los Amigos de Durruti y la SBLE, intentaron evitar la derrota y dar a la insurrección unos objetivos claros. El proletariado revolucionario barcelonés, esencialmente anarquista, luchó por la revolución, incluso contra sus organizaciones y contra sus líderes, en un combate que ya había perdido en julio de 1936, en el mismo momento en que dejó en pie el aparato estatal y trocó la lucha de clases por el colaboracionismo y la unidad antifascista.

Pero hay batallas perdidas que han de librarse en beneficio de las generaciones futuras, sin más objetivo que el de dejar constancia de quién es quién, advertir el lado de la barricada en que se encuentra, señalar dónde están las fronteras de clase y cuál es el camino a seguir y los errores a evitar.

El lector que quiera ampliar su conocimiento sobre los Hechos de Mayo de 1937 puede hacerlo en el libro Insurrección, editado por Ediciones Descontrol.

Elecciones en España: Una victoria de la democracia es una derrota del proletariado

CON LA IZQUIERDA O CON LA DERECHA, UNA VICTORIA DE LA DEMOCRACIA ES UNA DERROTA DEL PROLETARIADO

Por tercera vez, en el breve plazo de tres años, se han convocado elecciones generales en España. Después de que el gobierno del PSOE, en minoría en el Parlamento y el Senado y por tanto dependiente de alianzas extremadamente frágiles para gobernar, no fuese capaz de sacar adelante los presupuestos generales del Estado durante el pasado invierno, una nueva crisis parlamentaria ha dado como resultado la disolución de las Cortes y la puesta en marcha de otro circo electoral en el que, de nuevo también, todos los voceros y propagandistas de uno u otro signo político repiten hasta la náusea que “todo está en juego”.

Ahora que el bipartidismo está roto (mentira: únicamente el PP y el PSOE tienen opciones reales de gobernar y el resto de partidos aspiran sólo a ser, si acaso, sus muletas) y que un coro de nuevos partidos ha irrumpido en la escena (nueva mentira: a la izquierda del PSOE sólo hay un refrito de la antigua Izquierda Unida y a la derecha del PP una escisión del mismo PP y un viejo partido regional) la democracia española avanza por derroteros completamente inéditos, según afirman los voceros del periodismo hooligan político que los Florentino Pérez y los Roures pusieron en marcha hace unos años como acompañamiento de sus nuevas marcas políticas.

Pero, ¿qué significan realmente estas nuevas elecciones? Aún sin dejarse arrastrar por las campañas publicitarias y por los recursos de marketing político, es imposible pasar por alto que la situación en España está muy lejos de ser normal, si por normalidad entendemos los casi cuarenta años de alternancia pacífica en el poder de PSOE y PP. De hecho, la situación es tremendamente anómala si tenemos en cuenta que el ordenamiento jurídico y político posterior a la Constitución de 1978 se diseñó como copia actualizada del sistema de cambio político de finales del siglo XIX y principios del XX: en este caso, una gran socialdemocracia levantada con los marcos del Bundesbank y los dólares de la Reserva Federal y una amplia derecha que aunaba tanto a los sectores ultras del Régimen de Franco como a las pequeñas burguesías regionales, se disputaron el poder durante varias décadas alternándose para llevar a cabo, en primer lugar, las medidas más acuciantes de modernización económica del país y, después, aquellas que permitiesen a la burguesía nacional competir con sus rivales extranjeros. Este equilibrio, basado en un sistema de turnos naturales, en los que un partido abandonaba el gobierno cuando se volvía incapaz de gestionar la creciente tensión social a que había conducido su política, parecía el más adecuado para un país en el que la burguesía se había negado durante décadas a aceptar incluso las más mínimas reformas sociales que tan buen resultado, en el sentido de apaciguar a los proletarios, habían dado en otros países. Fue un equilibrio surgido del pacto social que realizaron todos los sectores de la burguesía y la pequeña burguesía después de la muerte de Franco, cuando la crisis capitalista mundial de mediados de los años ´70 arrasaba los principales países europeos y americanos… y ha durado, precisamente, hasta que una nueva crisis económica ha golpeado con dureza similar. Fue en ese momento cuando las fuerzas sociales que permanecieron adormiladas durante décadas emergieron con energía renovada. Y fue también entonces cuando se fraguó la crisis política que vivimos hoy y en nombre de la cual se llama de nuevo al voto.

