Textos del 1° de Mayo

A continuación, publicamos algunas expresiones escritas de la lucha del proletariado internacional e internacionalista que hemos recibido en estos días desde distintas latitudes a propósito de esta histórica fecha, en la cual no se «celebra» el «día del trabajo» ni el «día del trabajador» (sólo el Capital-Estado y sus izquierdas lo hacen porque viven a costa de explotar y gestionar nuestra fuerza de trabajo), sino todo lo contrario: se recuerda la lucha proletaria contra el trabajo asalariado, contra la esclavitud moderna. Lucha que, desde aquel 1° de mayo de 1886 hasta la fecha, ha continuado, continúa y continuará mientras aquella exista y hasta abolirla mediante -y sólo mediante- la revolución social mundial, para que entonces la actividad humana -colectiva e individual- nunca más vuelva a ser organizada como trabajo y mercancía ni para obtener ganancia, sino para satisfacer las necesidades humanas y la vida en general.

Sí: somos trabajadores que odiamos trabajar, pero nos vemos obligados a hacerlo porque en esta maldita sociedad del Capital no tenemos otra forma para poder comer y dar de comer a lxs nuestrxs. Por eso mismo odiamos el trabajo y luchamos y lucharemos contra él hasta abolirlo de manera revolucionaria, no como individuos ni grupos, sino como clase: social, histórica y mundialmente. Con lo cual, también nos aboliremos como clase trabajadora para ser una comunidad humana real mundial, sin explotadorxs/opresorxs ni explotadxs/oprimidxs; para vivir el comunismo en anarquía. (Ver más al respecto en Nuestra (auto)crítica del trabajo.)
Por otra parte, aún no hemos encontrado textos -al menos no en español- sobre la revuelta de Baltimore-EE.UU. durante esta semana y sobre los fuertes enfrentamientos entre manifestantes y policías que hubo hoy día en Milán-Italia; pero, con los ojos y los pechos llenos de sus llamas incendiarias, enviamos nuestros saludos internacionalistas a ambas luchas actuales de nuestra clase contra la bestia capitalista y contra nuestra propia condición de clase explotada y oprimida, ya que el proletariado sólo se afirma en su negación y no tiene que «aportarle» a esta sociedad nada más que su total destrucción.

(Proletarios Revolucionarios)


PROLETARIO/A: ¡EL TRABAJO NO TE DIGNIFICA, TE ESCLAVIZA!

1° DE MAYO: ¡NADA QUE CELEBRAR! ¡ABAJO LA ESCLAVITUD ASALARIADA!

Cuando trabajamos, no nos alcanza el dinero ni el tiempo para satisfacer realmente nuestras necesidades humanas, para vivir de verdad. Y cuando estamos desempleados, tenemos tiempo pero casi nada de dinero para sobrevivir. Con o sin trabajo, estamos jodidos: en el capitalismo –o sea, en la democracia- somos libres e iguales para ser explotados o para reventar de hambre, debido a la propiedad privada y al carácter mercantil de todo.

 La jornada laboral es el tiempo en el que trabajamos para enriquecer a otros, no es un tiempo de vida para nosotros. “El trabajo mata, el trabajo paga…el tiempo pagado no se recupera nunca más”, porque no nos pertenece. Y el “tiempo libre” o de “ocio” en realidad es el tiempo en el que recuperamos energías para seguir trabajando, para que nos sigan explotando. Con o sin trabajo, somos explotados, somos esclavos asalariados, ciudadanizados, enajenados con cualquier mercancía y cualquier ideología. Proletario: tu vida es una mierda… y lo sabes.

Pero, en medio de esta mierda, no todo está perdido. Necesitamos y despreciamos el trabajo al mismo tiempo. Somos la clase que vive del trabajo pero que también resiste y lucha contra él. En medio del individualismo y el conformismo, también tenemos prácticas de solidaridad y antagonismo de clase. Somos la contradicción viviente que sólo luchando por reapropiarnos de nuestras vidas destruirá este sistema que nos las roba y nos mata. Luchando como clase revolucionaria contra nuestra propia condición de clase explotada y dominada hasta abolirla.

