[Publicación] La forma-valor de la mercancía y la autoemancipación de la humanidad proletarizada – Dauvé, Zeroworker, RHF

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“El abismo no nos detiene: el agua es más bella despeñándose.

¡Vamos hacia la vida!”

Ricardo Flores Magón, 1907

Desde VAMOS HACIA LA VIDA queremos poner a disposición de nuestra clase una serie de materiales que alienten el debate y la profundización de contenidos necesarios para su desarrollo como movimiento negador y superador de la miseria capitalista. Esta y sucesivas entregas corresponderán a textos inéditos en nuestro idioma o que precisen nueva difusión respecto a determinadas temáticas.

El presente cuadernillo constituye una especie de mini dossier dedicado a la crítica de la denominada “Nueva Crítica del Valor (Wertkritik)” o “Teoría de la Forma-Valor (TFV)”, corriente teórica que ha gozado de cierta popularidad durante los últimos años, y que desarrolla un conjunto de elementos fundamentales para la comprensión del funcionamiento de la civilización del capital (valor, mercancía, fetichismo). Sin embargo, rechaza la idea de que el colapso de ésta sea el resultado de la confrontación de los intereses vitales, inmediatos e históricos, de la clase proletaria ante las necesidades de la acumulación capitalista.

Se reúnen así tres textos. El primero de ellos, “El panadero y el teórico (sobre la teoría de la forma-valor)”, fue escrito por Gilles Dauvé el año 2014 y aquí se presenta traducido al español por primera vez. Dauvé es uno de los más reconocidos teóricos de la “corriente comunizadora”, tendencia nada homogénea surgida en los años 70, que plantea una profunda ruptura con la concepción etapista del cambio social propia de las ideologías y organizaciones de matriz socialdemócrata, y que se revela como una forma de salvar y perpetuar las categorías básicas de la sociedad capitalista. Por el contrario, el proceso revolucionario debe implementar en su mismo desarrollo las medidas comunistas; “revolución es comunización”, como afirmara en algún momento el mismo autor. El segundo texto corresponde a la traducción desde el portugués de la corrosiva crítica de Zeroworker al grupo alemán Krisis (génesis de la “teoría forma-valor”), que aborda sus limitaciones y pasos en falso, planteando los puntos en común y las drásticas divergencias en las conclusiones. El último escrito del dossier es un artículo originalmente considerado en el borrador del que sería el segundo número de la revista “Revolución hasta el fin” (RHF), pero dada su atingencia, se ha decidido incorporarlo en esta edición. Es un material que surge luego de la visita de Anselm Jappe (figura destacada de la “nueva crítica del valor”) a Chile el año 2014. Recoge algunas de las intervenciones de la asistencia y las correspondientes respuestas de Jappe, realizadas en el contexto de un foro-conversatorio, para posteriormente desarrollar diversos comentarios que polemizan con la relativización que hace este autor de la lucha de clases y la definición misma de las clases sociales.

Vamos hacia la vida

Dinero que incuba dinero

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Aquí el texto completo en formato .docx y .pdf

A modo de prólogo .La mercancía .El dinero 1) Medida de valor 2) Medio de circulación 3) Medio de atesoramiento 4) Medio de pago 5) Dinero mundial El capital que devenga interés 1) El dinero como mercancía 2) El dinero como capital que devenga interés 3) El dinero de crédito 4) El dinero como capital ficticio 5) El juego de espejos .Un mundo sin dinero .Anexo I: Contribución a la crítica de la economía política .Antítesis mercancía-dinero .Medida de valor .Medio de circulación .Medio de atesoramiento .Medio de pago .Dinero mundial .Anexo II: El capital, sección quinta .El capital como mercancía .Funciones del crédito y del sistema bancario .Capital que devenga interés .Capital ficticio .Abolición de la propiedad con el desarrollo del crédito

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No sabemos si perturba o no su sueño, pero la burguesía lleva décadas manteniendo vivo el capitalismo a base de imprimir deuda. Casi se puede decir que esa ha sido su actividad principal. Emitir enormes masas de dinero crediticio, dinero sin una base real de valor, para sortear la crisis de liquidez, estimular la economía, cerrar los ojos y confiar en que todo irá mejor en el futuro. Pero en el futuro las cosas sólo empeoran.