A la derecha, la aparición de Ciudadanos, un partido político que comenzó su existencia circunscrito prácticamente a las ciudades de Cataluña como representante de una pequeña burguesía local, profesional y “cosmopolita” que salía perjudicada por el enfrentamiento entre el gobierno catalán y el gobierno español, como gran fuerza nacional organizada en pocos meses como alternativa a un Partido Popular desgastado por los escándalos de corrupción, es una muestra de la agitación y del malestar que reina entre la pequeña burguesía de prácticamente todas las grandes ciudades españolas, en las que el partido de gobierno (PP o PSOE) ha tomado, durante los últimos diez años, las medidas necesarias para resguardar de la crisis a la burguesía local dejando de lado a los sectores pequeño burgueses que han visto sus negocios hundirse, su nivel de vida caer y, sobre todo, el riesgo de no poder mantener el estatus privilegiado que han ostentado durante tanto tiempo. El “problema catalán” ha dado a esta pequeña burguesía local una proyección nacional, ejemplificando en la incapacidad del gobierno del PP para acabar con las corrientes nacionalistas, todos los males que para esta clase deben ser solucionados.

Más a la derecha aún, la escisión del Partido Popular, dirigida por Santiago Abascal, ha recogido al sector típicamente ultra que tuvo en el PP, hasta hace unos años, una casa que compartir con otros sectores más moderados. Una tupida red de altos funcionarios del Estado, militares de carrera, mandos de la policía, etc., junto con otros elementos patrocinados por la burguesía rentista (la antigua aristocracia reconvertida en parásitos del Estado) han vuelto al enfrentamiento abierto y explícito no sólo contra las fuerzas nacionalistas de Cataluña sino contra el propio Partido Popular y el ordenamiento constitucional de 1978. Este partido, Vox, lejos de ser una corriente de tipo fascista, como se ha apresurado a gritar el conjunto de la izquierda parlamentaria y extra parlamentaria, es una reacción típicamente nacionalista y ultra conservadora que se ha precipitado a la arena política no para imponer su programa, sino para espolear a las otras dos fuerzas de la derecha a ser más duras: les proporciona una fuerza de choque electoral, parlamentaria, mediática… e incluso callejera para llegar allí donde no podían llegar. Es significativo ver cómo organizaciones policiales como Jusapol, creadas bajo la protección de Ciudadanos para organizar a miembros de los tres cuerpos de la Policía como fuerza de presión, han orbitado rápidamente hacia Vox en un exquisito reparto de tareas. Vox no es una amenaza fascista, su programa electoral es exponente de las exigencias más rudimentarias y básicas de la burguesía y como tal representante de la burguesía que se ha animado a hacer explícitas sus exigencias, muestra a los proletarios la cara más dura del enemigo de clase… pero esto no es nada que cuarenta años de democracia no hayan mostrado abiertamente.

A la izquierda, la implosión de Podemos en varios grupos separados, la fragmentación de la corriente de izquierdas fraguada en 2014 y la definitiva convergencia con el PSOE, que después de ser el enemigo a abatir es el hermano al que ayudar contra el “fascismo” de la derecha, es el final lógico para este tipo de formaciones. Entre 2013 y principios de 2014, el periodo de movilizaciones más intensas contra la crisis económica, el esfuerzo combinado de las grandes corporaciones mediáticas e importantes industriales, puso en marcha la marca electoral Podemos, aupándola desde la marginalidad extra parlamentaria hasta los Ayuntamientos de Madrid, Barcelona y Cádiz. La tensión social se recondujo hacia el juego electoral: unos pocos escaños en el Congreso y alguna victoria local sirvieron para desalojar las calles y recuperar la confianza en el juego democrático. Cuatro años después, la clase proletaria sigue soportando sobre sus espaldas el peso de la recuperación económica, los grandes Ayuntamientos en manos de Podemos y sus aliados locales siguen siendo las grandes corporaciones regionales de la gran burguesía, que hace sus negocios con la seguridad de quien sabe que velan por sus intereses día y noche, incluso los aspectos más llamativos de estos negocios, los pelotazos urbanísticos y la reestructuración urbana que necesitan los nuevos tipos de empresas siguen su curso sin interrupciones… mientras que los partidos “del cambio” se han convertido en depredadores voraces que se han adaptado rápidamente al juego político de “la casta”.