La burguesía, el empresariado o la patronal es la clase de nuestros explotadores. El Estado no es neutral, es de ellos y para ellos. “Estado y patrón: ¡el mismo ladrón!” Por eso reprime la protesta proletaria. Incluso teniendo administradores de izquierda. Entonces, el gobierno y los sindicatos también son nuestros enemigos, porque su función es dirigir y gestionar la explotación y el control de nuestra fuerza de trabajo colectiva en nombre del “progreso”, la “patria” y el “trabajo digno”, ¡como si nuestra explotación fuera digna! ¡Malditos h”#$%&/()=! 

 Las medidas de austeridad que hoy aplica el gobierno de Correa son un ataque del Capital en crisis contra nuestra clase para empeorar nuestras condiciones de existencia -de por sí ya precarias-, y así “salvaguardar” a su clase: la clase capitalista. Mientras que las reformas que piden tanto la derecha como la izquierda no mejorarán ni eliminarán tales condiciones, además que su función es representarnos para mantenernos dominados y explotados. Por eso la pugna política entre gobierno y oposición es inter-capitalista; ¡derecha e izquierda: la misma mierda!

Proletarios/as: somos nosotros los que producimos y hacemos funcionar todo en esta inhumana y absurda sociedad del Capital. Por lo tanto, todo debería pertenecernos para poder satisfacer nuestras necesidades y ya no las ganancias de los capitalistas. Si para ese fin nosotros decidiésemos dejar de trabajar y más bien tomarlo y transformarlo todo, ellos dejarían de tener todo lo que tienen a costa y en contra nuestra. Asimismo, sin desempleo no existiría mercado laboral ni “empleo” asalariado ni capital o “riqueza”. Sin desempleo no habría capitalismo y viceversa. Por lo tanto, para acabar con el desempleo y la pobreza hay que acabar con el trabajo asalariado.

 Para ello sólo la Lucha o Acción Directa es el camino, es decir sólo la lucha directa contra la explotación directa, así como el combate directo contra la represión directa. La lucha sin intermediarios de cualquier “línea política” e ideología: afuera y en contra de sindicatos, partidos, frentes, ongs, iglesias, etc. La lucha por nuestras propias reivindicaciones de clase con nuestras propias asociaciones de clase, a fin de defender y luego imponer nuestras necesidades humanas sobre las del Capital. La lucha proletaria autónoma, radical y violenta para resistir, atacar y destruir el trabajo, la propiedad privada, la mercancía, el valor, la burguesía, los políticos, los sindicalistas, la prensa, la policía, las leyes, las clases, los Estados, las patrias, las guerras y las religiones… todo. 

Y el 1° de Mayo también tenemos la memoria como arma, ya que no se “celebra” el “día del trabajo” ni el “día del trabajador”. Todo lo contrario: fue una sangrienta jornada de lucha proletaria contra la explotación asalariada y su guardián, el Estado. Una histórica lucha clasista, anticapitalista e internacionalista. Por eso, proletarios/as: recordemos esta fecha luchando contra la esclavitud asalariada y el terror estatal, así como contra las derechas y las izquierdas del capital, aquí y en todas partes. Peleando por la revolución social y mundial.  

 ¡NO QUEREMOS AUSTERIDAD NI MIGAJAS: LO QUEREMOS TODO!

¡LUCHA ORGANIZADA SIN INTERMEDIARIOS SINDICALES NI POLÍTICOS!

¡NO PELEEMOS POR SUS INTERESES, PELEEMOS POR NUESTRAS VIDAS!

¡CONTRA EL TERRORISMO PATRONAL Y ESTATAL, VIOLENCIA PROLETARIA!

¡A LA HUELGA GENERAL Y SALVAJE! ¡A ENCENDER Y EXTENDER LA REVUELTA!

Grupo de Desempleados Cabreados

Kito, 1° de Mayo de 2015


¡VIVA LA REVOLUCIÓN SOCIAL!

Hablar de REVOLUCIÓN fuerte y claro para poner en común la necesidad de enfrentar a la burguesía con otros deseos, otras necesidades. Más allá del gusto por la pronunciación de una bonita palabra, nuestros compañeros siempre lo han hecho y lo siguen haciendo.
Hoy, como ayer, no se trata de defender una misma idea de sociedad a la cual cada clase gestionaría de una manera distinta pero al fin y al cabo manteniéndola configurada tal como está.  Hoy, como ayer, no se trata de dos ideologías enfrentadas en las que los seres humanos elegirían formar parte o no. Hoy, como ayer, hay dos proyectos sociales antagónicos: el de aumentar las ganancias a cualquier precio y el que aspira a una comunidad humana sin Estados y sin precios.

