Jan Appel 1890-1985 / Autobiografía escrita en 1966

Jan Appel, 1890-1985, fue un comunista alemán y trabajador de astilleros cuya experiencia de la Revolución de 1918, tras la cual secuestró un barco de vapor con destino a Rusia, lo expulsó del Partido Comunista. Tras afiliarse al más radical Partido Comunista de los Trabajadores (KAPD), se trasladó a Holanda, donde participó en la resistencia holandesa durante la II Guerra Mundial y acabó cofundando el grupo comunista de izquierdas GIK (Grupo de los Comunistas Internacionales).

Me llamo Jan Appel y nací en un pueblo de Mecklemburgo en 1890. Fui a la escuela primaria y aprendí el oficio de constructor naval. Ya antes de mi nacimiento, mi padre era socialista. Yo mismo me afilié al Sozial-demokratische Partei Deutschlands [Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD)] cuando cumplí 18 años. Hice el servicio militar de 1911 a 1913, y después como soldado en la guerra. En octubre de 1917 me desmovilizaron y me enviaron a trabajar a Hamburgo como obrero de los astilleros. En 1918 convocamos una huelga de trabajadores de armamento. La huelga duró una semana entera en Vulkan-Werft. Nuestro lema era: «¡Por la paz!». Al cabo de una semana, la huelga llegó a su fin y se nos leyeron las cláusulas de guerra, ya que, según la ley, seguíamos haciendo el servicio militar. En esta época yo pertenecía a los Radicales de Izquierda de Hamburgo. Cuando en noviembre de 1918 se rebelaron los marineros y los obreros de los astilleros de Kiel, el lunes nos enteramos por los obreros de Kiel de lo que había ocurrido.

Entonces se celebró una reunión clandestina en el astillero, que estaba bajo ocupación militar. Todos los trabajos cesaron, pero los trabajadores permanecieron en sus puestos en el astillero. Una delegación de 17 voluntarios fue enviada a la sede de los sindicatos para exigir la convocatoria de una huelga general. Les obligamos a celebrar una reunión. El resultado, sin embargo, fue que conocidos dirigentes de la Allgemeine Deutsche Gewerkschaftsbund [ADGB] y del SPD adoptaron una actitud negativa hacia la huelga. Se producen fuertes discusiones que duran varias horas. Mientras tanto, en los astilleros Blohm und Voss, donde trabajan 17.000 obreros, estalla una revuelta espontánea durante la pausa del mediodía. Los obreros abandonan las fábricas y los astilleros Vulkan y se presentan ante el edificio de los sindicatos. Los dirigentes han desaparecido. Sigue leyendo

El comunismo de Consejos y la crítica del bolchevismo – Cajo Brendel

Cajo Brendel (1915-2007) fue una figura central de la segunda generacion del moviemento de los Comunistas de Consejos holandeses y uno de los ultimos, si no el ultimo, representante de ella. Cajo nació en La Haya el 2 de Octubre de 1915 a lo que era, en sus propias palabaras, una “familia pequeño-burguesa” que sufrió grandes dificultades tras la crisis mundial economica de 1929. Cajo muy pronto se interesó por las cuestiones sociales, siendo inicialmente simpatizante del trotskismo pero luego entró en contacto con miembros de la sección de La Haya del GIK (Grupo de Comunistas Internacionalistas). En septiembre de 1933 Cajo adhirió a las posiciones del grupo, diciendo luego que la experiencia fue como “pasar directamente de la guardería a la Universidad”. Por medio de este grupo Cajo desarrollo una relación directa con Antón Pannekoek y fue influenciado por escritores como Paul Mattick y Karl Korsch. En 1935, tras la separación del GIK de los grupos de Leiden, La Haya y Groningen por considerarlos demasiado “teóricos”, Cajo publicó con el grupo de La Haya el periódico Proletariër y, en 1937-1938 el Proletarische Beschiuwingen (Consideraciones Proletarias). Entre finales de 1938 y 1939 escribió semanalmente un artículo para el periódico anarquista De Vrije Socialist ( El Socialista Libre). Movilizado al Ejército en 1940, en las II Guerra Mudial, Cajo difundió un panfleto internacionalista entre sus companeros de armas. Tras su traslado a Berlín como prisionero de guerra, volvió a los Países Bajos de forma clandestina. Tras la guerra trabajó como periodista en Utrecht, y en 1952 se afilió al Communistenbond Spartacus, de cuya redacción formó parte. En la decada siguiente, escribió un gran número de artículos y folletos. El GIK se dividió en 1964 y Brendel se unió al grupo escindido que publicó a partir de 1965 el periódico Daad en Gedatche “consagrado a los problemas de la lucha obrera autónoma”. En 2005, de avanzada edad y ya retirado de la vida politica, fue trasladado a una casa de reposo. Fallecio el 25 de junio de 2007, a los 92 años de edad.

 

«Supongamos que la dirección central es capaz de distribuir todo lo que se ha producido de forma justa. Incluso entonces, el hecho es que los productores no tienen a su disposición la maquinaria de producción. Esta maquinaria no es suya, sino que se utiliza para disponer de ellos. La consecuencia inevitable es que los grupos que se oponen a la dirección existente serán oprimidos por la fuerza. El poder económico central está en manos de quienes, al mismo tiempo, ejercen el poder político. Cualquier oposición que piense de forma diferente sobre los problemas políticos y económicos será oprimida con cualquier medio posible. Esto significa que en lugar de una asociación de productores libres e iguales, como la definió Marx, existe una casa de corrección como nadie ha visto antes».

Esta cita, traducida libremente de un texto de hace setenta años, explica que las relaciones de producción, tal como se desarrollaron en Rusia después de octubre de 1917, no tienen nada que ver con lo que Marx y Engels entendían por comunismo. En la época en que se publicó el panfleto que acabamos de citar, el terror de los años treinta estaba por llegar. Era sólo una profecía. No hubo ningún acontecimiento político que provocara esta crítica de la sociedad soviética; esta crítica surgió de un análisis económico. Sobre esta base se entendía el estalinismo naciente como la expresión política de un sistema económico que pertenecía a una explotación capitalista de Estado, y esto contaba no sólo para el estalinismo.