En las elecciones del próximo 28 de abril no está en juego un cambio radical de la situación política, económica y social del país. No serán unas “elecciones constituyentes” como ha dicho el líder de Podemos ni una “reconquista” como quiere el jefe de Vox. Más allá de los diferentes programas políticos, de las estridencias mediáticas de cada una de las corrientes que compiten por el voto, hay un denominador común para todas ellas: la defensa de la nación, de la democracia, del sistema electoral y parlamentario. La fragmentación de la izquierda y la derecha en diferentes tendencias refleja tanto las dificultades por la que la burguesía pasa a la hora de organizar sus tendencias como un inmenso esfuerzo por su parte para mantener la estabilidad básica en torno al orden democrático.

El principal foco de tensión, del que se alimentan todos los demás en la sociedad capitalista, es el que existe como consecuencia del enfrentamiento continuo entre la clase proletaria y la clase burguesa. Ante la crisis económica, ante la inestabilidad de las formas constitucionales y políticas, la burguesía en su conjunto lanza una consigna: democracia. El voto, las elecciones, el Parlamento, el respeto a la legalidad, la colaboración entre clases representada por el Estado de derecho, la defensa de la economía nacional, ese es el programa único del conjunto de la burguesía. En la medida en que logra imponérselo a la clase proletaria, que consigue forzarla a dejar de lado la lucha por sus intereses de clase, tanto en el terreno económico más inmediato como en el terreno general de la lucha política, la burguesía (toda la burguesía arropada por sus clases satélites) vence.

El nacionalismo de grupos como Vox, el nuevo “patriotismo” de Podemos, el independentismo de los partidos regionalistas vasco y catalán, llama a los proletarios a unirse en un frente único con la burguesía en defensa de los intereses nacionales, es decir, llama a los proletarios a soportar todos los sacrificios y todas las exigencias que los intereses nacionales les imponen. Y lo hace sobre la base de la participación democrática, de la colaboración electoral entre clases… ¿Frente al “independentismo” racista e indentitario? ¡Democracia! ¿Frente al nacionalismo tradicionalista español? ¡Democracia! ¿Frente al fascismo?… ¡Más democracia!

Mientras que los proletarios acepten este terreno, la burguesía respira tranquila, la democracia es, por el momento, la garantía de su dominio de clase. Y mañana, cuando la tensión social latente comience a salir a la superficie, cuando estas escaramuzas entre corrientes burguesas se transformen en enfrentamientos a una escala mayor, este hábito de participación democrática, de confianza en las instituciones, le será muy útil a la clase burguesa, que logrará debilitar la necesaria reanudación de la lucha de clase proletaria recurriendo ya no a la participación democrática sino a la defensa y salvaguardia de la democracia misma. Con el circo electoral permanente, la burguesía no sólo disipa la tensión social hoy, sino que agudiza la parálisis del cuerpo social proletario, que se hará especialmente aguda cuando la próxima crisis económica vuelva infinitamente más violentas las exigencias que la burguesía le imponga. Entonces, quizá sí, deba recurrir a métodos de gobierno extremadamente autoritarios, deba suprimir realmente las libertades que hoy tolera, deba, en fin, convertir a los proletarios en carne de cañón en cualquier enfrentamiento interburgués. Y para todo ello, el adoctrinamiento democrático, electoral y parlamentario de los últimos cuarenta años le será de gran ayuda.

En el esperpento electoral de estos años, los proletarios no deben ver otra cosa que todas las fuerzas de la clase enemiga coaligadas para imponerle el respeto al Estado burgués, su legalidad y sus instituciones. Cuanto más se habla de democracia, cuando más intensos son los llamados a la participación electoral, más necesita la burguesía que el proletariado se olvide de sus verdaderas necesidades, que sólo pueden ser satisfechas mediante la lucha de clase, para dar su apoyo, en forma de defensa de un candidato u otro, al orden capitalista. Así sucedió en 1978, cuando la crisis económica mundial forzó a la burguesía parapetada durante varias décadas detrás de Franco, a establecer un régimen parlamentario que pudiese facilitar la colaboración entre clases. Y así sucede hoy, cuando una crisis aún más fuerte, ha barrido el orden de entonces.