Este antagonismo se expresó con mayor fortaleza en las luchas del pasado, y es debido a las grandes limitaciones del presente que tenemos que retomar con más fuerza que nunca la perspectiva revolucionaria: llamar a las cosas por su nombre en tiempos donde reina la mentira y la confusión.

Pronunciarnos hoy por la destrucción de la propiedad privada, del Estado, del valor, del Capital y del trabajo asalariado sigue siendo considerado por muchos como un acto de inmadurez, cuando no directamente un acto de locura. Los reformistas de ayer prometían esa revolución a futuro, intentando conducir las luchas hacia objetivos más moderados. ¡Y si lo habrán logrado, que hoy ya no queda ni un poco de claridad respecto al significado de esa palabra, o directamente ya no necesitan ni pronunciarla!

A pesar de todo, con consignas más o menos claras o incluso sin ellas, los enfrentamientos al Estado y a la propiedad privada se desarrollan por doquier. Y cuando parece que se han terminado, reaparecen de inmediato en otra parte del mundo. Así se desarrollan gran parte de las expresiones de lucha que se vienen dando en las últimas décadas, las cuales no necesariamente expresan a través de las palabras la necesidad y la búsqueda de una ruptura revolucionaria.

Entonces nuestra tarea es doble: reapropiarnos de las luchas revolucionarias del pasado así como defender e impulsar las expresiones de ruptura revolucionaria del presente, contra todas las canalizaciones burguesas y contra todos aquellos que las critican por no estar su contenido radical expresado en textos y consignas.

Las diferentes posiciones revolucionarias que se expresan tanto en este como en otros textos surgen de la lucha, y si son puestas en palabras es por necesidad de combatir al enemigo, para luchar contra la ideología burguesa, empezando por la socialdemocracia que históricamente quiere hacernos creer que somos estúpidos para así imponernos su estúpida idea de revolución. Según ellos, el proletariado solo podría luchar por reformas, siendo ellos los encargados de aportar la conciencia “revolucionaria”. Así, nos invitan desde hace siglos a reformar este mundo, no sólo posponiendo la revolución, sino directamente negando su verdadero contenido. Los socialdemócratas de todo color nos intentan borrar el horizonte de la revolución social para conducirnos al callejón sin salida de las reformas. Lo decimos una vez más: las reformas no conducen a la revolución, y la revolución no puede comprenderse nunca como una infinita suma de reformas. No se trata de despojar al capitalismo de todos sus aspectos nocivos, no queremos
un capitalismo inclusivo. ¡Necesitamos destruir todas las separaciones que el Capital ha impuesto sobre nosotros! ¡Necesitamos terminar con el capitalismo!

Mientras no exista el nivel de desarrollo de la lucha necesario para ir a por todo, existirá el riesgo de la separación de la revolución del resto de las necesidades. La perspectiva revolucionaria ha dejado su lugar al inmediatismo, al localismo y al conformismo hasta en los compañeros más decididos.

Mientras tanto, debemos poder diferenciar el contenido de nuestras luchas, defender las rupturas revolucionarias que se expresan en ellas.

Toda lucha parte de una necesidad, y toda necesidad contiene su reivindicación y su reforma. Podemos atacar directamente los intereses burgueses, reapropiándonos de mercancías o imponiendo subas salariales que ataquen realmente la tasa de ganancia, podemos destruir sus máquinas y propiedades u ocuparlas y desviar totalmente su uso. Pero podemos también exigirle migajas al Estado, dejarnos cagar por el sindicato, o meternos hasta el cuello en un plan de vivienda en infinitas cuotas.

La revolución es justamente la generalización de todas las reivindicaciones buscando la raíz de nuestros problemas sin dejarnos seducir por los cantos de sirena del Capital.