El texto que acabamos de mencionar era obra de un grupo cuyos autores pertenecían a una corriente que surgió en los años posteriores a la Primera Guerra Mundial y adquirió un significado permanente. Esta corriente se caracterizaba por una aguda crítica tanto de la socialdemocracia como del bolchevismo. Era una corriente que analizaba detenidamente las experiencias cotidianas de la clase obrera, y así llegó a nuevas ideas sobre la lucha de clases. La corriente veía la socialdemocracia y el bolchevismo como el «viejo movimiento obrero»; la contradicción de esto era «un nuevo movimiento de los trabajadores». Sigue leyendo

La revuelta del Grupo Wagner y el curso futuro de la guerra

En enero de 2022 (y antes de la invasión rusa de Ucrania) estaba claro que el imperialismo ruso estaba operando desde una situación de miedo. Escribimos en Revolutionary Perspectives #19 que Putin era

consciente de la relativa debilidad de Rusia frente a las fuerzas combinadas de la OTAN. El propio ejército de reclutas ucraniano es el tercero más grande de Europa (más de 170.000 soldados en primera línea con muchos más en reserva), y está siendo reformado y reorganizado, lo que, con armamento nuevo y sofisticado de las potencias de la OTAN, lo hará más eficaz. A Putin le preocupa que Ucrania sea pronto lo suficientemente fuerte como para recuperar el Donbass.

El fracaso a la hora de capturar Kiev en la «operación militar especial» al principio de la invasión está en la raíz de la reciente «revuelta» de los wagnerianos. Aparte de las razones mencionadas, la incompetencia logística del ministro de Defensa, Sergei Shoigu, y del comandante del Ejército ruso, Valery Gerasimov, también ha sido un factor, como ha dejado claro el jefe de Wagner, Yevgeny Prigozhin. Shoigu no es militar, sino un ingeniero civil de formación con un historial de éxitos en la gestión de emergencias civiles. El anterior ministro de Defensa fue destituido en 2008, después de que el Ejército ruso pasara apuros en Georgia, pero lo que también recomendó Shoigu a Putin fue que no estaba controlado por ninguno de los clanes oligárquicos que se disputan el poder a la cabeza del Estado ruso. Sigue leyendo

[Francia] Disturbios contra el capital – Como un coche deportivo estampado en la fachada de un Lidl

Por: A$AP Revolution

Cientos de policías heridos, miles de edificios públicos quemados, los alborotadores atacan al Estado, a todas sus estructuras, y con razón. Las autoridades, bajo presión, sacaron los tanques para sofocar el movimiento.

La burguesía llama constantemente a la calma y la impone desplegando un arsenal represivo y una propaganda mediática sin precedentes. Pero, ¿quién ordena a la policía golpear, violar y asesinar? ¿Para quién se dejan la piel? ¿Quién gana el dinero de las viviendas podridas que nos cuesta pagar? ¿Quién dirige el sistema judicial que mete a la gente en la cárcel? ¿Quién teme que quememos, saqueemos y redistribuyamos los bienes que tanto nos cuesta producir? Están librando una guerra de clases contra nosotros y, tras un nuevo asesinato en los suburbios, la respuesta de los barrios es inmediata.

 El 27 de junio de 2023, el Estado disparó a Nahel a quemarropa. Como en 2005, los alborotadores golpearon al Estado, que les dejó morir. Atacaron escuelas, bibliotecas, ayuntamientos, oficinas de empleo y centros de servicios sociales. En resumen, todos los lugares que socavan nuestra emancipación y nos mantienen en la pobreza. Los lugares donde se lleva a cabo la selección social, la transmisión de la cultura burguesa y la moral cívica para producir una mano de obra dócil.

Atacan las cárceles para liberar a los presos. Atacan las comisarías para vengarse. Van a servirse gratis allí donde haya mercancía.

Y tienen razón

Trabajamos como animales para fabricar, transportar y vender chatarra para que los patrones se queden con la mayor parte. Nosotros mismos construimos los guetos en los que a menudo nos vemos obligados a vivir, reservas de mano de obra sobreexplotada y parques para desempleados. En este mundo de mierda, nada es gratis y todo el día se nos mofa con «lo que podríamos tener» pero nunca tendremos. Así que los alborotadores irrumpen en las tiendas y se sirven ellos mismos. A veces incluso destruyen la mercancía. Pocas veces hemos visto estas prácticas multiplicadas con tanta intensidad.

Los almacenes se desmoronan, el valor se esfuma; los patronos sudan

Una parte del proletariado impone directamente sus necesidades: no se busca el compromiso. No hubo más exigencias, sólo ayuda directa. Todo sucedió muy deprisa: o subías al tren o lo perdías. Los alborotadores se organizaron sin representantes y lucharon por sus intereses, que resonaban con los de la clase, con una inventiva y una creatividad sin parangón. Es un mensaje claro para todos: los puntos de reunión y los objetivos se publicitan en las redes sociales, se unen a través de las marañas y divisiones entre suburbios, y se extienden al centro de las ciudades y a pueblos más pequeños.

La cólera se extendió como un reguero de pólvora, las ciudades se respondieron unas a otras y el país ardió en llamas en el espacio de unas pocas noches

Ataques con arietes a tiendas, coches deportivos estampados en la fachada de un Lidl [Nombre de una cadena de supermercados. NdlT], escopetas apuntando a las cámaras, trituradoras en los cajeros automáticos, retroexcavadoras destrozando estancos, espectáculos pirotécnicos mejores que en Disneylandia, secuestros de camiones, autobuses y maquinaria de construcción… El movimiento de los Chalecos Amarillos no está tan lejos, las prácticas perduran, la solidaridad de clase también.

Como en todos los movimientos, las construcciones mediáticas para dividir, frenar y aislar a los frentes más decididos de la revuelta hacen estragos. Hoy es la figura del «joven de los suburbios», una representación racista y despolitizadora de los que realmente se organizan y luchan para ganarse la vida.

Los explotadores siembran y mantienen divisiones en el proletariado y nos enfrentan entre nosotros. El racismo que impregna toda la sociedad es la prueba violenta de ello, desde las milicias de extrema derecha hasta el fariseísmo despreciativo de la izquierda. Desde la burguesía y sus instituciones hasta los proletarios que se equivocan de enemigos.

El país está patas arriba y, para poner orden, la disociación va viento en popa y se organiza la represión. Todo el mundo se implica: Los «bobos» que defienden las bibliotecas, los clubes juveniles y las escuelas.

Los derechistas y el Estado, que culpan a los chavales de su responsabilidad criminal y moral

Los izquierdistas, en su enésimo intento de recuperación política, que piden la reforma de la policía y la justicia social, mientras escupen a los alborotadores.

Los fascistas que crean milicias y llaman a matar árabes. Golpean y esposan a la gente para entregarla a la policía… cuando no es la propia policía la que pide que se reprima a los alborotadores.

Todos defienden el viejo mundo que agoniza

Todo el espectro político hace un llamamiento unánime a la calma y a la «justicia». Todos están de acuerdo en la necesidad urgente de volver a la normalidad y al orden republicano: esto es la unidad nacional. Cada partido o sindicato defiende su visión del desarrollo del capital cuando se trata de hacer su pan electoral. Pero cuando las cosas se ponen turbias y la afirmación del proletariado amenaza los intereses burgueses, todos se ponen del lado del orden. Es una unión que sirve y justifica las duras represalias que caen sobre todos los que se sublevan.