Para los proletarios de hoy y de mañana sólo hay un dilema: o se acepta el juego democrático y se fortalece con ello el dominio de la clase burguesa, o se lucha sobre el terreno de clase.

¡Por el retorno de la clase proletaria al terreno de la lucha de clase, antidemocrática, antiparlamentaria y antielectoral!

¡Por la reconstitución del partido comunista internacional e internacionalista!

Partido Comunista Internacional (El Proletario) – 20 de abril de 2019

POR LA REANUDACIÓN DE LA LUCHA DE CLASE

La vía kosovar

 

Ayer (2008), 20 puntos de análisis:

1. Kosovo es desde 1999 un territorio ocupado por la OTAN y Estados Unidos. Tiene un millón ochocientos mil habitantes, de mayoría albanesa (de religión musulmana). La minoría serbia es de cien a ciento veinte mil habitantes. Con una agricultura de subsistencia, sus principales recursos económicos son, en la actualidad, las subvenciones de la Unión Europea, el trabajo relacionado con la base militar de Estados Unidos, las remesas de los emigrantes y el crimen organizado (armas, drogas, prostitución, robo de coches de lujo), con bandas criminales militares organizadas en toda Europa, para financiar la guerra contra Serbia del Ejército kosovar (KLA) y la subsistencia de sus familias.

2. Kosovo, con el apoyo fundamental de Estados Unidos y Alemania, se ha declarado unilateralmente como un Estado independiente, pero las principales decisiones políticas referentes a gasto público, programas sociales, acuerdos monetarios y comerciales seguirán en manos de la administración de las fuerzas de ocupación de la OTAN y Estados Unidos.

3. El primer ministro de Kosovo, Hashim Thaci, exdirigente del Ejército de Liberación de Kosovo (KLA), mantiene relaciones con sindicatos del crimen (principalmente tráfico de droga, de armas y prostitución) europeos, en estrecho contacto con las mafias albanesas, macedonias e italianas.

4. La ocupación de Kosovo por parte de la OTAN responde a objetivos de política exterior estadounidense. Asegura la militarización de rutas estratégicas de oleoductos y de corredores de transporte que unen Europa occidental con el Mar Negro. También protege el multibillonario tráfico de heroína, que utiliza Kosovo y Albania como lugares de tránsito para los envíos por barco de heroína afgana a Europa occidental. Kosovo es una colonia de Estados Unidos en Europa.

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[Brasil] Motivos por los que el sistema necesita de Bolsonaro

El patriota y liberal como buen adepto de las enseñanzas del hippie nazareno crucificado, pretende seguir evangelizando (con plomo y metralla) más paganos de la Amazona y continuar con las penitencias que depara a los explotados el trabajo salariado y de este modo pueda florecer el paraiso capitalista del orden y el progreso.

Traducimos al español y publicamos a continuación un texto de los compañeros Iniciativa Revolución Universal. Consideramos que es un aporte muy importante para comprender el desarrollo histórico que actualmente devino en la victoria de Jair Bolsonaro y su partido en las elecciones de este año, así como una explicación del papel que jugaron a todas las fracciones del Capital durante este proceso de derrota en las luchas que tuvieron lugar a lo largo de una década. No obstante, pese a su claridad del texto en muchos puntos importantes, también es necesario señalar que hay aspectos que se muestran confusos a la hora de delimitar la dicotomía fascismo/antifascismo, pues hay partes donde sigue encasillando a la facción del bolsonarismo como  un partido fascista, lo cual consideramos un desacierto, pues tal como los compañeros de Barbaria lo han expresado de manera concisa: no estamos de acuerdo con la utilización del término «fascista» para el gobierno de Bolsonaro. El fascismo fue un fenómeno histórico específico, con una participación activa (no meramente electoral) de las masas, una actividad que desborda con mucho las vías democrático-electorales y con la formación de organismos paramilitares. Además, tanto el fascismo italiano como el nazismo encuentran su origen en la socialdemocracia, ya sea en sus organizaciones formales que en su dimensión de partido burgués para los obreros. Bolsonaro, por el contrario, se trata de un militar conservador y reaccionario mucho más semejante a Franco que a Mussolini.  