«Entendemos que no se pueden separar las necesidades humanas inmediatas de la necesidad humana de revolución, o sea, si se separa lo que se necesita ahora (pan, techo) de lo que también se necesitaría ahora (destruir a los opresores y el estado) es porque los políticos y los sindicalistas transforman nuestras reivindicaciones en reformas. En resumen, la Revolución Social por la que bregamos es la generalización de todas las luchas y reivindicaciones que llevamos a cabo los proletarios.» (A modo de presentación. Boletín El Forista nro.1).

Por eso, cuando discutimos acerca de la organización y de la lucha del proletariado no podemos limitarnos nunca a una cuestión de forma organizativa, sino por sobre todo al contenido de las luchas. Para empezar, las formas clásicas de la socialdemocracia para encuadrar a los trabajadores no son reformistas por errores de sus miembros, es su propia naturaleza, es su razón de ser. Por eso estamos contra ellas.

A quien se sienta satisfecho con este sistema de opresión, explotación y muerte lo combatiremos. Y quien quiera reformar la democracia, “humanizar” el capitalismo, conformarse con el “mal menor” o mantener todo igual porque «las cosas son así», la pregunta que nos hacemos —al menos por ahora— no será de ningún interés: ¿Qué sentido tiene usar las formas organizativas del enemigo cuando no se quiere lo mismo que él? Entendemos que ninguno, porque esas formas organizativas emanan justamente del mundo del Estado y el Capital. Y por otra parte avisamos que no se trata tanto de querer o no querer, sino de lo que estamos determinados a hacer por lo que somos, porque como proletarios no es simplemente nuestra conciencia lo que nos opone al Capital, sino nuestra misma existencia. Porque mayor ganancia para la burguesía significa una peor vida para nosotros, más allá de la conciencia o no que tengamos de ello. Nuestra existencia es contradictoria, somos quienes producimos y reproducimos este sistema día a día, pero también somos los únicos que podemos acabar con él, aboliendo así también nuestra condición de proletarios.

LOS SINDICATOS en su devastadora victoria contra los trabajadores quieren hacernos creer que sindicato y organización de los trabajadores son sinónimos, que no existe nada fuera del sindicato donde los explotados podamos agruparnos y luchar. Pero los sindicatos son una forma específica de (des)organización de los trabajadores, no sólo porque aspiran a representarnos, no sólo porque son máquinas burocráticas, sino también porque quieren seguir manteniendo una sociedad donde haya patrones y trabajadores, Estado y sindicatos. Pueden o no defender a los trabajadores particulares, pero lo que defienden violentamente es el rol que tenemos los trabajadores en esta sociedad, ellos van a luchar hasta el final para que sigamos siendo explotados hasta la muerte, para poder seguir negociando con nuestras vidas ante el político de turno, el empresario o el patrón. Para que sigamos generando ganancias para la burguesía mientras perdemos nuestras vidas tratando de “ganárnosla”.

Mientras exista el trabajo jamás habrá suficiente para todos, mientras exista salario jamás será suficiente para todos, mientras exista Estado habrá opresión y mientras exista el dinero habrá explotación. Y el sindicato no es una forma organizativa para destruir todo esto sino para mantenerlo intacto, calmando los odios, canalizando en reforma lo que podría comenzar a convertirse en una lucha revolucionaria.

Eso sí, si los trabajadores renunciamos a luchar, a la revolución, y sólo pretendemos “salvarnos” individualmente despreciando lo colectivo, unas cortas vacaciones en la playa, las cuotas para un auto nuevo o mayor “poder adquisitivo” para comprar las idioteces que nos venden, es en el sindicato donde tenemos un lugar para participar (o la ilusión de ello), así como unos representantes fieles a toda la mentalidad burguesa que pretende que los explotados piensen como sus explotadores, cuando en realidad viven de una manera completamente opuesta a la de ellos.

LOS PARTIDOS tiemblan ante la palabra revolución, han hecho de la reforma un orgullo. Ante la mentira generalizada de que, aún con sus penurias, este es el mejor de los mundos posibles y sólo queda mejorarlo, los partidos políticos se erigen en los posibles mejoradores y sólo bastaría con elegir la mejor opción en cada circo electoral. Desde la socialdemocracia más o menos verborrágica hasta los partidos más reaccionarios coinciden en que la revolución no es necesaria, o quizás solo allí donde aún faltan las tareas democrático–burguesas o la imposición civilizatoria para así finalmente implantar su paraíso capitalista y democrático.