Sólo para poner de acuerdo a los alcaldes y a las madres

El capitalismo está en crisis y sus gestores no tienen nada que hacer para detenerlo. Entre reformas, integración y represión de los movimientos, el Estado inicia la confrontación, la piensa, la prepara y se refuerza para futuras batallas. Antes, en Francia y en Europa, existía el palo y la zanahoria, pero hoy sólo existe el palo: la primera respuesta del Estado es reprimir toda forma de revuelta, y hacerlo golpeando fuerte.

Una verdadera carnicería en las calles y en los tribunales. Por todas partes hay heridos por disparos de la policía (gases lacrimógenos, esquirlas, granadas) y un sinfín de comparecencias ante los tribunales. Sentencias de prisión a montones y ya hay gente muerta y en coma. No debemos permitir que la poderosa solidaridad que existe en las calles se extinga en los tribunales y en las celdas.

Es la extensión de esta solidaridad la que dará un vuelco a todas las relaciones sociales

Durante este periodo, los conflictos entre nuestra clase y la burguesía se intensificaron y multiplicaron. La guerra interrumpió el flujo de suministros, haciendo subir los precios y bajando los salarios. Las condiciones de vida se deterioraron y el Estado ya no tenía mucho que ofrecer.

La revuelta llega justo a tiempo, la gente saquea hasta que no queda nada, pero ¿luego qué? Así que esta venganza es el atisbo de una ruptura necesaria con el compromiso social en el que estamos atrapados. Se trata de romper con las reivindicaciones reformistas e imponer un equilibrio de poder.

Todo el mundo pasa hambre y, aquí como en todas partes, el proletariado está revuelto. No cabe duda de que esta semana explosiva tendrá un profundo efecto en futuros levantamientos.

De las llamas en los suburbios a una conflagración general,

la única manera de fortalecer nuestra clase es extender y radicalizar la revuelta.

En este sistema capitalista que se sueña inmortal, se perfila una salida: la revolución.

Tienen los morteros y la crítica radical del viejo mundo.

Se están organizando para el futuro.

Nosotros formamos parte de ello.

Materiales acerca de los últimos acontecimientos en Francia

“¿CHUSMA? ¡PUES BIEN, SOMOS PARTE DE ELLA!” El ministro del interior francés, Sarkozy lanzó una campaña de represión, en 2005, contra los proletarios de los suburbios en lucha, calificándolos de “racaille”… un término francés que en castellano puede traducirse por: chusma, infame, escoria, ruin, basura desechable, gentuza, hampa, gente que se desprecia.

Compilamos algunos textos acerca de los motines callejeros y disturbios desatados masivamente en Francía a raíz de la muerte del joven Nahel a manos de la policía. También consideramos esencial para esta compilación incluír viejos textos de la revuelta que casualmente tuvo lugar en ese mismo país en el año 2005, debido a la similitud y estrecha relación que guardan entre sí. Sigue leyendo

Viktor Belash 1893-1938

Viktor Fedorovich Belash nació en 1893 en la aldea de Novospasovka (la forma ucraniana es Novospasivka), en el sur de Ucrania. Novospasovka fue también el hogar de otros anarquistas que más tarde participaron en el movimiento makhnovista, como Vassili Kurilenko y Vdovichenko. Recibió educación elemental y trabajó como ingeniero ferroviario. Ya era comunista anarquista en 1908, a la edad de quince años. Llegó a finales de 1918/principios de 1919 a Gulyai Polye para vincularse con Makhno. Aquí, en consulta con Makhno y otros partisanos, Belash recibió el encargo de organizar un congreso de reorganización militar. Fue elegido jefe de estado mayor de los majnovistas el 3 de enero en un congreso celebrado en Pologi con más de cuarenta delegados. Belash era plenamente consciente de la necesidad de una mejor organización militar. Las tropas del general blanco Denikin asesinaron a su padre, a su abuelo y a sus dos hermanos y quemaron todas sus propiedades como venganza por la implicación de Viktor en los makhnovistas, según Archinov, aunque Skirda afirma que fueron las fuerzas austriacas las que asesinaron a su padre, a su abuelo y a su primo. Según Archinov, «era miembro del Consejo de Insurgentes Revolucionarios y un hábil estratega militar. Elaboraba todos los planes relativos a los movimientos de tropas y asumía la responsabilidad de los mismos».

Después de que Makhno se viera obligado a retirarse por la frontera con Rumania el 16 de agosto de 1921, a consecuencia de múltiples heridas, Belash dirigió las operaciones contra los rojos en su ausencia.

Fue capturado por los bolcheviques el 23 de septiembre de 1921, tras ser gravemente herido en la batalla de Znamenka. Fue encarcelado en la prisión de Kharkov, donde fue condenado a muerte. Durante su estancia en prisión, la Cheka le animó a escribir sus memorias, lo que pudo hacer con gran detalle gracias a sus notas militares y su diario de campaña. Llenó tres grandes cuadernos con sus memorias. Extractos de las mismas aparecieron en el número 3 de Letopsis Revoliutsii (Anales de la Revolución), mayo-junio de 1928, con muchos cambios de texto por parte de los censores soviéticos. Liberado por el gobierno soviético en virtud de una amnistía en 1923, fue desterrado a Krasnodar, en la región de Kuban. Allí trabajó como mecánico para la Unión de Cazadores. En diciembre de 1937, durante las purgas masivas de Stalin, fue detenido y fusilado al año siguiente. Fue rehabilitado póstumamente en abril de 1976 por «insuficiencia de pruebas».

Su hijo, Alexander, veterano de la Segunda Guerra Mundial, pudo obtener el manuscrito de la obra de su padre en los archivos del Estado y lo publicó, con otros documentos hasta entonces desconocidos, en 1993. Ha demostrado ser, con sus minuciosos detalles, una fuente extremadamente valiosa sobre el movimiento makhnovista, aunque debe leerse con precaución, siendo conscientes de que Belash escribía en clave y protegía a Makhno y a otros partisanos que aún vivían. Los éxitos militares de los makhnovistas se debieron en gran parte a la capacidad organizativa de este obrero anarquista.

NICK HEATH

Junio de 1953 – Levantamiento proletario en Alemania Oriental

Autor – Nosotros proletarios

La realidad de la lucha proletaria frente a los mitos obreristas

Era el 17 de junio de 1953. Amplios sectores del proletariado se sublevaron en Berlín Este, antes de que la revuelta se extendiera a toda la “República Democrática Alemana” y fuera sofocada por la intervención del Ejército Rojo (por la sangre de los proletarios insurrectos).

