Revuelta mundial contra la policía

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Sin lugar a dudas la revolución de nuestro tiempo contiene un “sentimiento” profundamente anti policial. La juventud proletaria en su más amplio espectro está marcada por un claro rechazo a las instituciones de “orden público”: policías y ejércitos, quienes personifican la barrera entre un mundo privado y a la venta, y nuestras vidas y necesidades.

Si ya en la primera infancia la figura del policía nos es inducida caricaturescamente bajo el esquema de policías y ladrones junto a la noción del castigo, con el desarrollo de la adolescencia y juventud en nuestra clase se presenta encarnada en el hostigamiento constante, una presencia casi metafísica del control del Estado: los pacos. La prepotencia y abuso de poder de estxs descerebradxs a sueldo, como contra cara de la “noble” figura del “carabinero” servicial y protector, desarrolla dentro de lxs proletarixs, cada vez más temprano, un cúmulo considerable de rabia y rechazo hacia esta representación estatal (quizás la primera y más ostensible expresión del Estado en nuestras vidas).

 Asimismo, la policía también se presenta como el primer enemigo de la movilización de lxs proletarixs: huelga, marcha o mitin, e incluso una olla común, funcionan como pretexto para que la violencia del Estado se deje caer rápidamente bajo la figura del control policial. En la historia, la policía y el ejército cuentan -con orgullo para ellos- con cientos de matanzas sobre la clase trabajadora desarmada alrededor del mundo. Para no ir tan lejos, podemos recordar lxs más de 30 muertxs en 6 meses desde el “estallido social” del 18 de octubre en este territorio.

No es de extrañar entonces que el principal objetivo de las incipientes revoluciones de nuestro tiempo sean las policías: en todo el mundo se odia a lxs pacxs. Sentimiento manifiesto en la proliferación de consignas anti policiales y en la reivindicación en contra de estas instituciones. No es de extrañar que los asesinatos que cometen sean gatilladores de revueltas; como en los últimos años ocurrió con las muertes de Alexandros Grigoropoulos en Grecia, Camilo Catrillanca el 2018 en la Araucanía, y hace solo unos días, las de George Floyd y Giovanni López en Estados Unidos y México.

Antagónicamente, la burguesía más recalcitrante defiende a estas instituciones con especial fervor. En la nostalgia de las viejas relaciones serviles, la policía y los ejércitos encarnan platónicamente toda la herencia de la ideología burguesa: los uniformes, el orden y la patria, la familia, el trabajo y la propiedad. En este romance aleonan y protegen a sus siervos sin tapujo alguno. Les ofrecen garantías y su total apoyo, pues saben que en ellos radica la verdadera frontera para la existencia de su riqueza. Obviamente, como todo en la ideología de la burguesía, toda la mistificación de este brazo armado del capital se cae a pedazos cuando miramos más de cerca. Toda la palabrería republicana y patriota se traduce en desfalcos millonarios, narcotráfico, robo y el más profundo odio hacia el proletariado, a quienes dicen defender.

Con la excusa del coronavirus, hemos visto toda esta violencia exacerbada y al control militar y policial de las calles mostrando impunemente su peor cara, mientras lxs proletarixs mueren en sus casas, en las calles o a la espera de atención médica. En medio de la crisis sanitaria y económica, la principal preocupación del Estado ha sido blindarse, desplegándose en los territorios e invirtiendo fondos públicos en seguridad -su seguridad-, tal y como lo viene haciendo en la Araucanía desde hace décadas y, por si fuera poco, desplegando una especial violencia los últimos meses[1], tal como se ha visto las últimas semanas en los cerros de Viña del Mar y Valparaíso.

La revolución de nuestro tiempo es profundamente anti policial porque conservan en su seno toda la violencia descarada que se nos ha impuesto por siglos, porque ha constatado en actos que toda esa violencia no se justificaba más que para enriquecer a unxs pocxs; ha reconocido que este mundo ha sido construido en nuestra contra y que en él no hay futuro alguno. La revolución actual es anti policial y anárquica y esto puede significar tanto su éxito como su fracaso; el rechazo intrínseco hacia las instituciones policiales puede convertirse en un límite para el movimiento cuando es incapaz de comprender que lo trascendental no son los guardianes del reino mercantil, sino la relación social misma de las mercancías. Efectivamente, la rabia anti policial, si fuera mundial y unísona, podría romper con la barrera que sostiene el sistema social de lxs ricxs, pero, si no se expresa en una estricta reorganización social de la vida en base a la comunidad, esta barrera se volverá a levantar fácilmente. Detrás de la violencia irracional de los cuerpos policiales está la irracionalidad de un mundo donde las cosas dominan a los seres humanos, y aisladxs todxs y cada unx solo podemos encontrarnos por medio de esas cosas, y aquí radica lo central de la cuestión: la superación de esta forma de relación social se desarrolla en un plano independiente del enfrentamiento con sus aparatos armados. Salir y devolver toda la mierda en la que nos han enterrado no es un acto de simple y necesaria venganza, sino una transformación total que reconcilia a la humanidad misma con el mundo entero.

¡Revolución mundial contra la policía y todos los Estados!

¡El capitalismo es solo más miseria y catástrofe!

¡Vivir sin capitalismo es posible!

Vamos Hacia la Vida

Nota

[1] Es en este contexto donde hemos visto la más descarnada violencia de lxs pacxs y donde más gráficamente se expresa su relación con la clase capitalista, en una verdadera guerra por la recuperación del territorio de sus patrones de la industria forestal. El pasado 4 de junio se cobró la vida del comunero mapuche Alejandro Treuquil, quien semanas antes había denunciado el constante hostigamiento policial hacia su comunidad.