Para los revolucionarios, la cuestión del antiparlamentarismo no ha sido jamás una cuestión ideológica, de principios, sino una conclusión extraída de las experiencias concretas de la realidad. El parlamento, tal como los sindicatos, nunca fue otra cosa que un instrumento de dominación burguesa para mantener al proletariado a raya, atado a la lucha por migajas. No por casualidad son organizaciones que aunque se digan “de los trabajadores” conviven en ellas burgueses y proletarios, y ya sabemos siempre quienes son los que mandan e imponen su línea. Incluso aunque un grupo de explotados forme un partido político está usando las herramientas del enemigo de clase, hablando en su lenguaje y yendo hacia la derrota de nuestra clase; separando entre político y económico, entre lo particular y lo total. La revolución no es un acontecimiento político ¡es social! Destruyendo los encorsetamientos y las mutilaciones que separan nuestras vidas según las categorías de quienes nos dominan.

«El método parlamentario burgués de comportarse en política está estrechamente relacionado con el método burgués de comportarse en economía. El método es: comerciar y negociar. Así como el burgués comercia y negocia mercancías y valores en su vida y oficio, en el mercado y en la feria, en el banco y en la bolsa de valores, también en el parlamento comercia y negocia las sanciones legislativas y medios legales para el dinero y los valores materiales negociados. En el parlamento, los representantes de cada partido intentan extraer tanto como sea posible de la legislatura para sus clientes, su grupo de interés, su «firma». (…) El trabajo principal del parlamento, entonces, no es realizado ni siquiera en las grandes negociaciones parlamentarias, que son sólo una especie de espectáculo, sino en los comités que se reúnen privadamente y sin la máscara de la mentira convenida.» (Otto Rühle, De la Revolución burguesa a la Revolución proletaria. 1924)

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«Sin embargo, con el tiempo vamos aprendiendo que esas mismas actitudes mediocres y reformistas pueden también venir desde otras formas organizativas que no se presentan a sí mismas como partidos o sindicatos, y que incluso hasta pueden llegar a decir que las rechazan.
Es decir, se puede pedir al Estado que cumpla la ley que él mismo dicta y modifica a gusto, que se condene a sí mismo o que, siguiendo la vieja táctica de “el chivo expiatorio”, sacrifique algunos de sus miembros para dejar contento a un sector de la población. Aquello se puede convocar tanto desde rígidos mandatos partidistas como desde manifestaciones relativamente espontáneas, cantando solemnemente antiguos himnos (nacionalistas, peronistas, stalinistas) o bailando jovialmente, alegres y a puro color.
También se puede pedir a los capitalistas que sean más justos, que repartan un poquito de lo que tienen, sea inocentemente, desde la falta de posicionamiento o aparateados por unos “jefecitos”, sea organizados verticalmente o desde la ronda de la asamblea.»
(Basta de luchar por migajas. Boletín La Oveja Negra nro.24)

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 Hoy generalmente se habla de revolución cuando se habla de la historia en tiempo pasado, en los anuncios publicitarios de una nueva mercancía o en un nuevo descubrimiento científico. Toda la izquierda y los reformistas en general hablan de “cambio”, “transformación”, etc, etc… Hablar de revolución social según la ideología dominante es anticuado, extremista, ridículo. Porque es “anticuada” cualquier manera de pensarnos a través del hilo combativo de la historia, es “ridículo” salirse de sus dogmas de comportamiento y es “extremista” cualquiera que no sea un oportunista, quien tenga posiciones firmes e invariantes ante el monstruo capitalista.