En este breve texto, no vamos a desarrollar en detalle cómo se expresó este movimiento. Sólo queremos esbozar sus principales puntos fuertes y débiles, que se repiten históricamente de una lucha a otra, a pesar de las condiciones particulares que hacen que una lucha surja en un lugar y en un momento y no en otros. Nuestro objetivo no es contar una historia, sino extraer lecciones programáticas de luchas anteriores para futuras insurrecciones. No obstante, invitamos a los camaradas a leer el panfleto de Cajo Brendel “El levantamiento de la clase obrera en Alemania Oriental, junio de 1953” (que fue fuente de inspiración entre otros) a pesar de todas las reservas que tenemos sobre el marco ideológico (consejismo) postulado por este militante y que criticamos en el curso de este texto.

Esta sublevación, pocas semanas después de la muerte de Stalin, devolvió al primer plano de la historia el antagonismo visceral entre dos clases sociales con intereses y programas antagónicos y contradictorios. Y esto es así independientemente de la forma que adopte la burguesía para controlar a los proletarios. Porque es siempre con fuerza que el proletariado plantea su existencia como clase desposeída de todo y su necesidad de acabar con este viejo mundo, cualquiera que sea la naturaleza de la renovación de la fachada o el color (rojo, blanco, marrón…) con que se haya repintado nuestra explotación. En el apogeo de la contrarrevolución, en el momento en que nuestros enemigos han saqueado nuestras banderas, en que su Estado se proclama “Estado obrero” y pretenden gobernarnos en nombre de la “dictadura del proletariado” (que en realidad nunca existió y ha sido sustituida por su dictadura sobre el proletariado), son las contradicciones internas de la relación social las que están poniendo en primer plano la lucha de clases.

La fuerza de este levantamiento es que ha desmontado prácticamente todos los grandes mitos del “socialismo real” sobre los que la burguesía había construido su modelo local de gestión capitalista. Este modelo de acumulación fue, durante varias décadas, la respuesta más contundente del Capital (considerado en su singularidad global) a la más importante oleada de luchas (1917-21) que el proletariado ha impuesto hasta la fecha. A este tipo de modelo que impone la defensa de una “patria socialista”, de un “campo socialista” contra un enemigo exterior, de sacrificios a realizar para “construir el socialismo” y completar las previsiones del Plan, a todos estos mitos que son muy reales ya que son la concretización de nuestra explotación, el proletariado sólo podía responder con sus armas de clase: la huelga, el sabotaje, el levantamiento.

La insurrección obrera que estalló el 17 de junio de 1953 fue una verdadera conmoción para todos los sectores de la burguesía, tanto del Este como del Oeste. Frente al enorme poder del Estado y del Partido (bolcheviques), los proletarios insurrectos sólo podían parecer locos. Locos porque atacaban a ese autoproclamado “Estado obrero”, locos porque parecía una “locura” destruir lo que les pertenecía, locos porque la propia lucha sólo podía verse desde fuera como un acto “irracional”. Pero para el proletariado sublevado, todo sucedía según criterios diferentes que para los ciudadanos que aún no se les habían unido.

A pesar del manto de plomo que cubre nuestras luchas, de las masacres de la guerra y de la imposición total de la paz social, siempre es el proletariado el que resurge. Los proletarios atomizados y derrotados están siempre determinados por las circunstancias históricas y el desarrollo social. Si hoy nuestra clase puede parecer indiferente, apática y sumisa, mañana puede levantarse (¡se levantará!) y podrá mostrar la mayor audacia. Nuestro movimiento de abolición del orden social no tiene nada que ver con ninguna fotografía fija, sino que son las leyes del desarrollo social las que provocan esas convulsiones tan temidas por todos los gestores de nuestra miseria. La lucha contra la explotación y contra la condición obrera está incluida en el desarrollo de las relaciones capitalistas. Cuando esta lucha toma la forma de insurrección o revolución, esta ley del desarrollo social pasa a primer plano y destruye radicalmente todos los mitos e ilusiones. Sigue leyendo

CONTRA LA GUERRA

La guerra en Ucrania es la consecuencia de 30 años de cerco de la OTAN a la Federación Rusa.

La guerra en Ucrania no comienza con la invasión rusa en febrero de 2022, sino con la agresión militar (neonazista) contra las poblaciones rusoparlantes del Donbass, iniciada y legitimada por los gobiernos pro-UE y pro-OTAN desde 2014.

La guerra en Ucrania, como todas las guerras, es una guerra contra los proletarios: en primer lugar contra los proletarios ucranianos, utilizados como carne de cañón en defensa del imperialismo de la OTAN, y contra los proletarios rusos, enviados a morir y ser asesinados en el frente. Indirectamente, es una guerra contra todos los proletarios, empezando por los de los países de la UE y de la OTAN: seremos nosotros, los explotados y explotadoras de Occidente, los que pagaremos caro el apoyo a la guerra, el envío de armas, el disparado gasto en defensa, el esfuerzo productivo del complejo industrial-militar, ante todo con recortes en pensiones, sanidad y salarios. Una parte cada vez mayor de la riqueza producida socialmente se destinará a la guerra, la economía de guerra se impondrá con el estado de excepción, la militarización del frente interno y la intensificación de la represión contra los que luchan.

El apoyo militar prestado por todos los Estados occidentales al Estado ucraniano nos convierte de facto en cobeligerantes. Los políticos y estadistas no tienen reparos en exponer a sus poblaciones a las posibles consecuencias.

La guerra en Ucrania nos acerca peligrosamente a una posible tercera guerra mundial y al apocalipsis nuclear: el Estado ruso amenaza abiertamente con el uso de armas atómicas (los países europeos, por su parte, anuncian el envío de armas de uranio empobrecido).

La guerra en Ucrania es un negocio lucrativo para los patrones occidentales, que tienen todo el interés en que continúe el mayor tiempo posible y al mismo tiempo sea lo más destructiva posible: no sólo por los enormes beneficios de la industria bélica, sino también por el tentador negocio de la reconstrucción.

EL INTERÉS INMEDIATO DE LOS PROLETARIOS ES EL ALTO EL FUEGO.

La tarea de los proletarios rusos y ucranianos es levantarse contra sus respectivos Estados, practicar la renuncia, la deserción, el derrotismo, el sabotaje, el ataque al frente interno. Todo esto ya está ocurriendo y merece la más amplia solidaridad de clase e internacionalista.