1° DE MAYO: “ME MATAN SI NO TRABAJO, Y SI TRABAJO ME MATAN”

Extraído de Proletarixs en Revuelta

Levantarse en una mañana fría, sin haber descansado bien, pensando con angustia sobre el futuro. Ir a esperar micro o metro, junto a una gran cantidad de personas que, al igual que unx, deben ir al trabajo. El transporte también va lleno. ¿Cuál era la distancia segura? ¿Un metro y medio? ¿Dos metros? Lo único seguro es que es imposible mantenerla. La locomoción colectiva está hecha para transportarnos hacinadxs. Mientras más personas entren en un menor espacio, mejor. Mejor para los que lucran con ello, claro. Pero no importa. Debemos seguir. Llegar al puesto de trabajo, probablemente en un espacio cerrado, con mala ventilación, pocas y limitadas medidas de resguardo, exceptuando las que nacen de la propia iniciativa individual o colectiva. Y así toda la jornada laboral, expuestxs al riesgo que los medios se encargan de convertir en paranoia. Termina el día, vuelta a casa. Una hora o más viajando. Mismas condiciones insalubres que en la mañana. Y el hogar, que por todos los medios oficiales se publicita como un lugar seguro, en el que debiéramos encontrar cariño y refugio, a menudo no es más que una fría reanudación de las relaciones opresivas y mercantilizadas de la sociedad entera. Los casos de violencia y abuso contra mujeres y niñxs se multiplican. Pero no se puede escapar. Afuera, el toque de queda, la amenaza uniformada que hace unos meses ha vigorizado su impune brutalidad. ¿Dejarlo todo? Significaría asumir el hambre, quedarse sin techo, sin acceso a los mínimos servicios que este sistema puede ofrecer. Sí, el trabajo nos mata por acción u omisión. Y esta realidad, atenuados unos aspectos, recrudecidos otros, se repite en todo el país. En todo el planeta.

Y es que este mundo gira en torno al trabajo. Nuestro trabajo. Es decir, nuestra explotación. El riesgo de contagiarnos por COVID-19, de esparcir el virus en la población, no puede poner en riesgo la “vida” de la economía. Así lo han reconocido abiertamente empresarios y políticos. “Hemos optado por seguir operando, (…) parar es una sobrerreacción que no tiene sentido” (Arturo Clement, presidente de SalmonChile). “No podemos matar la actividad económica por salvar vidas” (Carlos Soublette, presidente de la Cámara de Comercio de Santiago). Arranques de honestidad de la clase dominante, que confirman lo que todxs, de una u otra manera, ya sabemos.

Para asegurar la continuidad de este modo de vida basado en la explotación, el trabajado ha sido revestido de un aura de santidad. Existe toda una moral construida en torno a él. Pareciera ser lo más natural del mundo: que nuestras vidas sean consumidas en labores la mayor parte del tiempo desagradables, cuya utilidad desconocemos o no nos interesa conocer, con el único fin de asegurarnos lo mínimo para sobrevivir y volver al día siguiente a producir. Y consumir. Sin parar.

Pero la actividad humana creativa, intelectual y física, no se despliega bajo la forma del trabajo como se nos presenta hoy. Todo lo contrario. Se encuentra secuestrada y sofocada por este. La función del trabajo en la sociedad capitalista es solo generar ganancias para la clase propietaria. De esta forma, la humanidad queda despojada de la capacidad de decidir sobre su presente y porvenir. Se encuentra alienada. Física y mentalmente. Son las cosas que producimos en la explotación del trabajo, las mercancías, las que finalmente nos poseen. No nosotrxs a ellas, aunque paguemos por tenerlas. El salario con el que pagamos es la fracción que la clase capitalista nos asigna, luego de quedarse con buena parte del valor que generamos (plusvalor), para que sobrevivamos y mantengamos en circulación las mercancías y el dinero. A su vez, el trabajo determina roles en la sociedad dependiendo de nuestras características biológicas (sexo, “raza”), que perpetúan y maximizan sus beneficios.

Ahora, quieren acostumbrarnos a su desvergonzadamente anunciada “nueva normalidad”. El show debe continuar, la economía no puede verse amenazada, tenemos que volver a nuestros puestos de trabajo, aunque bajo anuncios de planes de “retorno seguro”.

Son las aglomeraciones directamente relacionadas con la dinámica del trabajo las que concentran el mayor riesgo de contagio de COVID-19: en el transporte público y en los mismos centros laborales. Estos sitios no han detenido su continuidad. Sin embargo, se restringen aquellas actividades que conllevan menos peligro de contagio, como paseos por parques o plazas, que no exigen hacinamiento alguno. Se endurece la dictadura de la economía. Se implementan por la fuerza los sueños de nuestros patrones: de la casa al trabajo, del trabajo a la casa. Se permite en el intertanto un paseo por los templos de consumo. Producir y consumir. Militares en las calles. Aislamiento social. Que no quede rastro de comunidad.

La pandemia del coronavirus ya no deja espacio para dudas. La naturaleza asesina del trabajo ha quedado totalmente al descubierto.

Pero también hace solo unas semanas colmábamos las calles de vitalidad subversiva. No nos hemos olvidado de aquello. La normalidad que nos condena a la enfermedad y la muerte parecía saltar por los aires. Ni la represión ni el encuadramiento demócrata lograban plenamente su objetivo de desactivar la revuelta. Hoy debemos prepararnos para protagonizar un nuevo capítulo en la lucha por recuperar nuestras vidas contra la dictadura del Capital.

Tal como hace más de un siglo el movimiento obrero se alzó en Estados Unidos, como lo hacía en todo el mundo, contra la explotación, exigiendo trabajar menos, hoy retomaremos una nueva oleada revolucionaria, por emanciparnos de nuestra condición de esclavxs asalariadxs.

Combatamos las medidas del Capital, que solo aplicarán represión para intentar contener una crisis que le es inmanente e inevitable. Defendamos la autonomía de clase frente a toda la institucionalidad burguesa y sus agentes que pretenden erigirse como nuestrxs representantes.

No por nada la palabra “trabajo” deriva del latín “tripalium”, instrumento de tortura similar a un cepo. Abajo el trabajo. Viva la actividad humana libre de toda explotación y mercantilización, solidaria, comunitaria y creativa.

¡ABOLICIÓN DEL TRABAJO!

[Panfleto] ¡Para mantener la revuelta debemos extenderla!

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Por más anuncios, fechas de caducidad y paquete tras paquete de la más pura represión, la revuelta se mantiene y lxs proletarixs se niegan a soltarla.

Algunxs afirman que aún no se ha conseguido nada mientras la izquierda más rancia pacta con la impunidad para que volvamos a la normalidad.

Sin embargo, hoy, y a medida que los días pasan, nuestra más firme certeza es que la revuelta es lo único que nos queda a todxs lxs desposeídxs de este territorio: nuestra única garantía y situación en la que no somos meras mercancías, con la miseria total que esto conlleva.

Pero la protesta misma sufre los desgastes de su propio desarrollo y el Estado apunta a este factor como su principal fortaleza en nuestra contra.

