¿SOCIEDAD DE CONSUMO?

Muchas veces, atormentados por los aparatos de fabricación de la información y del pensamiento, repetimos que vivimos en una sociedad de consumo, como si fuese el caso. Sin embargo nada es más FALSO que ello. El consumo en el sentido de la satisfacción de las necesidades humanas, no decide, ni dirige nada en esta sociedad [1], o dicho de otra forma, esta sociedad no tiene en absoluto como objetivo el consumo. El consumo, los consumidores, son simples pasajes necesarios de una sociedad cuya finalidad es la producción, la valorización.

La sociedad no es de consumo, no solo para quien revienta de hambre, para quien no posee ni vivienda, ni lo mínimo necesario para la formación de su prole, (lo que es demasiado evidente) [2] ni para el resto del proletariado urbano o rural que está privado de consumir por lo miserable de su salario, aquello que el propio capitalismo le ha enseñado que es una necesidad como el teléfono, televisión en color, viajes en avión, buenos automóviles, casa de campo… etc. (lo que también es claro); sino que tampoco lo es para aquellos sectores de la pequeña burguesía o del proletariado que pueden permitirse «altos niveles de consumo” y se dedican a exhibir su lujo. En efecto, estos sectores están siempre traumatizados por el impresionante crecimiento de sus «necesidades», por la multiplicación infinita de las nuevas y «atractivas» opciones y mercancías, que desde los escaparates condenan a las que tienen en su posesión como «fuera de moda», y lo limitado de sus ingresos. Su propia carrera de consumo, se basa en esta reacción traumática con el capital y su exhibicionismo fulgurante [3], que en su propia dinámica asegura que nunca podrán consumir lo que quieren consumir, que estarán permanentemente insatisfechos, no en cuanto a su propio ser (dado que el consumo no lo realizan para satisfacer una nece-sidad de su ser) sino en cuanto a su comparación con el consumo que realizan los otros y especialmente los capitalistas… que esos sí se presentan como pudiendo realmente consumir «lo que quieren».

Por lo tanto es falso hablar de sociedad de consumo para el proletariado (en todas sus capas y sectores), es decir, que es falso para la gran mayoría de la sociedad, también es falso aplicar dicha expresión para la pequeña burguesía… pues todos estos sectores viven a la sociedad (como lo que es) como sociedad en la que todos se supeditan a la producción (en realidad producción de valores), vivencia que se concreta sabiendo que cualquiera de esos misiles, aviones, tanques que revientan a diario, o cualquiera de esas maquinarias que se abandonan por «obsoletas» luego de una década de uso y en perfecto estado de funcionamiento (aspectos de la desvalorización del capital), podrían solucionar «el problema de consumo» para miles de sus semejantes.

¿Podría mantenerse al menos esa denominación para los capitalistas? Es decir, dado que se supone que los capitalistas consumen lo que quieren ¿es correcto al menos afirmar que para los capitalistas esta sociedad es una sociedad de consumo?

Rotundamente NO. A pesar de que las pautas de consumo de los capitalistas sean las que guían todas las otras clases y capas sociales, que los burgueses llevan a los obreros y los pequeños burgueses como perritos falderos con una soguita al cuello dictándoles lo que deben consumir de acuerdo a sus ingresos, diciendo el contenido y la forma, del consumo, la afirmación es rotundamente falsa por dos razones. La primera, es que no es como consumidor que los capitalistas deciden las pautas de su propio consumo, sino que lo hacen en tanto que gestores del capital; es decir que lo que dicta el consumo al capitalista en su cantidad, en su forma, en su contenido, es la producción de mercancías, que como el lector lo sabe, es decidido a su vez, no en base a satisfacer la necesidad humana (el valor de uso no es más que un soporte del valor!), sino en base a la tasa de ganancia. La segunda es que el propio consumo de los capitalistas, con sus lujos desmedidos y suntuarios no constituye otra cosa que los gastos de representación del capital, que el consumo de los capitalistas y su familia es parte de la plusvalía reproduciéndose y asumiendo la forma de lujo para que el capital global siga su proceso de valorización. Por lo tanto para el capitalista esta sociedad no es tampoco de consumo, sino de valorización, de producción de valores.

LA SOCIEDAD DE CONSUMO es por lo tanto una mentira integral. Pero como tal, como mentira es la que corresponde mejor a la sociedad capitalista. ¡Qué otra cosa se puede decir de esos escaparates llenos de cosas en permanente cambio y con todas las marcas, brillo y colores! ¿Qué solo están ahí como parte de un ciclo de valorización y que, aunque la gente reviente de necesidad, una gran parte de ellos serán destruidos? De ninguna manera, se dirá qué todo fue construido para satisfacer las necesidades humanas, para ser consumido. ¡Qué otra cosa puede decirse de una sociedad en donde todas las fuerzas políticas de la misma -partidos, sindicatos, etc.- definen como objetivo en la vida el producir y el consumir, el desarrollo, la salida de la crisis, el despegue económico ¿Qué esa es la mejor forma de mantener los idiotas útiles, los esclavos asalariados. Que a ninguna de esas fuerzas le importa una mierda el hambre y la permanente frustración de las masas proletarias? De ninguna manera, se dirá que todo lo hacen no por ganar, ganar y ganar, sino para el consumo de las masas. No pueden confesar: «trabajad, trabajad, es para nuestro bolsillo» y necesitan decir «trabajad para consumir» «habéis construido una sociedad de consumo», «¿para qué habrá necesidad de revolucionarla?».

[Texto aparecido en la revista Comunismo No 10. Publicada por el GCI]

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Hablar de sociedad de consumo en plena sociedad capitalista desde el punto de vista del ser humano es erróneo. La sociedad capitalista, es una sociedad de miseria, de escasez, miedo, explotación y muerte. Es cierto que en fugaces momentos históricos ha existido una mayor intervención del proletariado en el proceso de consumo mercantil que ha dinamizado las rotaciones de capital. Sin embargo esto siempre ha sido muy limitado geográficamente y en paralelo a una intensificación de la explotación o la destrucción de fuerzas productivas en otros lugares. E incluso en esos casos se demuestra más claramente la contraposición entre ese consumo mercantil y el consumo humano, lo que se sacia en el consumo mercantil no son las verdaderas necesidades humanas sino las del Capital [4].

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[1] El único consumo que tiene algo que decir en esta sociedad es el consumo productivo de capital, la compra de fuerza de trabajo y medios de producción y su consumo en el proceso de trabajo (subsumido siempre por el proceso de valorización), a los efectos de producir más capital; es el consumo productivo, la producción de cosas solo en la medida que sirven para producir más capital. Por lo tanto incluso utilizando la palabra «consumo» en el sentido más amplío, la sociedad no es de consumo, sino de producción y reproducción de capital.

[2] A pesar de que esa verdad es innegable, es bueno subrayarlo dado que la misma afecta a la mayoría de los proletarios de la tierra.

[3] El capital se presenta precisamente como lo que no es «sociedad de producción de objetos para satisfacer las necesidades humanas en superabundancia”, de ahí el espectáculo de la mercancía que han descrito un conjunto de grupos como los situacionistas. Lo limitado de estos es el quedarse en la descripción de dicha manifestación. Lo gigantesco de Marx es haber precisamente salido de ese mundo espectacular de la mercancía y describir el capital y su muerte necesaria, habiendo presentado ese mundo espectacular precisamente por lo que es: manifestación pretenciosa.

[4] Ediciones Reapropiación; notas sobre el libro del MIL – Revolución Hasta el Fin.

 

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