La tarea de los proletarios de Occidente es levantarse contra sus respectivos Estados, en primer lugar para detener el envío de armas, sabotear la industria bélica, oponerse a la servidumbre militar y a la presencia EEUU-OTAN, a la propaganda de guerra fundamentalista y a la mentira interclasista de la unidad nacional.

Las armas de que disponemos son las que siempre han estado en manos del proletariado: huelga, bloqueo, sabotaje, acción directa. Sólo una reanudación fuerte y decidida del conflicto de clases puede sacarnos de la pesadilla de la guerra.

ROMPER EL FRENTE, SABOTAJE, REVUELTA

anarchici e anarchiche

***

Fonte: https://ilrovescio.info/2023/05/24/contro-la-guerra-rompere-il-fronte-sabotare-insorgere/

Fragmentando el imperialismo: el derrotismo revolucionario y sus enemigos

Presentación de GdC – Tridni Valka:

Publicamos aquí (y traducimos al inglés y al francés) la última contribución del grupo Barbaria sobre la guerra en Ucrania y la lucha contra ambos bandos burgueses del conflicto. Barbaria reafirma muy correctamente la única alternativa proletaria a la negación de nuestra humanidad, ya sea en el trabajo o en la guerra: el derrotismo revolucionario y la transformación de la guerra capitalista entre Estados en una guerra revolucionaria entre clases.

Sin embargo, hay un problema que nos cuesta digerir: nos negamos a seguir a los camaradas del grupo Barbaria cuando citan a Lenin (aunque la citación pueda ser correcta), como si esta figura hubiera sido un camarada de nuestra clase, de nuestro partido, como si no lo hubiera sido (él y su partido como estructuración política), en todos los procesos en los que nuestra clase intenta emerger del vacío de su alienación, uno de los elementos más radicales de la socialdemocracia histórica (es decir, del partido burgués para los obreros) y, por tanto, de la reconstitución del Estado en la Rusia sacudida por la ola de insurrección proletaria.

Por otra parte, con respecto al papel de Lenin en la lucha contra la guerra, simplemente afirmamos esto: ni la Conferencia de Zimmerwald, que fue de hecho una reunión de la socialdemocracia internacional “no belicista” y pacifista, ni siquiera la llamada “Izquierda de Zimmerwald”, que sólo tenía el color de la revolución sin tener realmente ninguno de sus atributos, representaron ninguna respuesta real de nuestra clase a la carnicería mundial. Por otra parte, reivindicamos todas las rupturas comunistas (y/o anarquistas) que se afirmarán fuera y contra la represión del proletariado.

Y como consecuencia de esto, también nos negamos a considerar al grupo Matériaux critiques (Materiales Críticos) como “camaradas”, como afirma el texto de Barbaria. Cualquiera que sea la importancia de ciertas afirmaciones hechas por este grupo, nunca, jamás rompió realmente con el leninismo, con el bolchevismo, ¡todo lo contrario!

Dicho esto, esperamos que disfrute leyendo esta contribución…

Guerra de Clases – 29 de mayo 2023 Sigue leyendo

¿Qué hay de nuevo en el «anarquismo»? ¡Autodeterminación nacional y convergencia de intereses con el capital!

Lo que sigue es una breve respuesta a un artículo de Wayne Price publicado en el sitio web de la Federación Anarquista Checa (AFed). El retraso en nuestra breve respuesta sólo puede explicarse por el hecho de que nos ha llevado mucho tiempo recuperarnos del artículo «¿Are Anarchists Giving in to War Fever?” [¿Están los anarquistas cediendo a la fiebre de la guerra? – publicado originalmente en inglés en la web Anarkismo.net]. Asumimos que incluso una organización tan dispar y programáticamente confusa como AFed no podía desviarse de los principios básicos del anarquismo, puesto que ya los llevaba en su nombre. Pero estábamos equivocados.

En el contexto de la guerra en Ucrania, bajo la apariencia de condiciones específicas y apoyo crítico, Wayne Price (y su editorial, AFed) están tratando de introducir en el anarquismo (que consideramos un movimiento revolucionario y parte de la lucha general del proletariado contra la dictadura del capital) elementos fundamentales de la ideología burguesa que están en contradicción directa con el programa anarquista para la emancipación de la humanidad. Hay que señalar que este programa no deriva del texto de tal o cual teórico anarquista, sino que se constituyó en oposición al capitalismo, en la lucha contra él y como su negación.

¿Anarquistas por la nación?

¿A quién apoyan exactamente los «anarquistas» de AFed en Ucrania? Wayne Price intenta convencernos de que se trata de la «nación oprimida». Sostiene que «los anarquistas rechazan el nacionalismo pero no el objetivo de la autodeterminación nacional (…) incluida la libertad de un pueblo para elegir el sistema político que desee (por ejemplo, un Estado democrático, un Estado centralizado o ningún Estado [anarquía]) – y su libertad para decidir qué sistema económico quieren (socialismo de Estado, capitalismo, socialismo libertario)».

Que los «anarquistas» actúen según el concepto de nación ¡es nuevo para nosotros! Hasta ahora, suponíamos que los anarquistas se oponían a la nación y a sus consecuencias materiales, como el Estado-nación, la autodeterminación nacional, la unidad nacional y, en consecuencia, la propia guerra entre naciones.

Los anarquistas revolucionarios siempre han adoptado posiciones anti-nacionales, y por buenas razones. Si admitimos que las relaciones sociales corresponden al nivel de desarrollo de la producción material y también producen principios, ideas y categorías de acuerdo con estas relaciones sociales, está claro que estas ideas y categorías también son sólo productos históricos y transitorios que aparecen y desaparecen. Lo mismo ocurre con la idea de nación, entidad creada artificialmente, producto histórico del desarrollo de las fuerzas productivas, que ha servido a la burguesía para llevar a cabo su revolución, para establecer su dominación. Y también para atar al proletariado a su proyecto, para dividirlo en Estados-nación, para convencerlo de que sus intereses son idénticos a los de los capitalistas de su misma nacionalidad, para controlarlo mejor física e ideológicamente.

La nación es la alianza artificial de explotados y explotadores. La «independencia de los pueblos, la cultura y la libertad nacional» de la que habla Wayne Price no es más que el terreno sobre el que la burguesía puede explotarnos a su antojo y hacernos creer que si nos acosa en el trabajo un negrero que hable nuestra lengua, nuestro trabajo será más soportable.

La constitución del proletariado como clase se ve constantemente socavada por la competencia entre proletarios como vendedores libres e iguales de mercancías, de su fuerza de trabajo. Todas las fuerzas ideológicas, políticas y militares consolidan esta atomización sobre la que descansan la paz social y el orden burgués. El proletariado se desintegra en el pueblo, la negación burguesa de los explotados como seres universales, como clase antagónica al capital. Y esta negación culmina finalmente en la masacre de la guerra capitalista.