Tras conseguir el pacto transversal de la burguesía parlamentaria y asegurarse el apoyo político en su labor represiva cada vez mas criminal, el Estado usa la difamación para también quitarle el apoyo social a las expresiones más decididas de nuestra clase. A lo largo de estas semanas hemos visto desde incipientes montajes de “saqueos” a las ferias libres, una dudosa rienda suelta de ataques dirigidos a pequeños negocios hasta la deriva armada de la histeria burguesa. Todo esto mientras se reprimía brutalmente a las barricadas en las esquinas aledañas, quedando en evidencia su estrategia: el aislamiento y la difamación del proletariado para su posterior reconducción.

Asimismo, la represión directa, el seguimiento, la detención de compañerxs en el contexto de las marchas y la política de prisiones preventivas desatada (con el consiguiente trabajo que esto significa) se ha demostrado también como parte de la misma maniobra de desmovilización. El terror hacia el movimiento: la única arma mediante la cual el Estado pretende neutralizarnos.

Ante esto, nuestra principal herramienta ha sido la organización social y en los territorios. La comunicación de nuestra clase repele la ofensiva comunicacional del Estado e identifica bien sus intentos de distracción, aporta en la contención de la prisión política, y lo más importante: revitaliza y extiende la revuelta misma dándole el salto cualitativo que necesita.

La revuelta se extiende en la movilización de nuestra clase

¡Todo el poder a las Asambleas!

¡Libertad a los Presxs Políticxs de la revuelta!

¡Vamos hacia la vida!

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[Panfleto] Año nuevo: Adios al viejo mundo del Capital

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Adiós al nuevo mundo del Capital

Cada 31 de diciembre, millones de personas nos preparábamos para comenzar, como nos decían, un nuevo ciclo. Pero después de la fiesta y las vacaciones, nuestras vidas seguían siendo tan miserables como antes. Nada cambiaba, sólo los números en los calendarios. El 18 de octubre, con la revuelta, comenzó algo nuevo: aquellxs que jamás habíamos cruzado una palabra en la calle nos vimos envueltxs en algo en común. Eso es lo que asusta al Estado y a la clase capitalista, por eso es que han matado y mutilado a tanta gente, y por ello es que el pasado 27 de diciembre mataron a Mauricio Fredes, la víctima más reciente de la represión policial.

Lo que ocurre en Chile, está ocurriendo en muchas otras partes del mundo, se trata de un movimiento internacional que podría llevar a la humanidad hacia otro tipo de sociedad. Si en este sistema todxs sentimos que nos falta tiempo para hacer lo que realmente queremos, no es porque la naturaleza y el tiempo del universo estén en nuestra contra, ya que lo que realmente sucede es que vivimos bajo la dictadura del capital que convierte a la vida humana en un medio para crear ganancias monetarias. Pero hemos despertado, y ya no queremos ser cosas, queremos vivir una vida creada por nosotrxs mismxs y que se adecue a nuestras necesidades y deseos.

Parece un sueño difícil, una utopía, pero no lo es. Nosotrxs participamos todos los días en la creación de un mundo que nos es ajeno y que es cada vez más funesto y nocivo. Y nosotrxs podemos cambiar esta realidad: ese será el verdadero comienzo de nuestra nueva vida. La revuelta nos ha traído verdaderos momentos de felicidad, de encuentro colectivo, de juego, de fiesta, de amor… siempre estuvimos allí, unxs al lado de los otrxs, pero hasta ahora nunca nos habíamos encontrado como seres verdaderamente humanos. La alternativa es clara: revolución o lento suicidio cotidiano, revuelta generalizada o esclavitud asalariada. Contra la dictadura de los relojes, de las alarmas, de las listas de espera… ¡que viva el tiempo infinito de la comunidad humana!

¡Feliz primer año nuevo de nuestras nuevas vidas!

¡Ya no hay vuelta atrás!

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La Oveja Negra #66 – EN TIEMPO DE REVUELTAS: CHILE Y ECUADOR

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NRO. ESPECIAL (32 páginas)

¡VAMOS HACIA LA VIDA!
Reemergencia global de la lucha
Una acción común contra el Capital

REVUELTA EN ECUADOR
Solidaridad
Represión y criminalización
Carta desde el pasado
Breve balance
Un mes después del Paro Nacional…

REVUELTA EN CHILE
«¡Evade!»
¿Guerra?
¿Vuelta a la normalidad?
Sobre las asambleas constituyentes
Notas provisionales…
Esto no termina…
Cuadros:
Primer detenido bajo la Ley de Seguridad Interior del Estado por las revueltas de octubre: Roberto Campos
Izquierda en Ecuador, derecha en Chile
Contra el patriotismo

Anexos:
• Haití: ¡Viv Revolisyon!
• Bolivia: Revuelta y Golpe de Estado

[Chile] Contra la religión y la iglesia ¡sabotaje e insumisión!

La cólera proletaria que agita en diversas ciudades del Estado chileno, hizo esta vez una peculiar demostración de fuerza y crítica antagonista en la capital Santiago el 8 de noviembre, donde compañeros anarquistas  saqueron, destruyeron e incendiaron el inmoviliario de la parroquia «la asunción».

Celebramos y  reivindicamos el contenido de estas acciones contra la mayor institución jerarca defensora del capital, misógina y pederasta, aliada de los milicos y los torturadores.

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[Chile] Asambleas territoriales: órganos autónomos de la comunidad de lucha

Afiche pegado en las calles de la ciudad de La Serena: «¡Todo el poder a las asambleas! Vida o catástrofe, el porvenir es incierto, pero hemos sabido navegar en aguas turbulentas. A construir comunidad de lucha contra la dictadura empresarial».

El terreno fértil de la insurrección en Chile trajo como su principal fruto las asambleas territoriales, instancias auto convocadas por los pobladores de todo el país como canal para resolver las necesidades inmediatas de la lucha y su propagación. En ellas se está debatiendo las medidas, horizontes y reivindicaciones de este movimiento. En muchos casos, con un fuerte carácter anti institucional y anti partidista. Las asambleas reflejan, de forma embrionaria, la necesidad real del proletariado para dotarse de órganos de poder representativos de la clase, que defiendan e impongan sus necesidades hasta el último aliento, sin tranzar con la clase política.

Estas organizaciones, aún incipientes, manifiestan el sentir y la necesidad de incidir directamente en la realidad, cuestionando la soberanía de nuestra vida al Estado y al Capital, ya que, en la práctica, organizarse colectivamente para resolver nuestros problemas, y profundizar esta lucha, expresa una disputa contra el Estado por el control y dirección de la vida en sociedad. Por ello es necesario que estas asambleas se planteen autónomas, dirigiendo el diálogo hacia los mismos explotados y no hacia la institucionalidad burocrática: son los propios intereses de clase los que están en juego y será enfrentando sus limitaciones que recuperaremos todo lo perdido, no mediando entre las bases y el Estado.