Pese a lo dicho, sostenemos que no deja de ser un balance de nuestra clase bastante cualitativo el cual no debería ser pasado por alto, pues se sitúa en el terreno revolucionario afirmando las posiciones comunistas más elementales por fuera y en contra de todos los discursos del gatopardismo izquierdista y socialdemócrata que busca “legitimarse” para gestionar el Capital (eso sí, bajo el supuesto de frenar la “amenaza derechista y neoliberal”, siendo que ambas fracciones son simplemente dos caras de la misma moneda). Por otra parte, aunque este texto haya sido realizado unos cuantos meses antes de las elecciones (podemos notar que desde entonces ya se vaticinaba este resultado) eso no le resta vigencia, pues contiene suficientes elementos de crítica ante hechos que siguen presentes y tampoco se limitan a “ese país”, sino que tienen y han tenido lugar en otros procesos del globo [con mayor o menor intensidad] donde los proletarios luchamos y también hemos encarado derrotas, presenciado el triunfo del reformismo que da continuidad a lo que necesita esta sociedad de la mercancía para seguir paliando sus crisis.  [Materiales]

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Memoria Obrera: Chile, Septiembre 1973

Marcha Cordones Industriales, Chile 1972.

[Revista COMUNISMO No.4 (Junio 1980)] – re-publicado por Agitación Inmanente

(A continuación difundimos íntegramente este texto enfocado en el análisis de la derrota proletaria en Chile, a partir de la carta que escribieran los cordones industriales el 5 de septiembre de 1973. Este texto apareció en la revista Comunismo No 4 en Junio de 1980, 7 años después del Golpe Militar. A mantener viva la memoria y afinar la teoría revolucionaria contra la verborrea socialdemócrata).

A continuación la carta que los Cordones Industriales dirigieran a Allende el 5 de setiembre de 1973, solo unos días antes del golpe de Pinochet. Hemos considerado importante publicar este documento, ya histórico porque aún sin pretender haberlo sido, es hoy una denuncia del papel contrarrevolucionario de todas las unidades populares en el mundo entero, de como los Pinochets son imposibles sin una clase obrera que ha sido desorientada, desorganizada y desarmada políticamente por la izquierda democrática. Este documento por otro lado permite denunciar todas las peroratas sobre los “generales traidores” a las que nos tienen habituados los partidos de izquierda, y situar las causas reales de la derrota obrera en Chile, no en los enemigos que es evidente que en conjunto preparaban la desorganización de los obreros total, de dirección, de perspectiva comunista. Publicamos este documento, además, porque a menos de 7 años parecería como si nunca hubiese existido, porque todas las fuerzas democráticas de oposición han hecho todo lo posible por enterrarlo intentado que se borre para siempre de la memoria de nuestra clase, pues mete demasiado el dedo en la llaga. En fin, publicamos este documento, no porque adheramos a su contenido, sino porque resume la tragedia no solo de la clase obrera en Chile, sino de la clase obrera mundial, tragedia que seguirá reproduciéndose mientras que el proletariado no barra con sus armas a los Allende que se esconden con otros nombres en todos los países: “… no solo nos está llevando por el camino que conducirá al fascismo, en un plazo vertiginoso, sino que se nos está privando de los medios para defendernos”.

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Ni rojigualdas ni esteladas. ¡Por la independencia de clase contra toda nación!

[Recibimos y publicamos de http://barbaria.net]

No hay mejor imagen para explicar la naturaleza del denominado proceso independentista catalán que la elección de Quim Torra como presidente de la Generalitat. La autodeterminación y la libertad de voto ha terminado por tener a su cabeza a un admirador acérrimo de Miquel Badia (sirva de testimonio el homenaje realizado a los hermanos Badia por parte de Junqueras y Torra), uno de los mayores torturadores y asesinos del proletariado en la Cataluña revolucionaria de los años 30.