La creación y la existencia de los Estados-nación no han eliminado la esencia misma de la burguesía -la competencia-, que obliga a los burgueses a oponerse entre sí y a enfrentarse brutalmente en todos los niveles de la distribución de los medios de producción y de los mercados. La unidad dentro de la burguesía (por ejemplo, dentro del Estado-nación, los acuerdos internacionales, etc.) se establece para obtener las mejores condiciones posibles en la guerra comercial (y también en la guerra de clases). Esta unidad puede romperse en cualquier momento en varias fracciones específicas que harán valer sus intereses en conflictos mutuos.

En consecuencia, toda paz no es más que una fase de un proceso que conduce a una nueva guerra. Por otra parte, cualquier acción del proletariado -por parcial que sea- en la que actúe por sí mismo y por sus propios intereses contiene la afirmación del proletariado y de su lucha por la revolución social general.

Por eso, como movimiento revolucionario, el anarquismo se opone desde el principio a la patria, a la nación y a la lucha nacional, y busca la abolición de todas las fronteras y de todas las naciones. Los anarquistas revolucionarios no apoyan a una nación contra otra, ni «al más débil», ni «al agredido», ni «al oprimido». Los anarquistas revolucionarios están del lado del proletariado a ambos lados del frente.

¿Los intereses de quién convergen?

Price explica el hecho de que algunos «anarquistas» luchen por los intereses del Estado ucraniano por una especie de «convergencia temporal de intereses entre el imperialismo occidental y el pueblo ucraniano».

Si los «anarquistas» consideran que sus intereses y los de la burguesía coinciden «temporalmente», deberían plantearse seriamente qué intereses están realmente en juego. En el caso de Rusia y de las potencias occidentales que se le oponen, se trata de ampliar su esfera de influencia y de mantener el estatus de Ucrania como zona tampón.

Por lo que sabemos, los anarquistas, como parte de nuestro movimiento de clase, estamos y siempre hemos estado preocupados por lograr la revolución social. Se trata de hacer realidad los intereses de la clase oprimida, de liberarla del yugo del capitalismo, de lograr una verdadera comunidad humana.

Entonces, ¿en qué consiste esta convergencia de intereses?

Del mismo modo que al proletariado no le interesa construir nuevas fábricas (en las que gastará su energía vital en suciedad y sudor a cambio de un salario miserable), contribuyendo no sólo al enriquecimiento de un determinado propietario capitalista, Tampoco le interesa defender las fronteras nacionales, la integridad territorial, la democracia o los derechos humanos, que no son más que el marco de su explotación y un instrumento de control.

Wayne Price cita el ejemplo de los Amigos de Durruti. Pero no entiende absolutamente nada de sus críticas al frente único. De hecho, el frente único que critican los Amigos de Durruti no es sólo una organización formal unificada, la participación de los anarquistas en el gobierno o la colaboración con tal o cual partido, sino también una alianza informal, una línea de conducta unida en la lucha por y en nombre del programa burgués, la renuncia al programa proletario y su aplazamiento hasta «después de la guerra», en otras palabras, precisamente la unidad de intereses mencionada anteriormente.

Es cierto que los Amigos de Durruti no exigieron la retirada de los anarquistas del frente, pero esto resultó ser un error decisivo desde el punto de vista histórico. Mientras los proletarios del Frente de Aragón pensaban que su lucha defendería la revolución social en curso contra los fascistas, los partidos democráticos antifascistas dirigían la contrarrevolución en la retaguardia. En otras palabras, en lugar de congelarse la cabeza en las trincheras y sufrir la falta de suministros y municiones, los anarquistas de España deberían haber ido a Barcelona y Madrid para frenar a las fuerzas que, bajo la apariencia de un frente unido antifascista, estaban restableciendo gradualmente la dominación del capital. La revolución española fue derrotada tanto por los fascistas como, sobre todo, por los «partidos democráticos» que les habían preparado el terreno.

Hoy no hay revolución proletaria en Ucrania, y los proletarios del frente mueren sin rechistar, únicamente por el Estado burgués y sus intereses. En consecuencia, sólo podemos repetir lo que muchos han subrayado antes que nosotros. El proletariado no tiene ningún interés en defender su Estado ni en luchar por la democracia. Ni la democracia ni «nuestro propio Estado» son terreno fértil para la lucha de clases, sino todo lo contrario.

La consigna del proletariado ucraniano no es «Gloria a Ucrania» (una Ucrania mejor, más democrática, socialmente más justa, que no puede existir en la realidad de las relaciones capitalistas) sino «¡Ni un trabajador para el frente, ni un céntimo quitado de nuestros salarios!».

¿Qué tipo de solidaridad?

Sólo podemos comprender el mundo capitalista y sus profundas contradicciones sociales a través del prisma de la lucha proletaria, que es y debe ser necesariamente internacionalista. El proletariado, sea cual sea el país en el que se encuentre, sean cuales sean las condiciones a las que se enfrente, constituye una misma clase internacional y, por la lógica de las cosas, se enfrenta a un mismo enemigo.

La burguesía y sus ideólogos (aunque se llamen «anarquistas») niegan el carácter universal de las condiciones de lucha del proletariado, subrayando las especificidades de tal o cual situación.

La burguesía trata de imponernos el terreno en el que mejor puede derrotarnos. En otras palabras, la burguesía hace «olvidar» al proletariado que es la única clase universal y le impone el terreno de confrontación que más le conviene. Puede así imponer el marco de la guerra a la que nos envía: la fuerza internacional unida de la burguesía contra la actividad aislada de nuestra clase, confinada en tal o cual región. La política burguesa para el proletariado, la política socialdemócrata, mantiene al proletariado de cada país dentro de sus fronteras, transformando el «internacionalismo» de nuestra clase en colectas, peticiones, interpelaciones parlamentarias y «solidaridad» a través de transferencias bancarias y campañas de apoyo por correo electrónico. Esta forma de actividad no sólo es completamente inofensiva para la burguesía, sino que transforma la necesidad de acción directa contra el capital en colaboración con la burguesía.

Los anarquistas no estamos interesados en este tipo de «solidaridad» con los proletarios (no con el pueblo) de Ucrania, sino en trabajar junto a ellos para promover la misma lucha, los mismos intereses, la misma comunidad de lucha, en todo el mundo. A esta falsa «solidaridad» oponemos la solidaridad real, que es el resultado de una lucha común.

¿Qué podemos decir a modo de conclusión?

Debemos decirle a Wayne Price que las posiciones que está adoptando (no sólo en relación con la guerra en Ucrania) no son las de los anarquistas, sino las de los liberales.