Al ser un órgano barrial, las asambleas están inmersas en la cotidianidad del territorio, por ello su funcionamiento es su principal arma. Su capacidad de cubrir expansivamente las necesidades de la lucha como el abastecimiento, la auto-defensa, la salud, el transporte, las comunicaciones, la solidaridad con sus presxs, etc. será la fuerza que las dotará de legitimidad. En este sentido, las asambleas son la expresión autónoma de la comunidad que auto-organiza sus necesidades y su lucha contra el Estado y el Capital. Es por ello, que su funcionamiento NO PUEDE agotarse en los petitorios o en la asamblea constituyente. Entendemos que muchas personas aún creen en las cantinelas social-demócratas y en que el Estado pueda resolver sus problemas inmediatos, pero sabemos que eso no ocurrirá, de hecho, se agudizará la precarización, es esencial que para cuando el estallido revolucionario comience, este preludio haya servido para sacar las mejores lecciones: fortalecer las asambleas y su carácter autónomo, que son nuestro principal triunfo hasta ahora.

Este ciclo de luchas recién inaugurado será de largo aliento. La insurrección que desbordó Chile estas últimas semanas sigue en curso y nada parece presagiar que acabará. La caja de pandora de la revolución social comenzó a abrirse y la tarea de crear poder territorial se ha puesto a la orden del día. Esto ha dispuesto las alarmas en toda la clase política, de izquierda a derecha toda la institucionalidad burguesa ha movido sus hilos para anular o cooptar estas instancias autónomas de organización. Su principal estrategia es conducir el movimiento hacia sus estrechos marcos de representatividad política, para ello dispuso de “cabildos” que sistematizan las demandas y “suben” los petitorios. Aquí el Estado es el único interlocutor posible y las posibilidades de diálogo comienzan y terminan en las soluciones que éste pueda darnos. No permitamos que las asambleas se conviertan en correas de transmisión del Estado.

Sabemos que cualquier intento por humanizar el Capital se topará con una crisis mundial de valorización en proceso, que esta vez trae añadida una crisis ambiental que, para muchos expertos, comporta la crisis terminal del Capitalismo. Desde Grecia hasta Ecuador, gobiernos de izquierda tuvieron que ceder ante las exigencias del banco mundial y aplicar paquetes de austeridad que precarizan a los mismos de siempre: la clase trabajadora. La socialdemocracia siempre será el “paco bueno” cuidando las garantías del FMI y de sus burguesías nacionales por sobre cualquier otro interés.

Hasta ahora, este movimiento se ha llevado a cabo principalmente en las calles, la protesta callejera espontánea ha paralizado el país principalmente a partir del enfrentamiento con la policía y la interrupción de la circulación capitalista. Barricadas, cacerolazos, saqueos e incendios han sido parte del arsenal proletario para enfrentarse al poder. Su contenido es “contra todo”, contra la totalidad del sistema que nos mata lentamente. El movimiento asambleario está llamado a ser quien dote de contenido a la protesta callejera, quien ponga en el tapete las soluciones reales a las necesidades del pueblo, así como también, quien anime las actitudes y valores que posibiliten una nueva forma de vida: la solidaridad, el espíritu de comunidad, el cuidado recíproco y la ofensiva insurgente serán la debacle del modo de producción capitalista.

Sin embargo, es necesario y URGENTE que estas asambleas se extiendan a los lugares de trabajo, principalmente a los sectores productivos estratégicos. Que instalen el cuestionamiento radical del modo de vida capitalista hasta las últimas consecuencias y se traslade el horizonte productivo de la capitalización infinita a la satisfacción de las necesidades humanas. Ejemplos históricos como los Cordones industriales o los Comandos Comunales pueden ser vitales para comprender el transito que cursamos. Ningún cambio será posible si los trabajadores no tenemos el poder de los medios de vida y producción en nuestras manos, si no tomamos el control de la riqueza que generamos para decidir <cómo> y <para qué> producir. No se trata de aprender a gobernar y auto-gestionar el Capital, se trata de crear una nueva forma de vivir. La economía entera depende de nosotros y temblarán cuando sepan que nos dimos cuenta de aquello.

La historia nos demostró que el Estado, como forma de garantizar las condiciones de vida, siempre será una forma de garantizar la dominación de una clase por otra, de perpetuar el Capitalismo. Con o sin cambio de constitución, el Estado siempre velará por perpetuar la explotación, dejando intactas las verdaderas bases de todo, la propiedad privada y el trabajo asalariado. Al fragor de esta lucha, vamos creando nuestras propias herramientas para destituir lo existente y forjar un mundo nuevo. El preludio de la revolución ya comenzó.

¡¡¡TODO EL PODER A LAS ASAMBLEAS TERRITORIALES!!!

***

¡LIBERTAD A TODXS LXS PRESXS DE LA REVUELTA PROLETARIA!
¡VAMOS HACIA LA VIDA!

La revuelta no para y la conflictividad aumenta: lxs proletarixs comienzan a atacar los barrios de la burguesía comercial mientras el gobierno anuncia un nuevo paquete represivo tras reunirse los altos esbirros de la «seguridad». El Estado sabe que su lucrativo oasis está en juego y lo defenderá con uñas y dientes.

¡A extender la solidaridad de clase y la organización!

La caza de brujas ha comenzado. Históricamente, ante la posibilidad de perderlo todo en una revolución social, la burguesía despliega todo su aparato terrorista para dividir e intimidar a las masas insurrectas. En la región chilena, ante la gran revuelta social que la sacude, la democracia -verdadera dictadura del capitalismo-, ha lanzado a la calle a sus sicarixs armados, al ejército y a la policía militarizada, para reprimir masiva y cruelmente con el consentimiento pleno de un Estado que promete impunidad y jugosos beneficios monetarios a quienes demuestran su lealtad masacrando, torturando y violando al proletariado en lucha.

Ahora, estamos asistiendo al comienzo de una represión selectiva hacia objetivos de la población civil, personas que el Estado, es decir, la clase dominante, considera como sus más temibles enemigos: mujeres en contra de la violencia patriarcal, defensores de la naturaleza, centros de estudiantes, juntas de vecinos, sindicatos de trabajadores combativos, profesores, etc. Frente a una revuelta generalizada e incontrolada, y ante la perspectiva de una posible revolución social, a la burguesía asustada no le temblará la mano para arruinar la vida de las personas que se han atrevido a romper con la pasividad suicida que caracteriza la “normalidad” de este sistema.