Con la crisis que ha detonado el COVID-19 los burgueses empiezan a encajar algunas piezas del puzzle. Si no hubo una verdadera recuperación económica tras la anterior crisis, quizás tampoco la haya en esta. Si las condiciones que provocaron el coronavirus no van a cambiar, quizás tampoco sea ésta la última pandemia. Quizás la miseria que se agranda a cada crisis vaya a desembocar pronto en fuertes luchas sociales. Quizás las medidas extraordinarias que se tomaron para paliar la crisis de 2008 se están volviendo un poco más ordinarias, por eso aquellos que siempre se han opuesto a aumentar el déficit presupuestario comienzan a ceder. Se prevé una caída del PIB mundial del 3%, la mayor desde la Segunda Guerra Mundial, 195 millones de parados más en todo el mundo y una nueva crisis alimentaria de enormes proporciones. ¿Quién podría oponerse a emitir deuda si eso ayuda a aguantar el temporal?

Pero entonces la izquierda, que siempre es la parte menos avispada de la burguesía, añade: sí, pero puestos a emitir deuda, hágase en la economía real. El Estado tiene la capacidad de imprimir cuantos billetes quiera. Pues que lo haga, pero no en favor de los más ricos, sino de la gente común. A fin de cuentas, ¿qué es el dinero? Papel, impulsos electrónicos: nada. Una excusa para intercambiar mercancías. O mejor: un instrumento que en las manos adecuadas puede resolver los males del capitalismo, aumentar la capacidad adquisitiva de la población y conseguir el pleno empleo. La autonomía de la política y las virtudes de la democracia se demuestran con una política monetaria que sea social y redistributiva, dirigida a remontar los males que nos aquejan actualmente, como la expulsión de enormes masas de trabajo por la automatización de la economía o la difícil transición energética para paliar la catástrofe ecológica que estamos viviendo. Así pues, adelante la deuda. Que fluyan los billetes. Mañana ya veremos qué pasa.

Lo que no entiende la izquierda es que lo que funciona para un grupo de ladrones en la televisión quizá no le sea tan útil a un Estado. Porque el Estado capitalista, mal que le pese, no puede violar la ley del valor. Ciertamente, el dinero de curso forzoso permite un cierto margen de maniobra para falsear los datos y generar una sensación temporal de riqueza, pero la economía acaba por imponerse. Para que el Estado pueda emitir dinero sin que su moneda se desvalorice por completo y ya nadie quiera usarla más que para lo que está obligado, es decir, para pagar impuestos, entonces tendrá que emitir deuda pública. Una parte de esta deuda puede ser comprada por su propio banco central, pero otra parte importante ha de ser ofrecida en los mercados financieros. El carácter nacional de la moneda provoca la apariencia de una cierta autonomía de la política, pero cuando llega al mercado mundial esta apariencia tarda poco en caer. Una moneda emitida en exceso es una moneda devaluada, una moneda a la que le costará más adquirir productos extranjeros y pagar los intereses de su deuda, porque se pagan con dinero mundial. Así que el Estado no puede emitir dinero así, sin más ni más: para hacerlo tiene que emitir deuda y pagar sus intereses.

Pero los acreedores, como el mercader de Venecia, también piden su libra de carne. Cuando se emite dinero crediticio se confía al futuro la producción de valor, esto es, se hipoteca el valor que se producirá en el futuro para poder consumirlo en el presente. Pero esto ha de ser un ejercicio creíble: por ello, un acreedor razonable como el FMI o el mercado de deuda no podrá más que solicitar un aumento de la explotación del trabajo, la única base del valor, a cambio de su préstamo.