Más a tono con esta época es hablar de “REVOLUCIÓN INTERIOR”. Se lo hace desde la auto–ayuda, desde los delirios místicos consumistas que se adquieren en el mercado para reprimir o al menos calmar el dolor que causa esta sociedad antisocial, e incluso en ciertos ámbitos rebeldes. Se habla de “revolución interior” en sintonía con los mandatos de la ideología dominante, es decir: ya no habría revolución social y lo único que queda es hacer pequeñas transformaciones personales para que no cambie nada, ya no habría comunidad por lo cual sólo quedaría abocarse a lo individual. No vamos a ser nosotros quienes desprecien la importancia de los pequeños cuestionamientos entre las personas que generan grandes acontecimientos, pero estos cuestionamientos, estas “tomas de conciencia”  surgen de las condiciones materiales de existencia, del sentimiento común y comunitario con los demás, y no desde el repliegue individualista que ve en cada semejante un competidor si no directamente un enemigo. Nos oponemos, y vamos a denunciar cada vez que podamos que no existen soluciones individuales a problemas sociales, que no existen soluciones particulares a problemas totales. Y además remarcamos que en momentos de lucha, de insurrección, de organización proletaria, esos cambios personales se dan con más frecuencia, más intensos, más profundos… lo que hace evidente cómo las condiciones materiales de existencia modifican la conciencia, y no al revés. Es decir, no podemos pretender que todas las personas se “revolucionen” interiormente para, ahí sí, revolucionar el mundo; éstos son dos hechos indisociables, complementarios y simultáneos.

En nuestra época también existe otra manera de rechazar la noción de revolución y de ponerla además en un lugar completamente estúpido. Se trata de ese discurso moderno o posmoderno (ya ni sabemos) que dice que es una cosa ya pasada de moda, que se acabaron los grandes discursos, las grandes transformaciones, que ya no hay proletariado ni burguesía sino un sinfín de sujetos sociales, etc, etc, etc… Es un síntoma de estos tiempos y su justificación victoriosa. La única verdad sería que «ya no hay verdades» y su brutal certeza sería que «todo es relativo». Así nos proponen contemplar el mundo sin revolucionarlo, adaptarnos a él aunque tengamos algunas críticas y disgustos. En fin, otra vez nos proponen escoger una opción dentro de los asquerosos límites del sistema capitalista. Pero de lo que se trata es de hacer saltar por los aires el modo de producción capitalista para destruir toda opresión, toda explotación, toda competencia y todo condicionamiento económico.

Desde los discursos políticos, la publicidad, la televisión o las conversaciones entre esclavos que sólo representan la voz del amo, nos muestran esta realidad como algo ajeno a nosotros mismos y por lo tanto inalterable. Así nos sentimos desdichados pero impotentes, enojados pero resignados, deprimidos y enfermos por el dinero, el trabajo, en fin… por el Capital. ¿Por qué condenarnos a esto? ¿Por qué condenar a toda la humanidad a esto?

La desobediencia a lo establecido, el cuestionamiento de la normalidad capitalista y sobre todo la lucha cuando es social y revolucionaria, nos recuerdan que hay otras posibilidades, que esta mierda que nos imponen no es la única forma de vivir.

 1° de mayo internacionalista, anticapitalista y revolucionario.
Rosario, región argentina, 2015.

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«Alguno pensará que “suena muy bien pero es irrealizable”, ¡lo que es irrealizable es modificar timidamente un poquito del sistema! ¡lo que es irrealizable es una revolución parcial, meramente política, económica o cultural, que deje intactos los pilares donde se asienta todo este sistema capitalista!» (Cuando los males llegan…)


FRENTE A LA EXPLOTACIÓN Y LA PRECARIZACIÓN, 
LA MEJOR DEFENSA ES UN BUEN ATAQUE

El mes de abril de 1886 irrumpen y se extienden en diversos puntos de todo el territorio estadounidense huelgas y manifestaciones obreras. La reivindicación común a todas estas movilizaciones es clara y concreta: la reducción de la jornada diaria laboral a 8 horas, en una época en la que podía extenderse hasta 12 o 16.

Pese al empuje y la combatividad del movimiento, no se puede decir que éste tuviera un contenido explícitamente revolucionario: no aspiraba a derrocar ningún gobierno, ni expropiar a las élites los medios de producción, ni transformar significativamente las bases de la sociedad del momento. El objetivo era implantar una medida que pese a no aplicarse, ya estaba reconocida legalmente. La brutal respuesta del Estado y la Patronal ante esta mínima demanda es de sobras conocida, y el sangriento desenlace del conflicto quedó grabado en el Primero de Mayo como día de recuerdo y homenaje a sus protagonistas: 5 condenados a morir en la horca, 2 a cadena perpetua y 1 a largos años de trabajos forzados. Ocho trabajadores anarquistas que pagaron caro la fiereza y la osadía de los miles de obreros y obreras que se atrevieron a defender sus vidas frente al lucro de quienes les estaban exprimiendo, consiguiendo finalmente el cumplimiento de sus exigencias.