El Profesor Roberto Campos quiere ser castigado ejemplarmente: así pretenden amedrentar a la población: “¿Es usted un profesional con un prontuario penal intachable?”. Eso no importa. Por osar patear un torniquete -símbolo por excelencia de nuestra esclavitud a la mercancía, al pagar para vivir y vivir para pagar- usted será arrojado en aislamiento a la Cárcel de Alta Seguridad, lugar donde el Estado encierra a quienes cataloga como los más peligrosos subversivos. Y, justamente, esta clase de proletarixs son los que más amenazan actualmente al capital, pues con sus acciones ponen en peligro la continuidad de la totalidad del sistema, rompen la normalidad capitalista e inflan de coraje y valentía a las masas rebeldes. Este es solo un caso, sabemos de al menos 400 compañerxs de clase que se encuentran en prisión. El movimiento autoorganizado en asambleas, las minorías revolucionarias, junto a todxs quienes participan del movimiento deben exigir su libertad.

¡Libertad y solidaridad para todxs lxs presxs de la revuelta de Octubre!
¡Exigimos el esclarecimiento inmediato de los crímenes realizados por las fuerzas armadas y la policía durante la represión!
¡No más presxs ni desaparecidxs por luchar!

REVUELTA INTERNACIONAL CONTRA EL CAPITALISMO MUNDIAL

La revuelta proletaria ha explotado a lo largo del mundo confluyendo violentamente en diferentes rincones del mismo. Chile, Ecuador, Irak, Haití, Francia, Líbano, Hong Kong, Colombia, Bolivia, Honduras, Argelia, Sudán… son algunos de los lugares donde en estos últimos meses hemos salido a las calles desatando toda la cólera acumulada durante años. Bastó el anuncio de una subida del subte en Chile, de la tasa de combustible en Francia, del precio del pan en Sudán, un impuesto en las llamadas por redes sociales y en la gasolina en Líbano, o que quitaran los subsidios al combustible en Ecuador, para que como en Irak o Haití, saliéramos desesperados y furiosos ante la imposibilidad absoluta de vivir.

La insaciable sed de ganancia de la burguesía mundial está llevando a la vida en la Tierra a límites inimaginables, la contradicción entre las necesidades de valorización y la vida humana explosionan desde hace años en revueltas que hoy, con la concentración en el tiempo de decenas de revueltas, anuncian una nueva agudización del antagonismo de clases a nivel internacional. Cada barricada, cada protesta que se alza contra los sucesivos aumentos de nuestra explotación, cada corte de ruta, cada saqueo, es un llamamiento del proletariado mundial a luchar contra el deterioro de nuestras condiciones de vida, a extender y afirmar la negación de este mundo, a empuñar y levantar de nuevo la bandera de la revolución social.

Lo que nos anuncian las revueltas que hoy se generalizan por el mundo capitalista no es otra cosa que la reemergencia del proletariado, el regreso del viejo topo que nunca dejó de cavar. La llamada primavera árabe, la revuelta social en Grecia, en Turquía, en Ucrania, o las recientes luchas en Brasil o Venezuela, eran la antesala de un movimiento internacional e internacionalista que hoy lleva el miedo a todos los representantes del capitalismo mundial e insufla esperanzas y fuerzas a los proletarios de todo el planeta.

Desde el gobierno de turno que ejecuta las medidas que imponen las necesidades económicas y suponen siempre una subida de los precios de lo imprescindible para vivir; desde el patrón que nos explota directamente en el trabajo sacándonos nuestra última gota de energía; desde el mercado que nos arroja al desempleo en un mundo en el que si no tienes billetes en el bolsillo sobras y vas directo el matadero; pasando por el banco, o mejor dicho, por los bancos mundiales que aumentan nuestro grado de explotación con todo tipo de medidas de expoliación que hace que esos mismos billetes valgan cada vez menos en nuestras manos; desde cada chute más de ganancia que ejecuta la burguesía mundial a costa de envenenar el aire, el agua, la tierra, nuestra sangre o lo que comemos, pasando por todas esas innumerables organizaciones, sindicatos y partidos de izquierda y de derecha que representan “alternativas” al interior del capital y que sirven para perpetuarnos en nuestra condición de esclavos… a todos y cada uno de ellos van siendo señalados por el fuego de la revuelta como responsables de nuestros sufrimientos, como representantes del capitalismo mundial.

La potencia que ha mostrado nuestra clase en estos meses ha conseguido trastocar incluso los encuadramientos que en algunos lugares la burguesía lograba imponer para fagocitar nuestra lucha. En Hong Kong, el encuadramiento interburgués recula por la fuerza de la lucha internacional que arrincona algunas de las consignas de nuestro enemigo y determina a los proletarios a delimitarse de las mismas. Hasta en Cataluña, donde el nacionalismo parece omnipotente dirigiendo un espectáculo que arrastra al proletariado a negarse como fuerza revolucionaria, han aparecido consignas y prácticas de minorías que expresan que la fuerza revolucionaria sólo se abrirá paso fuera y contra la trampa de las banderitas nacionales.

Claro que, dicho todo esto, subrayando la importancia histórica de lo que estamos viviendo y que tiende a afirmarse en la práctica como movimiento proletario internacional e internacionalista frente a todas las tentativas de la burguesía por reprimirlo, ocultarlo, canalizarlo, deformarlo, fraccionarlo… no dudamos ni un momento que no es más que el comienzo de un proceso largo y complejo. Es difícil predecir los pulsos y desarrollos que tendrá, las idas y venidas, pero indudablemente avanza ya hacia una confrontación cada vez más internacional y generalizada, cada vez más violenta, cada vez más decisiva.

Si bien estamos ya reventando de hambre, enfermando de todas las maneras posibles y asfixiándonos por todo lo que da empuje a la economía a costa de nuestra vida y la de nuestro planeta, lo que está por venir es todavía peor. La catástrofe capitalista que se viene encima es incomparable con lo que se ha vivido hasta ahora. Las insaciables necesidades vitales de la economía capitalista piden sacrificar al ser humano y a todo lo viviente en el altar de la ganancia. Pero los proletarios hemos retomado la vía que abre la puerta a otro futuro: la pelea, la lucha intransigente por imponer una transformación radical, el ataque a las diversas instancias y representantes del capital, la afirmación en las calle de innumerables rincones del mundo de la comunidad de lucha contra el capital.