No hay ninguna contradicción en todo esto. A fin de cuentas, la libertad de voto siempre ha significado la libertad para hacerse masacrar por nuestra propia burguesía. Ese aspecto de la democracia se ha revelado siempre como un instrumento indispensable para aplastar al proletariado en lucha. Por citar ejemplos de sobra conocidos, la represión y masacres dirigidas por Azaña (Casas Viejas, Arnedo, Alt Llobregat, enero del 33…) hasta la de las fuerzas parapoliciales de ERC dirigidas por Badia, nos revelan esta realidad. Continue reading

Materiales sobre el proceso en Barcelona [1936-37]

Compilamos y publicamos algunos documentos bastante fundamentales para la comprensión y el balance proletario, acerca de uno de los episodios más cruciales en la lucha de nuestra clase durante el siglo XX, en cuyo vórtice se manifestó con potencia la lucha entre revolución y contrarrevolución; y cuya culminación tuvo lugar con los hechos de mayo de 1937.

G. Munis – JALONES DE DERROTA PROMESA DE VICTORIA Crítica y teoría de la revolución española (1930 – 1939)

Paul Mattick – LAS BARRICADAS DEBEN SER RETIRADAS

BILAN nº 41 – PLOMO, METRALLA, CÁRCEL: ASÍ RESPONDE EL FRENTE POPULAR A LOS OBREROS DE BARCELONA QUE OSAN RESISTIR EL ATAQUE CAPITALISTA

Agustín Guillamón – BARRICADAS EN BARCELONA La CNT de la victoria de Julio de 1936 a la necesaria derrota de Mayo de 1937

Gilles Dauvé – CUANDO LAS INSURRECCIONES MUEREN

Revista comunismo #66 – REVOLUCIÓN Y CONTRARREVOLUCIÓN EN LA REGIÓN ESPAÑOLA – AÑOS TREINTA (primera parte)

[Audio- Charla] Biblioteca Alberto Ghiraldo – CICLO ESPAÑA / Contra el mito de la traición

Apuntes sobre el relevo de cretinos en méxico

[Extraído de la publicación Contra la contra #1]

La victoria en las elecciones presidenciales por parte del payaso de la izquierda pusilánime, no debe entenderse como  “el castigo de la ciudadanía a los políticos cómplices de décadas de corrupción y destrucción del país” ni como la reemergencia de “una generación que dio el primer paso hacia un cambio más sustancial en la estructura del sistema”; hay que dejar estas elucubraciones nacionalistas-basura a los académicos, intelectuales y especialistas encargados de convencernos que este sistema debe ser reformado y no destruido.

El ascenso de Obrador, pero sobre todo, el desarrollo exitoso del pasado circo electoral bajo el orden ciudadanista, es simplemente la materialización de la fuerza que actualmente posee el capitalismo y su Estado para canalizar fácilmente el descontento de la clase explotada. Si bien, en los últimos años el hartazgo causado por la agravación de las condiciones de miseria y represión consiguió preocupar seriamente a los políticos y al empresariado (el caso de ayotzinapa, la reforma educativa y el “gasolinazo” como puntos culminantes); también fue latente la manera en que los estallidos sociales que se produjeron fueron liquidados. La nula perspectiva radical y la inexistente ruptura con el tradicionalismo formalista, interclasista y pacifista que caracteriza a los denominados “movimientos sociales”, han sido la moneda corriente que posibilitó que los designios de quienes gobiernan se acataran y por ende, toda la mierda permaneciera intacta. Continue reading

Comunismo #66

REVOLUCIÓN Y CONTRARREVOLUCIÓN EN LA REGIÓN ESPAÑOLA – AÑOS TREINTA (primera parte, febrero 2017)

-La concepción histórica como práctica de clase. -Nuestra contribución y sus enormes dificultades. –El proletariado en España a contracorriente. –El ABC sobre la cuestión española -Exposición de los hechos más relevantes. -Antecedentes a las luchas de los años 30. -Primeros años de la República. -Profundización y tentativas insurreccionales. –Insurrección de octubre del 34 y ascenso del frentismo. –La insurrección proletaria de junio de 1936 y su encuadramiento estatal. –Elementos de balance crítico. –Notas. –Claves de la contrarrevolución.