100 años más tarde, es difícil identificar el Primero de Mayo con los hechos que motivaron su nacimiento. Vaciado de contenido histórico, reducido a una festividad a la que la mayoría de personas trabajadoras no saben con que santo relacionar, pervertido por la auto-celebración de las mismas burocracias sindicales que día a día venden a quienes dicen representar, el Primero de Mayo se ha desligado del sentido de lucha que le daba significado.

Por otro lado, las relaciones de desigualdad, explotación y alienación que caracterizan el sistema contra el que se rebelaron aquellos trabajadores norteamericanos se mantienen e incluso en algunos aspectos se agravan. Salvando las distancias, la respuesta del Estado a las luchas que pretenden enfrentarse a estas relaciones y la miseria que generan (a menudo también desde reivindicaciones muy básicas), tampoco es muy diferente: antidisturbios en las calles reprimiendo las protestas, endurecimientos del código penal para perseguir cualquier tipo de movilización, nuevas leyes anti-terroristas, huelguistas en prisión, macro-redadas contras las minorías revolucionarias más activas, a las que se trata como a Enemigo Interno… En el contexto de la “salida de la crisis” y la “recuperación”, se nos amenaza para que aceptemos disciplinadamente las nuevas condiciones de explotación, se espera que celebremos las cifras de crecimiento que lanzan los periódicos, aunque la miseria campe a sus anchas en los barrios y la mayoría de la población se debata entre un trabajo precario y la angustia del paro.

Pero la lección aprendida en la historia tras el Primero de Mayo es clara. Sin lucha no hay esperanza. Sin conflicto, sin plantar cara, no hay posibilidad de avanzar. Ni la Patronal ni el Gobierno, por democráticos que se digan, cederán ni un ápice de sus privilegios si no se lo arrancamos nosotros con nuestro esfuerzo, desobediencia y combate. La degradación generalizada de nuestras condiciones de trabajo y de vida no son solamente efecto de la crisis, son también la consecuencia de no haber peleado por nuestros intereses durante la época de bonanza, cuando el consumo desatado por el crédito y el alza de la burbuja financiera-inmobiliaria camuflaban la precarización progresiva del trabajo. En el terreno laboral, hoy nos vemos empujadas a una situación de vulnerabilidad en la que levantar la voz ante el enésimo abuso es casi un lujo, un riesgo difícil de asumir para quien tiene que llevar a casa el sustento que las suyas necesitan para sobrevivir.

Y pese a todo, la única opción realista de darle la vuelta a la situación es abandonar la pasividad y la espera. Solo encontrando la forma de apoyarnos mutuamente y atacar juntas podremos defendernos de unas agresiones que no van a detenerse por sí solas. Sólo ejerciendo presión en la calle, en los centros de trabajo, y de estudio, podemos levantar una fuerza colectiva que imponga nuestras necesidades humanas sobre la voracidad sin límites de su riqueza.

 Una fuerza que nos permita no solo conquistar mejoras y defendernos frente a reformas laborales, despidos, abusos puntuales, etc., sino también y sobre todo abrir la posibilidad a la superación del problema desde su raíz: el capitalismo y su lógica de dominación, crecimiento ilimitado y vampirización de todos los aspectos de la vida para la mercantilización y el valor.

 Frente a aquellos que quieren que nos conformemos con el cuento de la recuperación, o con la promesa caritativa de un repartimiento un poco más equitativo de la riqueza en forma de políticas estatales, seguiremos insistiendo en la necesidad de emprender un proceso de revolución social. Un proceso de lucha y transformación que pare esta locura y siente las bases de una sociedad en la que el centro esté ocupado por la vida, y no por el dinero; en la que el tiempo, el trabajo, y la energía se organicen para cubrir las necesidades de todas, y no los beneficios de unos pocos.

 ANTE LAS AGRESIONES CONSTANTES DE LA PATRONAL Y EL ESTADO,

LA LUCHA ES EL ÚNICO CAMINO.