Ante la fuerza de la revuelta internacional, el capitalismo mundial responde como no puede ser de otra manera, con todo su arsenal terrorista. Durante estas semanas de protestas la democracia del capital nos recuerda que su dictadura es la más brutal que ha conocido la humanidad. Policías, antimotines y milicos salen a llenar de sangre las calles, a destrozar cuerpos, a encerrarnos, a asesinarnos, a dejarnos sin suministros y sin abastecimiento para hacernos recular, para meternos el miedo y que abandonemos las calles, para mostrarse invencible. Centenares de muertos, decenas de miles de detenidos y encarcelados, hombres, mujeres y niños mutilados y torturados por las armas que usan contra nosotros, ciudades y barrios desabastecidos para que regresemos a nuestras casas y se añore la vuelta a la tranquilidad de los cementerios.

Pese a que en algunos lugares tratamos de responder a todo ese terrorismo creando ollas y cocinas comunitarias, albergues, espacios para cuidar a nuestros hijos más pequeños mientras otros pelean en las calles, centros para tratar a los heridos y refugiar a compañeros, y también respondemos con la violencia revolucionaria, tomando por la fuerza lugares de abastecimiento, atacando a los medios de comunicación del capital, consiguiendo y repartiendo armas con las que defendernos y atacar al terrorismo del Estado, intentando que el miedo cambie de campo, intentando responder a su terrorismo expresándonos como comunidad de lucha, como comunidad solidaria, lo cierto es que aún no tenemos la fuerza suficiente para responder como se necesita al terrorismo del Estado. Es cierto, los milicos y todo su arsenal asesino no nos ha hecho retroceder, y la resistencia en las calles nos llena de determinación y coraje. Sin embargo, cuando el ejército sale a las calles a desplegar todo su terror, pese a la existencia de minorías que mantienen el pulso de la lucha y tratan de dar directivas, todavía somos incapaces de dar un salto cualitativo que cristalice en insurrección. La necesidad que hoy se nos plantea en cada revuelta es cómo profundizar y desarrollar esa insurrección.

Tenemos que retomar la senda del pasado, recordar lo que hicieron nuestros hermanos de clase entonces, cómo se cristalizaron las insurrecciones pasadas que lograron desestabilizar al Estado. Tenemos que recordar cómo se desestructuró a los cuerpos represivos, cómo se descompusieron los ejércitos, cómo enormes franjas de milicos se negaron a disparar contra la revuelta o más aún, se pasaron con la armas a su lado. La descomposición del ejército siempre fue y será un salto de calidad fundamental en toda revuelta proletaria.

Tenemos también que retomar la creación de estructuras para el abastecimiento, para la autodefensa, organizar el asalto a los centros de armamento para cristalizar las necesidades insurreccionales del enfrentamiento. Pero también necesitamos saber cuándo replegarnos en los momentos en los que la correlación de fuerzas nos es desfavorable, manteniendo la fuerza colectiva para evitar que el Estado nos barra. A veces puede ser necesario el repliegue, que no el abandono, para estructurarse, ampliar el asociacionismo y la estructuración proletaria internacional. Necesitamos también sacar a los presos, a los detenidos, etc. Pero sobre todo necesitamos que todo esto sea materializado como expresión y dirección de nuestra comunidad de lucha contra el capital. Toda tentativa de eludir la necesidad insurreccional y desarrollar en su lugar una guerra entre aparatos, o la de escindir de la propia comunidad de lucha la organización de la violencia como tarea de específica de un grupo guerrillero, son caminos que liquidan la fuerza que estamos generando. Como lo son también todas las peticiones de derechos humanos, o las exigencias de dimisiones de responsables del Estado, formas de integración democrática. Sin embargo, estamos convencidos de que nuestra comunidad de lucha aprenderá no sólo de su propia experiencia actual, sino que esa misma experiencia le hará reencontrarse con su propio pasado para buscar las formas de asumir estas necesidades. Como en Irak, donde los proletarios lanzan consignas refiriéndose a la insurrección de 1991.

No podemos obviar que el orden social existente no sólo combate nuestra lucha con balas y milicos que se lanzan contra las barricadas, sino con un conglomerado de ideologías y fuerzas que maniobran para destruir toda contestación social. Y lo que es más peligroso, esas mismas fuerzas, aprovechando nuestras propias debilidades y límites actuales, se presentan como parte de nuestra comunidad de lucha, llevando a muchos sectores de nuestra clase a identificarlas como tal. Las “soluciones” nacionales o nacionalistas, los espectáculos de asambleas constituyentes, los pedidos de depuraciones democráticas o cualquier otra reforma al interior del Estado son balas más dañinas que las que tiran los milicos, pues van dirigidas al corazón de nuestro movimiento. De nuestra determinación a contraponernos y enfrentarnos a esas fuerzas de la contrarrevolución depende la perspectiva revolucionaria, el latido de ese corazón comunitario.

No hay que olvidar que también es fundamental asumir todas una serie de tareas en los lugares donde la paz social no se acaba de romper. Claro que las mismas no tienen nada que ver con limitarse a la cuestión antirrepresiva o/y movilizaciones en embajadas y consulados que son terreno abonado para discursos reformistas y de derechos, con quejas y condenas contra los “excesos del Estado”. Ni por supuesto con defender la revuelta en tanto “pueblo que no aguanta mas” y que es “reprimido brutalmente”. Estas prácticas permiten precisamente a fracciones progresistas liquidar la verdadera solidaridad de clase, hacer de la revuelta y su necesidad algo de otros lugares, ajeno, lo que justifica negarla en su propio territorio defendiendo la paz democrática y los llamados a votar al mal menor. Por el contrario, la solidaridad de clase defiende la revuelta como expresión de nuestra comunidad de lucha contra el capital, como una misma lucha contra un mismo enemigo mundial. Claro que, las necesidades y tareas que se pueden asumir en los diversos lugares viene condicionada, no por la voluntad o determinación de grupos militantes, sino por la correlación de fuerzas locales. Desde luego es necesario crear instancias y comités de solidaridad, para centralizar y difundir las distintas informaciones de la lucha, así como lo que se realiza al interior de la revuelta (la sociabilidad, los saqueos, la organización comunitaria, la autodefensa, los comunicados compañeros etc.), para contraponernos a las mentiras de los medios de comunicación, a las canalizaciones socialdemócratas; para crear redes de ayuda con los refugiados, etc. En definitiva, hay que impulsar la estructuración de nuestra comunidad de lucha internacional, buscar formas de satisfacer las necesidades que se nos plantean en la lucha y saltar los obstáculos que nos encontramos.

