Mezcla explosiva (sobre el coronavirus)

Extraído de https://rentry.co/mezclaexplosiva

Cada martes a las 21:30 hrs., se lleva a cabo en algún lugar de Italia una «tele-reunión» a través de Skype, en la que participa una decena de compañeros vinculados a la revista N+1. Mediante estas «tele-reuniones» se las arreglan para compartir informaciones y análisis sobre el desarrollo del capitalismo mundial y de la lucha de clases que necesariamente trae aparejado. Así dan cuenta de las posibilidades que este momento histórico nos ofrece para profundizar nuestra lucha.

La telereunión del martes por la noche, a la que se conectaron 12 compañeros, comenzó con la noticia de que una empresa canadiense, BlueDot, había pronosticado, , gracias a la inteligencia artificial, la propagación del coronavirus una semana antes de que la Organización Mundial de la Salud lanzara su alarma sanitaria global.

En nuestro artículo «Big Data a toda velocidad» [1] vimos cómo las técnicas utilizadas para recabar y procesar datos tienen una gran importancia tanto para el comercio como para los estados. China, en particular, ha estado desarrollando durante años un sistema integrado consistente en más de 500 millones de cámaras repartidas por todo el país para mantener a la población bajo control. Cuando se habla de Big Data, hay que tener en cuenta que las enormes bases de datos en manos de gobiernos y empresas, además de procesar la información disponible en la web, rastrean los perfiles individuales mediante reconocimiento facial y de voz, utilizando también dispositivos distribuidos en supermercados, bancos, tiendas, para trazar mapas de preferencias, horarios, hábitos, etc. Estas bases de datos no se comparten sino que son privadas, y la información recogida a menudo se vende y a veces es robada.

La estructura productiva, tecnológica y científica de la sociedad actual está muy por delante de su superestructura política. El mono desnudo del que habla el científico Desmond Morris tiene a su disposición herramientas técnicas muy poderosas, pero sigue siendo un primate, un animal cuyo comportamiento social no difiere mucho del de sus antepasados monos. Por esta razón, la potencia productiva que ha creado puede causar desastres y catástrofes de grandes proporciones. Los datos recogidos en la red se auto-organizan y guardan mucha similitud con la forma de ser de la inteligencia biológica: es el ser humano, que forma parte de la naturaleza, el que ha producido estos sistemas, proyectando fuera de su cuerpo orgánico ciertas capacidades, como las de las redes neuronales. Hoy en día, gracias al uso de Big Data y algoritmos, se puede prever el desarrollo de una guerra, levantamientos sociales o el resultado de una elección política. En su obra sobre el imperialismo Lenin afirmaba que «las económicas y de propiedad privada forman un envoltorio que ya no corresponde a su contenido». En otras palabras: el desarrollo del cerebro social choca con las configuraciones sociales burguesas, propietarias y nacionales.

En el diario La Repubblica apareció un artículo titulado «En el mundo somos 7,7 mil millones de personas y producimos alimentos para alimentar sólo a 3,4 mil millones de ellas de manera sostenible» [2]: dejando de lado las olas de malthusianismo recurrente y tenaz, podemos afirmar que es cierto que el capitalismo tiene grandes dificultades para racionalizar las técnicas agrícolas, entre otras cosas porque una verdadera racionalización significaría la preparación y realización de un plan metabólico de las especies a nivel mundial, con el abandono de las categorías de valor y el paso a una contabilidad en cantidades físicas (kilogramos, julios, etc.).

Ya hoy en día existen organismos que estudian y controlan la evolución de las enfermedades, como la Organización Mundial de la Salud, una estructura supranacional dotada de poder al igual que otras similares, por ejemplo el Fondo Monetario Internacional para la economía o, en el ámbito del comercio internacional, la Organización Mundial del Comercio. La OMS no trabaja por intereses nacionales específicos, aún cuando trabaja por los intereses generales de la burguesía. Obviamente, sus funcionarios, como los de otros organismos internacionales, son pagados con una tasa excedente del valor producido socialmente.

En «Propiedad y Capital» (1948) [3] hay algunos ejemplos de actividades humanas no comerciales e ilimitadas (como el trabajo de los bomberos). El capitalismo en su apogeo ya anticipa la aparición en su interior de actividades sociales en las que no se lleva la cuenta de pérdidas y ganancias. «De hecho, las necesidades más amplias y modernas de la vida colectiva sólo pueden satisfacerse yendo más allá de los criterios mercantiles y de ganancias y pérdidas».

Un virus es un patógeno parásito, ya que se replica exclusivamente dentro de las células de otros organismos. Siendo una cadena molecular muy simple, los antibióticos no pueden atacarla. Por el contrario, las vacunas son en realidad una información para el organismo, que aprende así a reconocer al «enemigo» y prepara el sistema inmunológico para combatirlo. El Ministro de Salud de China, Ma Xiaowei, dijo que la capacidad del coronavirus para propagarse parece haberse fortalecido y que los riesgos de su mutación aún no están claros.