Y la Federación Anarquista debería decidir si no sería preferible eliminar la palabra «anarquista» de su nombre, ya que es totalmente incoherente con las posiciones que defiende. Hoy en día, la AFed tiene más de un pie en el campo de los belicistas que apoyan la masacre mutua de proletarios en Ucrania en nombre de la defensa de una democracia imaginaria, la autodeterminación nacional y otros conceptos completamente ajenos al proletariado (y más aún a los anarquistas).

Y si el actual conflicto militar se extiende al resto de Europa, ¿enviará la AFed a nuestros hermanos y hermanas al matadero en nombre de la misma ideología falaz y esencialmente burguesa?

 Guerre de Classe [ TridniValka ] & Initiative Antimilitariste [ AMI-IAM ] – Mayo 2023

[Libro] Jean-Yves Bériou | Teoría revolucionaria y ciclos históricos

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Teoría y práctica, marxismo y anarquismo, socialismo revolucionario y anarco-comunismo, socialdemocracia, programa comunista, revolución y contrarrevolución.

Tópicos fundamentales y por demás abordados, pero aquí el autor ofrece un enfoque a contracorriente: el de la teoría revolucionaria en estricta vinculación a los ciclos históricos del capital, los cuales son, al mismo tiempo, ciclos de formas particulares de acumulación y de lucha del proletariado.

De este modo, adentrarnos en el pasado significa una vez más preguntarnos por el presente. Se trata de la producción de la teoría comunista como autocomprensión del movimiento proletario.

Escrito en 1973, este texto propone una reconstrucción de la lucha del proletariado desde sus orígenes, elaborada desde la perspectiva teórica de la «autonegación del proletariado», la cual tomó impulso en aquella década y cuya crítica forma parte del surgimiento de la teoría de la comunización.

[Ecuador] Juicio político y «muerte cruzada»: pugna interburguesa y dictadura democrática del Capital. Se avecina una nueva revuelta

 

El juicio político contra el presidente banquero Lasso que tuvo lugar antes de ayer, 16 de mayo de 2023, en la Asamblea Nacional del Ecuador no es más que una pugna interburguesa y una pantomima democrática: una nueva pelea entre patrones, sus políticos y sus abogados para adueñarse del botín del Estado y del botín del petróleo (ej. FLOPEC), arguyendo que lo hacen «en beneficio del pueblo». Porque el Estado ecuatoriano depende principalmente de la renta petrolera. Entonces, el fondo de este problema en realidad no es político, legal ni mucho menos «moral», sino que es un conflicto de intereses económicos o materiales entre diferentes fracciones de la clase capitalista de este país, en estos tiempos de crisis generalizada, que se está resolviendo bajo una forma política.

Por su parte, la izquierda del Capital de todos los colores (verdeflex, arcoíris y rojiamarilla) que, de manera ilusa y oportunista, apoyó el juicio político y dijo estar «vigilante» desde la vereda, también forma parte de esta pugna interburguesa y pantomima propia de la democracia sin comillas, a la cual además dice «defender». Decimos sin comillas, porque la democracia en realidad es la dictadura invisibilizada y normalizada del Capital y su Estado sobre el proletariado. Dictadura democrático-burguesa, entonces, en la que derecha e izquierda no son contrarias, sino complementarias, alternantes… y cómplices, así la izquierda diga lo contrario, tanto dentro como fuera de la Asamblea Nacional. La «muerte cruzada» decretada democrática y legalmente por el derechista Lasso el día de ayer, 17 de mayo de 2023, también demuestra en los hechos y una vez más que la democracia es la dictadura de la burguesía.

Por lo tanto, ni juicio político ni «muerte cruzada»: no hay nada que apoyar por parte de la clase trabajadora que habita la región ecuatoriana, quien todavía es la gran perdedora y la gran ausente en toda esta situación, porque sus condiciones materiales de existencia se han empeorado, pero al mismo tiempo porque su conflictividad también ha bajado. Sin embargo, cuando ésta aparezca en escena lo hará por otros motivos, con sus propias reivindicaciones y sus propios métodos de lucha. Siendo entonces posible que patee el asqueroso tablero de ajedrez político de la clase dominante y su séquito.

Posible escenario «pesimista» en un futuro inmediato: puesto que Lasso ya activó la «muerte cruzada» (Decreto Ejecutivo 741) para no ser destituido de su cargo, con lo cual se convierte prácticamente en dictador civil con el apoyo de las Fuerzas Armadas y la policía, eso podría detonar un nuevo Paro Nacional o revuelta popular en los próximos 6 meses, misma que quizás podría «salirse de control», no sólo al Estado sino a la izquierda, hasta llegar a ser una huelga general e insurreccional. Decimos quizás, porque las condiciones aún no están dadas para ello, pero podría haber sorpresas. Más bien, dado que la burguesía ya se ha blindado, armado y anticipado con sus últimos Decretos Ejecutivos 707 (libre porte de armas) y 730 (militarización del Estado), eso también podría terminar en una masacre de la clase trabajadora que se levante. Masacre cometida no sólo por policías y militares, sino también por paramilitares y sicarios de las bandas de narcotraficantes. Por desgracia, tal como están las cosas de graves en el país, ésto último podría ser lo más probable en tal escenario. Sea como fuere, el futuro es incierto… y turbio.

A lo mejor podría darse una revuelta masiva parecida a la que ocurrió hace unos meses en Perú, con la obvia diferencia de que no sería para defender al presidente destituido por el poder legislativo, sino para presionar que se vaya y lo reemplace otro: ya no el actual vicepresidente Borrero, sino… ¿Nebot, Correa o Iza? En cualquier caso, todo seguiría girando alrededor del Estado capitalista y su sistema político-electoral, mientras que los proletarios de todas las «razas» lanzados a las calles seguirían siendo carne de cañón y luego de urna en la pugna interburguesa.

Excepto y sólo excepto si es que acontece un desbordamiento de ese posible estallido social, en el cual el proletariado comience a actuar como clase autónoma y antagonista. Lamentablemente, eso no ha pasado en las últimas revueltas, al menos aquí en Ecuador. Y es probable que tampoco ocurra en una nueva revuelta, pero en cambio podría ser su «caldo de cultivo». Porque para ello aún falta más golpes del enemigo (ej. una nueva reforma laboral), batallas y derrotas aleccionadoras como clase; así como también, más rupturas, saltos, «nuevos actores» y sorpresas.