La revuelta proletaria que hoy pone patas arriba al capitalismo mundial deja en evidencia, frente a todos los que quieren hacernos creer que la revolución es imposible, que la única alternativa del ser humano al capitalismo es la revolución mundial. La propia lucha y lo que cristaliza, nos da la certeza de que la humanidad puede destruir esta forma de vivir basada en la comunidad del dinero, mandarla al basurero de la historia, y desarrollar una nueva sociedad basada en la comunidad humana y su unidad inseparable con la Tierra.

¡Desde diferentes países y distintos escenarios, una misma lucha contra el capitalismo!

¡Organicemos internacionalmente nuestra comunidad de lucha!!

Afuera y en contra de sindicatos y partidos

¡A profundizar la lucha contra las relaciones sociales capitalistas!

Proletarios Internacionalistas

[CHILE] LOS EXPERTOS NO PASARÁN!

AVISO DE UTILIDAD PÚBLICA:

A PROPÓSITO DE LA AGONÍA DEL VIEJO MUNDO

Deploramos sus ofertas y demandas de educación, salud, transporte, pensiones, etc. ¿Por qué deberíamos aceptar seguir siendo parte de los campos de concentración donde el mercado elige sus esclavos? ¿Para qué querríamos ser “sanos funcionales” en un mundo que nos enferma? ¿Y qué ganas podríamos tener de llegar más rápido a los centros de explotación que devoran nuestra energía vital?

Poco importa que estas cosas pudieran conseguirse “gratis” con una “justa redistribución a través de los impuestos”. ¿Pagarían realmente los grandes terratenientes agrícolas del Aconcagua o las mineras? ¿O, más bien, continuarán pagando los territorios que desertifican, los ríos que secan, las aguas que contaminan?

No nos interesa perfeccionar nuestra integración a un orden que nos niega. La mirada del hambre ignora el hecho de que una vida asegurada a costa del poder y la riqueza solo es, en última instancia, una vida reducida a la economía.

El humano es el único animal capaz de realizar sus deseos cambiando el mundo y hasta ahora solo ha realizado el intercambio de su fuerza vital por la producción y acumulación de mercancías. La historia que dirigimos con cada paso del progreso no es la de nuestros deseos. Es la historia de una civilización moribunda que hoy está cerca de enterrarnos bajo el peso de su ausencia de vida.

Nos alegra ver cómo son saqueados y arden los supermercados, los bancos, los diarios, las multitiendas, los peajes, las fábricas, los trenes, pero no por el resultado, sino por el cambio de sentido que se produce en tales actos: romper lo que nos impide disfrutar de todo, no tolerar ningún obstáculo al placer.

Sin embargo, sabemos que algunos de estos actos son organizados por las fuerzas represoras del Estado para poner el levantamiento en contra de sí mismo, dividiéndolo entre quienes son pobres y defienden su lugar en el matadero y los que son más pobres y ya están hartos de vivir muriendo. Por eso no nos engañamos ¡romper símbolos no es romper el sistema!

Los amaneceres rojos o negros nos importan menos que la chispa de vida que los enciende. Nuestra pasión se dirige a la superación, a la violencia de una vida que no renuncia a nada y no a la violencia que, desbordada a fuerza de estar contenida, se repliega sobre ella misma y se muerde la cola con la rabia del perro encadenado. ¡Destruiremos lo que nos deshumaniza sin ofrecer nada a cambio!

Renegamos de todos los intelectuales y grupúsculos que se toman por conductores y representantes del “pueblo”. Son ellos quienes se sentarán a negociar con el Estado, los que acabarán diseñando medidas para reorganizar la ruina cotidiana. ¡No aceptaremos otra guía que no sea la de nuestros deseos!

Frente a la supervivencia capitalista, no tenemos otra alternativa más que intentar lo imposible: ¡la potencia de la vida realizada aquí y ahora es el arma que ninguna de sus armas podrá aplastar!

Compañerxs de la región dominada por el Estado chileno 31 de octubre 2019

[Chile] Por nuestrxs hermanxs caídos ¡Cada gesto de revuelta será en sus nombres!

El Estado, su policía y ejército han mostrado su verdadera cara. Los orgullosos defensores “del pueblo” y su gloriosa maquinaria de guerra se despliegan sin pudor como lo que siempre han sido: sicópatas, terroristas, asesinos, violadores y torturadores; defensores autómatas de la propiedad de los ricos. Si a alguien le quedaba alguna duda sobre el rol que han cumplido históricamente estos asesinos a sueldo, hoy la evidencia de su actuar sobre lxs proletarixs nos obliga solo a tomar partido: o se está con un Estado y sistema social criminal, o se está con la humanidad y su emancipación.

¡Nosotrxs no queremos volver a vernos atropellados y humillados! ¡No queremos seguir perdiendo a nuestrxs hermanxs ni queremos nunca más paz con una tropa de asesinos! ¡No nos protegen ni necesitamos que lo hagan!

No queremos reformas ni shows politiqueros para que todo vuelva a ser igual. Queremos que toda la estructura que protege y sustenta la explotación capitalista se evidencie como la más simple brutalidad armada sostenida con una supuesta legalidad que solo rige para lxs pobres. Ninguna agenda social del Estado ni ninguna nueva constitución pondrá límites a una clase que nunca ha respetado ley alguna más que la de sus propias ganancias.

Por todxs nuestrxs hermanxs caídxs ¡Cada gesto de revuelta será siempre en sus nombres! ¡La emancipación de lxs trabajadorxs será obra de lxs trabajadorxs mismxs! ¡Fin al Estado policial!

¡Abajo la constitución! ¡Revolución social!

Anónimo – Chile, 30 de octubre de 2019

[CHILE] ASAMBLEAS DESTITUYENTES POR LA ABOLICIÓN DEL CAPITAL, ESTADO Y TRABAJO ASALARIADO

El ciudadanismo neoliberal pretende Institucionalizar la rebeldía a través de asambleas formateadas y cabildos coloniales, entre la ingenuidad bien-intencionada de algunos y la empatía asistencialista de otros solo lograrán reciclar el orden hegemónico que se reproduce en la sociedad mercado-céntrica, las fuerzas represivas y la acumulación capitalista. Iniciando así un nuevo ciclo de dominación y traición de las revueltas pasadas.