PDF: «Comunismo» #66

TESIS acerca de la revolución y la contrarrevolución en la región española durante los años treinta (1997)

Tesis: Revolución y contrarrevolución…

Rojava y el Capitalismo

(Extraído de: Proletarios Internacionalista)

Rojava y el Capitalismo

Presentación

“Rojava y el Capitalismo”, tal y como señala el subtítulo que acompaña al texto que presentamos, es un «informe de una reunión organizada por compañeros internacionalistas originarios del Kurdistan», realizada en París en mayo de 2016. En este documento, a total contracorriente del bombardeo publicitario y espectacular de “la revolución de Rojava”, los compañeros realizan una clara denuncia de esa “revolución” identificándola claramente como la contrarrevolución. Tiene además el interés de sintetizar las diferentes experiencias de luchas acontecidas en la región Kurda en las décadas pasadas. El documento en castellano no se hizo público hasta finales del año 2016, y pese a todo creemos que su difusión ha sido bastante limitada, por lo que hemos considerado fundamental colaborar en la difusión de un material tan importante.

Antes de dar paso al texto queremos recordar que hace un año y medio desde Proletarios Internacionalistas publicamos un material titulado “Guerra social y telaraña imperialista en Siria 2010-2015” en el que hacíamos un análisis y balance de la potente lucha proletaria acontecida en Siria en esos años y su transformación en guerra imperialista. Englobado en el análisis profundizábamos en las particularidades de la lucha en Rojava, subrayando los esfuerzos de nuestra clase por imponer sus necesidades y cómo los mismos eran neutralizados y liquidados por ciertas fuerzas que eran presentadas al resto del mundo como “revolucionarias”. Desde entonces el desarrollo de la “revolución” no ha hecho más que clarificar lo que allí denunciábamos, el papel liquidacionista del PYD, el PKK y la ideología cristalizada y proyectada por esas fuerzas. Así es, desde que escribimos ese texto la “revolución de Rojava” no ha hecho más que consolidarse en el capitalismo mundial, aumentando sus acuerdos, negocios y compromisos con los Estados gendarmes. La colaboración a todos los niveles con esos Estados ha dado saltos cada vez más cualitativos. En esa coyuntura, el beneplácito que dio la “revolución” a la construcción de nada menos que tres bases militares de EE.UU es algo que no podemos dejar de apuntar. Una se encuentra justo en la frontera con Turquía, entre Kobane y el río Eufrates; otra en la ciudad petrolera de Rmeilan (Hasaka); y la tercera en la aldea de Sehbet en el sureste de Kobane. Desde el año pasado dos de esas bases están ya operativas, con todo lo que supone como arsenal represivo del capital. Por supuesto como contrapartida EE.UU ha incrementado su ayuda logística, militar y financiera al Estado de Rojava, además claro está de pagarle las tierras donde construyó las bases. Continue reading

[Audio]: Revolución en España – Contra el mito de la traición

Hace 80 años, miles de proletarios en la región española empuñaron las armas que sus gobernantes republicanos les negaban para hacerle frente al levantamiento militar conducido por Franco en julio de 1936. Tras décadas de intensas luchas y organización, los explotados decidieron tomar el rumbo de sus vidas por ellos mismos y pusieron en jaque al orden capitalista. Campos, fábricas y empresas de todo tipo fueron expropiadas a la burguesía y puestas en función de las necesidades comunes de subsistencia y de la revolución en marcha. Cientos de iglesias ardieron junto con toda su opresiva parafernalia, y con ellas también los pesados lastres del cristianismo sobre muchas conciencias humanas. Se organizaron milicias autónomas y comités de defensa, que trataron de hacer frente a los militares sublevados y liberar las regiones que habían caído en sus manos.

El desenlace de este gran impulso revolucionario estuvo marcado por lo que comúnmente nos presenta la historia burguesa como lo acontecido en esa región en esos años: una guerra civil entre republicanos y fascistas. Si así nos lo cuentan, es porque fueron los republicanos y la ideología antifascista, de la mano de la URSS, los encargados de desviar los objetivos revolucionarios hacia la mera guerra contra el fascismo y de sofocar a todo aquel que se resistiera. No se trataba de hacer la guerra y la revolución al mismo tiempo, sino que se trataba de hacer la revolución para evitar la guerra, enfrentando tanto al fascismo en el frente como a los republicanos y antifascistas en la retaguardia.