En los peores casos, los virus pueden propagarse de un ser humano a otro y causar una pandemia. Por el momento, las muertes por coronavirus serían alrededor de 150 (3 muertes por cada 100 infectados), pero las proyecciones de su propagación muestran un pico alrededor de marzo-abril de este año. Las megalópolis son excepcionales incubadoras de desastres. Wuhan tiene 12 millones de habitantes, y también se han registrado varios casos en Shanghai y Beijing. La sociedad capitalista, por su propia naturaleza, hace crecer la economía fabricando remedios, ya sean fármacos alopáticos o medicamentos homeopáticos, mientras que aborrece la prevención, a pesar de que conocer las situaciones materiales que causan la explosión de patógenos y enfermedades. Por un lado existe una capilaridad de datos capaz de aportar indicaciones sobre el futuro de la humanidad, y por otro lado existe la imposibilidad, dadas las relaciones sociales actuales, de adoptar soluciones que eviten ciertos escenarios. Entre los factores que subyacen a las epidemias se encuentran, ciertamente, la densidad de las poblaciones y el hecho de que estén en contacto con grandes concentraciones de animales. Hoy en día, en todo el mundo, hay alrededor de mil millones de cerdos en granjas, más de mil millones de ganado vacuno, dos mil quinientos millones de ovejas y cabras y más de veinte mil millones de pollos y gallinas. El productivismo, el volcán capitalista de la producción, choca con los límites físicos del planeta Tierra. Los cobertizos para la cría ocupan tierras que podrían ser cultivadas, así que para ahorrar espacio horizontalmente, las granjas crecen verticalmente. Es precisamente en China donde están surgiendo las metrópolis porcinas, granjas de rascacielos capaces de producir 800.000 animales al año cada una. No hace falta mucho para entender que no se trata de un problema moral, una cuestión de moda ecológica o de derechos de los animales: la humanidad está fuera de control, es necesario devolverla a una dimensión humana.

La crisis de los ecosistemas, el cambio climático, los virus y las repercusiones económicas resultantes en una situación mundial ya comprometida, forman una mezcla explosiva. Aurelio Peccei, fundador del Club de Roma, en su libro La qualità umana (1976) afirmó que el capitalismo no se enfrenta a una serie de problemas, sino a un único problema global que no puede abordarse de forma descoordinada, sino sólo con un plan/gobierno mundial:

«El actual orden -o más bien el desorden- político no está en consonancia, ni nacional ni internacionalmente, con las exigencias de una sociedad cada vez más tecnológica, cada vez más integrada y cada vez más global.»

El cordón sanitario alrededor de la provincia de Wuhan y Hubei afecta a 43 millones de personas; en la práctica, es como si toda la población del Canadá estuviera en cuarentena. Además de esta zona, se ha cerrado parte de la Gran Muralla y la Disneylandia china, mientras que se han suspendido varios enlaces aéreos hacia y desde China. Obviamente, estas medidas tienen un alto costo económico. Algunos expertos, evaluando el impacto del coronavirus, creen que la recesión está a la vuelta de la esquina. El economista jefe de Standard & Poor’s para la región de Asia y el Pacífico, señala que «si el gasto chino en transporte y entretenimiento en lugares públicos se redujera en un 10%, esto supondría una contracción del 1,2% del PIB » (fuente: Il Sole 24 Ore). Si la economía de China se paralizara, habría repercusiones en todo el mundo.

Paul Krugman argumenta que para resolver los problemas del capitalismo, a los ricos se les debe cobrar más impuestos. Pero esta medida ciertamente no haría retroceder la rueda de la historia. La realidad nos muestra que el sistema burgués no puede evitar acumular más y más riqueza en cada vez menos manos, y esto no tiene nada que ver con el egoísmo o la codicia: es la ley marxista de la miseria creciente (o de la superpoblación relativa). Esto conduce a un aumento de los disturbios y las revueltas, como las que se vieron durante la huelga del 28 de enero en París, en la que los bomberos se enfrentaron con la policía en varias ocasiones. The Guardian, en su artículo «One in four countries acometed by civil strife as global unrestings soars» (Uno de cada cuatro países es acosado por conflictos sociales a medida que aumenta el malestar mundial), cita un estudio en el que se esboza el alcance e intensificación del descontento social para 2020. Colapso de la infraestructura, propagación de la guerra civil, marasmo social, pandemias y pobreza. ¿Querías capitalismo? Esto es todo, no hay más.

Al final de la telereunión comentamos rápidamente el resultado de las últimas elecciones regionales italianas. El aspecto más importante es la disolución del Movimiento de las 5 Estrellas, que tuvo lugar en un tiempo muy corto. Una vez en el parlamento, el Movimiento tuvo que hacer alianzas con aquellos a los que había criticado antes, siendo tragado por el propio sistema. El cretinismo parlamentario también es un virus peligroso, causa alucinaciones y hace creer a la gente que los parlamentos y las elecciones son los motores de la historia. En realidad, es el capital el que domina los estados y no al revés. La inestabilidad de los gobiernos es ahora un hecho estructural y afecta no sólo a este país. La «parábola de la plusvalía» (que dibuja un arco desde la plusvalía cero en las sociedades primitivas, que no acumulan, hasta el cero teórico de una hipotética sociedad robótica sin trabajadores) hace imposible volver a situaciones de auge económico y pleno empleo. En Italia, los ingresos por concepto de ciudadanía han amortiguado una situación social explosiva, pero abarcan a un público limitado de la población y ya hay quienes se proponen revisarla.

Notas

[1] http://www.quinterna.org/pubblicazioni/rivista/43/big_data.htm
[2] https://www.repubblica.it/ambiente/2020/01/28/news/al_mondo_siamo_7_7_miliardi_di_persone_e_produciamo_cibo_

per_nutrirne_solo_3_4_in_modo_sostenibile-246986377
[3] http://www.quinterna.org/pubblicazioni/storici/proprietacapitale.htm

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