El proceso «constituyente» funciona como aparato de desarticulación de la Comunidad de Lucha encausando las respuestas a la crisis generalizada para apaciguar la cólera de lxs explotadxs y así reconstruir una nueva cotidianidad con el mismo olor que la anterior a la revuelta de Octubre. Desde barrios e instituciones gubernamentales gestionan la carnada lanzada por el consenso neoliberal para desmovilizar la rebeldía a través de diálogo, respeto y tolerancia con quienes solo merecen juicio y castigo, es decir, la burguesía y sus secuaces. Este nuevo «Pacto Social» solo traerá más de lo mismo, ESCLAVITUD Y MISERIA. Nos dicen que la Guerra entre Clases no existe y que es la «unidad nacional» nuestro único salvavidas. Ellos estipulan donde y cuando lo harás, sobre que hablarás, cuanto tiempo te tomará. Tecnócratas amigables profesionales y populares se preparan para dar fin consciente o inconscientemente al último respiro de la humanidad, la lucha final contra el Capital. Nunca podremos construir nueva vida sobre los cimientos de una realidad podrida, agrietar la cotidianidad capitalista y destruir las relaciones sociales capitalistas es tarea inmediata para impulsar un proceso revolucionario eficaz y anticapitalista que no permita la metamorfosis de ninguna forma de dominación humana.

No permitamos que se apague la llama de la revuelta, evitemos que capitalicen nuestra rebeldía y reventemos el ajuste adaptativo de la dominación capitalista. Vida o catástrofe, el porvenir es incierto, pero hemos sabido navegar en aguas turbulentas.

¡Contra lxs dirigentes, contra el Estado que roban los frutos de nuestros combates!

Chile, 28 de ocyubre 2019

ACCIONES DE SOLIDARIDAD INTERNACIONAL CON LOS PROLETARIOS EN GUERRA CONTRA EL ESTADO CHILENO, ECUATORIANO O CUALQUIER OTRO DESDE EL TERRITORIO BAJO CONTROL DEL ESTADO MEXICANO

En solidaridad con las revueltas en Latinoamérica, desde la región mexicana.

El llamado es claro, al estallido de la huelga general, la acción y lucha directa, asambleas territoriales, ollas comunitarias, saqueos y sabotajes; acciones que si bien no exentas de sus limitaciones, imponen las necesidades humanas sobre las del capital y la dictadura del valor. El estallido social que resulta de medidas y reformas económicas e incrementos en el transporte o bienes básicos, que precarizan la vida en las distintas regiones del cono sur, así como consecuencia de la miseria generalizada; impulsan al proletario a constituirse como clase revolucionaria y decidirse a tomar las riendas de su vida en lucha directa y antagónica a las normas mercantiles del Estado-Capital o reventar de hambre.

Los proletarios más conscientes de nuestra condición de clase sabemos la importancia de compartir y asumir su lucha como nuestra, acompañarlos en esta guerra de clases superando toda barrera nacional, sabemos que como sujetos históricos nos desenvolvemos bajo la misma dominación con distintas facetas y fronteras, compartimos la impotencia y las lágrimas, así como los breves momentos de victoria que de cualquier modo nos dejan una lección de vida para las futuras generaciones. En ese sentido una cantidad no definida de proletarios salvajes decidimos mandar nuestro gesto de solidaridad fraterna cortando las vías de comunicación y circulación mercantil en distintos puntos de la Ciudad de México, en el marco de una convocatoria global en apoyo a la causa de inicio. Sigue leyendo

¿CHILE DESPERTÓ?

No, lo que ha despertado es el proletariado que habita y es explotado/oprimido dentro de las fronteras territoriales del estado-nación creado por las clases dominantes en esta parte del planeta.

Pretender subsumir a la clase trabajadora al estado burgués por medio de sus dispositivos democráticos y ciudadanistas es la estrategia que intentarán aplicar las derechas e izquierdas para contener la lucha de clases y evitar que el estallido social se profundice y desemboque en una situación revolucionaria. Para lograr tal objetivo combinarán métodos persuasivos e ideológicos («recuperar la democracia») con el terrorismo de estado expresado en la presencia militar y policial en las calles («combatir la violencia y la delincuencia»).

No debemos como clase dejarnos engañar otra vez por la demagogia y el oportunismo de los burócratas y politiqueros que la burguesía contrata para «representarnos», los «delincuentes de terno y corbata», ni tampoco entregarnos mansamente con los brazos caídos a la barbarie fascista que preparan los verdugos uniformados.

Solo la clase unida y organizada podrá transformar esta crisis del modelo capitalista en Chile en una salida revolucionaria.

Por la Autonomía y Emancipación de los Trabajadores!

Comunismo y Anarquía hasta el fin!

Anónimo, fines de octubre de 2019.

[Radio] Programa 39 de Temperamento – ESPECIAL REVUELTAS EN ECUADOR Y CHILE

http://blog.temperamento-radio.com/content/images/size/w1000/2019/10/por-tercer-dia-consecutivo-declararon-toque-de-queda-en-chile-794923.jpg

Escuchar o descargar programa

Participan compañeras y compañeros de aquellas regiones.
Grabado el 23 de octubre del 2019

En este programa:
-Audio desde barricada en Santiago de Chile (21 de octubre)
Desde Ecuador:
-Balance y perspectiva de la revuelta
– ¡Esto no se ha acabado! ¡Esto no ha hecho más que empezar!
Panfleto anarquista distribuido en Quito (18 de octubre)

Desde Chile:
-Audio agitación revolucionaria en Santiago de Chile (19 de octubre)
– Desde Villa Olímpica: Situación general del movimiento
-Compañero analiza fortalezas y debilidades de la revuelta – Violencia proletaria y autoorganización en los barrios
– Audio: ¡La Revolución es posible!

-Saludos internacionalistas!

Nos acompañan: Raza Humana – Los Prisioneros – Disturbio Menor – Marcel Duchamps – Chico Trujillo – Los Jaivas

[Chile] ¡A TOMARNOS TODO!

¡Hoy la Huelga General es contra la precarización de la vida!
¡A multiplicar las asambleas territoriales!

Piñera junto a los representantes políticos de la burguesía intentaron apagar el fuego de la revuelta con medidas cosméticas que son más de lo mismo. No erradican la precariedad a la que somos sometidos a diario. ¿Podríamos esperar otra cosa? Por esta razón, apostamos a que nuestra clase se articule de manera autónoma, con sus propias formas de organización. Hacemos un llamado a confluir y levantar asambleas autoorganizadas que comiencen a ejercer paulatinamente el poder sobre sus territorios: esto significa coordinarnos para resolver nuestras necesidades directamente. Es primordial romper con el aislamiento y la incomunicación, para encontrarnos, conocernos, y así avanzar en la lucha.

¡Lo han pagado caro, pero no lo han pagado todo!

Más agitación en las calles: