Fascismo y antifascismo

Susanita y la tele han aupado a la extrema derecha al escenario parlamentario. No es casualidad. El pueblo vota y opina siempre lo que le dicen que ha de votar y opinar. El surgimiento de Podemos también fue fruto de los medios de comunicación, para controlar una situación social que se desbordaba.  Lo mismo sucede con el actual auge de Vox.  Los medios son la voz de su amo y del gran capital que les financia. Los  desacreditados, falsarios y  corruptos  socialistas necesitan desesperadamente el espantajo fascista para mantenerse en el  escenario político.

El auge de Vox y de la extrema derecha, acompañado por la deriva fascista del PP y  falangista de Ciudadanos, no debería sorprendernos. Es lo que toca en situaciones de crisis política, económica y social. El fascismo defiende al Estado democrático contra un proletariado que, para sobrevivir, no tiene otro camino que amotinarse contra el ataque  generalizado a sus condiciones de vida y de trabajo. Ahí está el combate de los chalecos  amarillos en Francia.

Derechos y libertades democráticas han entrado en contradicción con la defensa de los  intereses del capital por parte del Estado. Esa contradicción conduce a la burguesía a renunciar a su propia ideología democrática y desvela el carácter represivo del Estado [1], que ha  de defender los intereses de clase de la burguesía por TODOS LOS MEDIOS, incluidos los  que suponen la abolición de los derechos y libertades democráticos.

A esto se suma la cabezona intentona separatista catalana, que manifiesta  contradicciones insolubles en el seno de la propia burguesía Y el Estado se muestra incapaz  de representar los intereses de esa pequeña burguesía nacionalista.

Democracia y fascismo no se oponen, sino que se complementan; ya sea de forma  alternativa o al unísono. Podemos y su propuesta de alianza antifascista se complementa con  el fascismo de Vox: se trata de someter el proletariado a la alternativa entre fascismo o  antifascismo, obstruyendo cualquier vía revolucionaria y anticapitalista.

Podemos hace un llamamiento a defender la democracia capitalista, azuzando el espantajo fascista de Vox: ¡Cuidado que viene el lobo! ¡Defendamos este sistema corrupto y  explotador, porque peor sería el fascismo!

No sé si se entiende la profunda perversidad de Podemos cuando llama a la unidad antifascista (con el PSOE, PP, Ciudadanos e independentistas), entendida como apoyo incondicional al actual capitalismo y su ataque a las condiciones de vida de los  trabajadores y de la inmensa mayoría del pueblo español.

EL DESDOBLAMIENTO POLÍTICO de la burguesía, ante la constante amenaza del proletariado, bajo sus dos aspectos de fascismo (el ultraderechista Vox, pero también de PP y Ciudadanos) y democracia parlamentaria (PSOE, Podemos y nacionalistas) convergen en una estrategia común de la burguesía, en defensa de sus intereses históricos de clase.

La función de la socialdemocracia (PSOE y Podemos) es la de desviar las luchas del proletariado de su objetivo revolucionario y anticapitalista, para llevarlas a la defensa de la democracia burguesa. Es necesario preparar el altar de la sagrada unidad antifascista, para proceder a efectuar todos los sacrificios necesarios, incluidas las libertades democráticas y el nivel de vida de los trabajadores.

Así como Abraham alzó su cuchillo para asesinar en el altar de piedras y barro a su hijo Jacob, con el objetivo único de satisfacer a Jehová y acallar las voces que oía en el interior de su cabeza; así es como Pablo Iglesias alza su llamamiento a la unidad antifascista. El ángel del señor sustituyó, en el último momento, a Jacob, hijo de Abraham, por un cordero. Y el cuchillo arrebató la vida de ese cordero. Con ángel o sin ángel, ¿a quién le tocará hacer el papel del cordero, sino a los miserables inmigrantes, exiliados y apátridas; a los perseguidos y humillados de la tierra? Pero ése es sólo el primer sacrificio sangriento, luego vendrán otros.

Vox carece de programa, porque a los cien puntos de su pretendido programa sólo se le puede denominar vía libre al capitalismo salvaje y esclavización del proletariado. El  fascismo no es un producto de las capas reaccionarias de la burguesía, ni producto de una  sociedad feudal, sino por el contrario producto de un capitalismo industrial avanzado que,  ante la galopante crisis económica, pasa a la ofensiva.

El antifascismo es la consecuencia más grave del fascismo. Sustituye la ALTERNATIVA revolucionaria CAPITALISMO/COMUNISMO, por la opción (siempre burguesa) DEMOCRACIA/FASCISMO.

Hay una continuidad esencial entre democracia y fascismo, de igual modo que en el siglo XIX existió una continuidad básica entre liberalismo y democracia. Los métodos socialdemócrata y fascista en lugar de alternarse en el gobierno tienden a fusionarse. Podemos y Vox son dos voces distintas para defender los mismos intereses: los del gran capital  financiero y de las multinacionales.

Los resultados de las elecciones andaluzas deben  interpretarse como un fenómeno más del contexto histórico de crecimiento del fascismo a nivel europeo e internacional. Contexto histórico similar al de los años treinta. El fascismo en defensa directa de los intereses del capital; mientras los socialdemócratas y populistas, que dicen representar al pueblo, lo que hacen es venderlo y traicionarlo, complementando la tarea de los fascistas.

Nada nuevo bajo el sol. Pero, hoy, gracias a las lecciones de la historia, sabemos que fascismo y antifascismo son dos caras de la misma moneda.

Podemos y otros nos piden que aceptemos gozosamente el  actual capitalismo salvaje y obsoleto para salvarnos del fascismo. Pero hoy sabemos que es el capitalismo quien engendra y completa al fascismo.

Socialdemócratas, reformistas, populistas, nacionalistas de todas las patrias y estatistas de todo pelaje vendrán a implorarnos y defender que abandonemos nuestras luchas, que hagamos dejación de principios, que olvidemos nuestras reivindicaciones, que aceptemos nuestra derrota antes de que empiece el combate. E intentarán ponerse a la cabeza de cualquier movimiento que pueda surgir, para desviarlo, desnaturalizarlo y derrotarlo.

La diferencia de hoy con el ayer radica en que hoy sabemos, porque lo hemos sufrido con la sangre y el dolor de nuestros abuelos, que fascismo y democracia son sólo dos formas distintas de gobierno del capitalismo. Fascismo y democracia son hijos naturales del capital. Pero hoy el capitalismo es un sistema obsoleto, que sólo puede ofrecernos miseria, horror y muerte. Por primera vez en la historia se plantea la posibilidad de la desaparición en el planeta de la especie humana y de todo tipo de vida.

La alternativa no es fascismo o antifascismo, porque ambos defienden el sistema capitalista, mientras nos engañan con un falso enfrentamiento.

Acendremos, depuremos y afilemos la teoría, porque las batallas del mañana son de una magnitud gigantesca y nos jugamos la existencia. En el capitalismo no hay futuro.

Agustín Guillamón

Diciembre 2018


Nota de Materiales

[1] Habría que puntualizar que esa «renuncia» es meramente  discursiva, pues en los hechos concretos, la austeridad, el bonapartismo, la ley marcial y toda la represión que ejerce el Estado es una materialización inseparable de los derechos y libertades de la misma democracia.

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