Link: Revolución en España – Contra el mito de la traición

[Charla-Debate]: Revolución y contrarrevolución en Rusia 1917

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Lo que sucedió en Rusia, a partir de 1917, fue el ensayo de revolución proletaria más decisivo de la época moderna. Para entender su significado histórico, y extraer de ella los aprendizajes necesarios, no basta con repetir las fórmulas habituales. A la revolución rusa hay que interrogarla críticamente porque en ella están contenidas importantes cuestiones sobre el capitalismo de nuestro tiempo, y sobre las formas de su posible superación. ¿Hubo en Rusia una revolución social en verdad, o más bien una arrolladora contrarrevolución burocrática? ¿Hubo comunismo en Rusia, o tan sólo capitalismo de Estado… o capitalismo a secas? Siguiendo el hilo que va de los últimos escritos de Marx sobre Rusia y el comunismo primitivo, hasta los análisis críticos de Amadeo Bordiga y Jacques Camatte, intentaremos esbozar con precisión estas preguntas y sus consecuencias para nosotros, hoy.

Link: Revolución y contrarrevolución en Rusia 1917

Turquía: la preocupante debilidad de la perspectiva revolucionaria

 (Extraído de antagonismorp)

Desde  los recientes acontecimientos en el Estado Turco: la preocupante debilidad de la perspectiva revolucionaria

Ayer 15 de julio, como han expuesto todos los medios de comunicación del capital, hubo un intento de golpe de Estado en Turquía. -Fue una “fracción del ejército”- ha informado el primer ministro Binali Yildirim, y confirmado después por el asesino y presidente  del Estado Turco Recep Tayyip Erdoğan. Según ellos los militares seguían al  predicador islamista y también gran capitalista Fethullah Gülen para derrocar al actual presidente e instaurar una “república democrática y laica según los principios Kemalistas” (es decir, principios de Mustafa Kemal Atatürk primer asesino presidente en 1923 de la entonces recién formada República de Turquía).

El ejército contaba con  la falta de legitimidad del presidente  entre la población de las ciudades sitiadas: la capital Ankara y la enorme Estambul, pero las tropas se encontraron con algo totalmente diferente. Los militares fueron detenidos (sospechosamente fácil)   por los seguidores del partido del presidente, el Partido de la Justicia y el Desarrollo:   Adalet ve Kalkınma Partisi (AKP), éstos junto con la policía han salido a las calles a enfrentarse y detener a los militares sublevados. En las repetidas imágenes de los acontecimientos en los medios de comunicación puede verse a un grupo del ejercito detenido en el puente que conecta la parte asiática y la europea de Estambul, siendo acorralados, humillados y torturados por los seguidores de Erdoğan; en otros escritos de compañeros organizados en Turquía se lee que los han decapitado también. Continue reading

Guerra Social & telaraña imperialista en Siria 2011-2015. Proletarios Internacionalistas

PDF: «Guerra Social & telaraña imperialista en Siria 2011-2015»

Siria. Diarios de la guerra

Con esta publicación queremos realizar un breve balance sobre lo que ha acontecido en Siria desde que comenzara la sublevación proletaria en marzo de 2011. Basado en informes, discusiones, investigaciones, textos y análisis internos, que han ido circulando entre nuestros compañeros, este texto es parte de la tentativa de nuestra clase de hacer un balance de lo sucedido en esa región.
Lo acontecido en Siria es un reflejo de la situación del proletariado en otros lugares del mundo, tanto por la fuerza insurreccional de la lucha en sus comienzos como por las canalizaciones burguesas que se han logrado imponer.
La cantidad de fuerzas e ideologías burguesas actuando en la región, así como sus complejas alianzas y enfrentamientos, solo se explica por la necesidad de sometimiento del proletariado insurrecto. El auge del islamismo radical, así como el del nacionalismo kurdo, son partes inseparables de ese proceso de encuadramiento del proletariado.
Aunque la lucha proletaria no está separada por las fronteras, es presentada como si así fuera, todas las noticias son presentadas país por país. Por esta razón, resulta tan difícil captar y analizar lo esencial: las contradicciones de clase, necesariamente internacionales. Todo se somete a la telaraña comunicativa de la guerra imperialista.
Es la telaraña de las comunidades ficticias, de lo interimperialista, de las noticias digeridas y deformadas por los medios. Nuestro texto se sitúa en una perspectiva internacional e internacionalista que busca romper esa telaraña de nuestro enemigo histórico.