Los estados intentaron inyectar liquidez en la economía real tras la crisis de 2008, pero la economía real no podía absorber más liquidez: ya no daba más de sí. El dinero no podía utilizarse para invertir nuevos capitales que continuaran con la producción de valor, porque el valor se está agotando, las ganancias son cada vez más escuetas y antes que nada hay que saldar las deudas que ya se tienen. El endeudamiento es un agujero negro que no deja de absorber la sufrida economía real. Antes del confinamiento, entre el 10% y el 20% de las empresas de Estados Unidos y Europa sólo ganaban para pagar su propio funcionamiento y las deudas contraídas. En el caso de las pequeñas y medianas empresas, la tasa de ganancia es por tanto muy reducida. De ahí que la Fed y el BCE hayan tenido que comprar por primera vez bonos basura de las empresas a punto de quebrar. En el caso de las grandes, no se puede decir que la cosa vaya mucho mejor. Podemos poner como ejemplo a Nestlé, que utilizó los bajos tipos de interés para recomprar sus propias acciones y remontar así su valor bursátil, dado que su deuda triplica las ganancias anuales. Y esto sin hablar del crédito al consumo. Una familia estadounidense necesitaría ahorrar más de dos años para costear un mes sin ingresos. Endeudarse es la única receta económica para un capitalismo que agoniza.

Así, la deuda en relación al PIB mundial pasará posiblemente del 322% al 342% con esta nueva crisis. Esto quiere decir que la masa de dinero crediticio que circula por el mundo triplica ya con mucho el dinero basado en la producción y circulación de mercancías. En definitiva, la deuda llegó para quedarse. Pero no ahora: desde los años 70 el capitalismo ha ido haciendo de la emisión de dinero de crédito y del capital ficticio su único motor. Romper con el tipo de cambio fijo respecto al oro en los años 70 fue al mismo tiempo la consumación de un proceso de varias décadas y el requisito imprescindible para seguir dotando a la economía de liquidez, de oxígeno. Una liquidez que, sin embargo, es cada vez más ficticia.

Aquello que parece su elemento más fuerte, la emisión de dinero crediticio para seguir tirando la pelota hacia adelante, no es sino el punto más débil del capitalismo. Por eso el mercado bursátil se derrumbó antes de que llegara el verdadero parón de la economía con el confinamiento ante la pandemia. Una economía que respira gracias a la mera expectativa de ganancias futuras, muchas de las cuales jamás se realizarán, es una economía de enorme fragilidad. Un castillo de naipes a punto de derrumbarse. Un sistema social que agoniza.

Por eso necesitamos estudiar qué papel cumple el dinero en el capitalismo. Lo haremos desde la perspectiva más general, desde sus categorías más invariantes, hasta la realidad concreta de una catástrofe que no deja ampliarse. Hoy el dinero crediticio es el único órgano de respiración artificial que tiene este cuerpo moribundo. Todo lo que le queda al capitalismo es una casa de papel.

Barbaria   –   mayo de 2020

[Audio] Las categorías básicas del valor

Por Barbaria

A finales de marzo de 2019 hicimos una reunión con las categorías básicas del valor como tema. En ella intentamos comprender estas categorías a partir del fetichismo de la mercancía y de la necrología del capital, a sabiendas que discutir sobre el valor no es hacer una reflexión bizantina sobre cosas inútiles para la lucha, sino todo lo contrario: es comprender cuál es el fundamento mismo del capital para poder destruirlo, y cuál es también la naturaleza del proletariado como su enterrador histórico, naturaleza que emana directamente del suelo de esta sociedad, como un hecho material, tectónico, ineludible.

Nos pareció una discusión que podía ser útil también para otros compañeros. Por eso os invitamos a escucharla aquí.