 PRIMERO DE MAYO, DIA DE MEMORIA Y DE LUCHA.

 VIVA LA REVOLUCION SOCIAL, VIVA LA ANARQUÍA.

 Barcelona-España [Tomado de Alasbarricadas]


1 may

«Los patrones nos quieren

trabajando y trabajando para exprimirnos la mayor ganancia posible

Los sindicatos nos quieren

sumisos para negociar con nuestras cabezas

El Estado nos quiere

reducidos a números en gráficos hechos por imbéciles, así nos reprimen y así nos ajustan

Los partidos nos quieren

votando en época de elecciones y como carne de cañón el resto del año

Las religiones nos quieren

arrodillados, siervos, fieles, como tontos que deben esperar el cielo mientras soportan la explotación en la Tierra

¡Nosotros no queremos más!

Somos el proletariado, es decir: los explotados y oprimidos de todo el planeta. Quienes tenemos que vender nuestro tiempo y fuerza para vivir, quienes no vivimos de las demás personas.

Nuestra existencia se opone al Capital, porque a mayor ganancia del capitalista mayor es nuestro sufrimiento. Así nos echan de la chamba, nos acarrean de acá para allá, mandoneándonos, comparándonos con cosas, destruyéndonos en «accidentes de trabajo».

Nos une el trabajo (lo tengamos o no) y la imposibilidad de decidir sobre nuestras vidas. Pero también nos une ser lo que se opone a las ganancias.

Asumir ese rechazo nos hace fuertes y, en muchas ocasiones, en distintas partes del mundo hemos estallado de rabia: ocupando las calles, tomando lo que nos niegan, enfrentando a los guardianes de los ricos, haciendo huelga, sabotaje y organizándonos sin partidos ni sindicatos.

Un 1° de mayo como hoy, hace más de 100 años, les mostramos a los burgueses de lo que somos capaces cuando nos juntamos y hacemos temblar este maldito mundo de la economía.

La lucha nos une y nos recuerda que la vida puede ser completamente distinta. Que podemos vivir sin Estado y sin Capital, que podemos vivir en Comunismo y Anarquía

# Los Amigos del Primero de Mayo

Recordamos este día; no como un día donde nos dicen que hay algo que celebrar: “el trabajo”.

Recordamos este día como lo fue desde sus inicios: un día de lucha y agitación contra la explotación, un día de refriegas callejeras, de sabotajes, tomas y propaganda.

Hoy después de tantos años de olvido y de grandes intentos de los sindicatos y gobiernos por implantarnos la “celebración al trabajo”, es necesario retomar las banderas que le dieron sentido a esta fecha: el cuestionamiento a este mundo de miseria y muerte, llevando a cabo acciones que demuestren nuestra autonomía y fuerza como clase en lucha contra nuestra explotación y dominación.

Es por eso que hacemos este llamado: al abandono de las embotadas celebraciones, las procesiones sin sentido y las fiestas dirigidas por nuestros enemigos. Exhortando a la acción autónoma por fuera del borreguismo y la fiesta, que sólo perpetúan nuestra condición de esclavos asalariados.

 ¡Hoy 1° de Mayo no tenemos nada que celebrar!

¡Hoy (como siempre) es un día más para LUCHAR!

[1° Mayo 2015, región mexicana]


1 DE MAYO ROJINEGRO

El único camino hacia la abolición de la explotación y la opresión es el de las luchas sociales y de clase sin mediadores.

“Somos nosotros los que hemos construido los palacios y las ciudades de España, América y todo el mundo. Nosotros, los obreros, podemos construir nuevos palacios y ciudades para reemplazar a los destruidos. Nuevos y mejores. No tememos a las ruinas. Estamos destinados a heredar la tierra, de ello no cabe la más mínima duda. La burguesía podrá hacer saltar en pedazos su mundo antes de abandonar el escenario de la historia”. Buenaventura Durruti

1 de mayo rojinegro

Ninguna ilusión sobre el embellecimiento del Sistema.

Lucha por la revolución social, la anarquía y el comunismo.

Concentración-marcha: Viernes 1 de mayo, Atenas, Museo Arqueológico Nacional, 11:00h.

Asamblea de anarquistas por la emancipación social y de clase [Atenas-Grecia]