Por ejemplo, si es que los trabajadores petroleros de aquí siguiesen el ejemplo de acción directa y autoorganización de los trabajadores petroleros de Irán, haciendo huelgas y tomas a mano propia, porque sólo ellos pueden hacerlo. Lo mismo los trabajadores de los demás sectores estratégicos de la economía. Eso sí sería golpearle al Capital y al Estado donde realmente les duele: en el terreno de la producción de valor y en su tasa de ganancia. Ahí es donde realmente radica y se juega el poder de clase, no en el Palacio de Carondelet ni en la Asamblea Nacional. Todo lo demás es andarse por las ramas. Lo cual no quiere decir que los demás sectores de la clase trabajadora no salgan a luchar. Tienen que hacerlo. Y lo van a hacer, más aún si este gobierno decreta una nueva reforma laboral, tal como ya lo ha anunciado aprovechando la «muerte cruzada». Pero sobre todo, nuestra clase tiene que aprender al calor de sus luchas para no volver a cometer los mismos errores, sino para avanzar o dar saltos hacia adelante.

Ahora bien, por más análisis críticos y llamamientos a la acción que hoy hagan las diferentes organizaciones de izquierda (y ultraizquierda) de esta región contra el gobierno del banquero sociópata Lasso, sólo el mismo desarrollo impersonal y contradictorio de la crisis capitalista y la lucha de clases real tendrán la última palabra. Si salimos a las calles a luchar por nuestras vidas y nos juntamos con otros, será como unos nadies más, a hacer lo que se pueda hacer y a aprender lo que se tenga que aprender para próximas batallas como clase. Teniendo siempre presente que la solidaridad, la autoorganización y la acción directa de masas son nuestras mejores armas.

Proletarios Hartos De Serlo

Quito, 18 de mayo de 2023

CATÁSTROFE CAPITALISTA Y TEORÍA REVOLUCIONARIA

A lo largo de estas líneas queremos explicitar el esquema general que preside nuestra concepción del proceso revolucionario y que está germinando ya a partir de las contradicciones del capitalismo. Las bases de esta concepción residen, cómo no, en las bases del materialismo histórico, pero queremos centrarnos en lo desarrollado por un importante texto de la izquierda italiana de 1951, Teoría y acción en la doctrina marxista, un texto en el que se desarrolla el esquema de la inversión de la praxis al que hemos aludido en algunas de nuestras aportaciones. Para ello, además, haremos uso de numerosos textos de los compañeros de n+1, que son los que mejor han ido desarrollando las implicaciones teóricas y prácticas de este esquema.

Visiones gradualistas de la revolución

La perspectiva que existe generalmente de la revolución es diametralmente opuesta a la que defenderemos aquí. La podemos resumir como sigue: se trata de una concepción que parte de una visión cultural y voluntarista según la cual las revoluciones, los movimientos, las luchas y los partidos se hacen gracias a la inteligencia y la voluntad humana. De ahí se desarrolla una visión que le da mucha importancia al activismo inmediato por parte de los militantes, que son los que crean las condiciones que hacen posible la revolución a través de la creación de nuevas instituciones que nacen del activismo. De esta concepción nace la idea de que hay que ser lo suficientemente inteligente como para adecuar las alianzas, los frentes, las tácticas y los programas a las variaciones que viven las situaciones contingentes. Este tipo de teorías se presentan en un abanico amplio de corrientes que, más allá de sus diferencias, coinciden en una aproximación voluntarista de la idea de la revolución. Se trata de una idea del cambio social radical que se hace gracias a minorías que logran arrastrar y educar a las masas hacia la toma del poder. Pueden variar las tácticas que se aplican, pero estalinistas, trotskistas y anarquistas, más allá de sus indudables diferencias teóricas y estratégicas, comparten este esquema de fondo de tipo voluntarista. Sigue leyendo

100 días de guerra de clases – Permanencia 28 de abril


Por A$AP Revolution

Huelgas masivas seguidas incluso en las empresas privadas, multiplicación de las asambleas de organización, manifestaciones gigantescas (hasta 40.000 personas en Rennes) plantean un rechazo masivo a otra reforma cuyo objetivo no es otro que hacernos trabajar más con salarios insultantes.

En Rennes, y en otras ciudades, a partir de marzo, el movimiento empezó a ser más ofensivo en las calles.

Manifestaciones salvajes e incontrolados de varios miles de personas, bloqueos de cientos de disuasorios cada semana que paralizan las arterias de la ciudad, un bloqueo de 3 semanas de la recogida de basuras que inunda la ciudad de basura, saqueos de comercios y autorreducciones, la apertura de edificios seguida de disturbios en el centro de la ciudad con la plaza Sainte Anne como punto de encuentro, y la rotura y cierre sistemáticos de comercios.

Una comisaría de policía, un centro de congresos (el convento de los Jacobinos) y un ayuntamiento ardieron en momentos de rabia y júbilo colectivos. Cada día, de camino al trabajo o al atravesar Rennes, descubrimos una ciudad destruida y transfigurada por el movimiento, que huele a plástico quemado y apesta un poco menos a burguesía.

Una atmósfera de locura, el encuentro de muchas personas habitadas por una revuelta común, una ruptura de la vida cotidiana que ha atravesado toda la ciudad y más allá de una forma sin precedentes.

El paso forzoso del 49,3 marca un momento de intensificación y contaminación del movimiento en toda Francia. En respuesta a este impulso combativo, el Estado refuerza su aparato represivo para romper las huelgas en los llamados sectores estratégicos, herir y detener a cada vez más personas, desalojar los bloqueos e impedir las asambleas.

El fin de semana del 25 de marzo se celebró en Sainte Soline una concentración nacional contra el acaparamiento de agua por los grandes agricultores. La policía masacró a los manifestantes. Muchos de ellos fueron mutilados y un camarada estuvo a punto de morir. Unos días más tarde, los «sublevados de la tierra» -después de haberse puesto a la cabeza de la manifestación enviada a la derrota militar- dieron un espectáculo de alianza con toda la izquierda del capital bajo el pretexto de la unión contra la represión.

Al mismo tiempo, y con lógicas no muy diferentes, las direcciones sindicales dejan pasar las últimas huelgas ofensivas y reconductibles que apoyaron y vuelven a la carga para los diferentes plazos electorales.

Los proletarios en lucha, sindicalistas de base, autónomos, se ven dejados de lado por sus direcciones sindicales y políticas que, después de haberlos enviado a la trinchera, utilizan el movimiento para hacerse un hueco en la burguesía. Pero el riesgo para ellos, y esto ya es una secuencia abierta en gran parte desde los chalecos amarillos que continúa en cierto modo hoy, es que la base en lucha se autoorganice fuera y contra las direcciones burguesas.

Ahora, aunque se apruebe la reforma, aunque las procesiones se debiliten y las pocas huelgas que hayan podido surgir cesen, las manifestaciones salvajes continúan. Porque una parte del pueblo en lucha rechaza la vuelta a la «normalidad». Surge una voluntad, la de renovar un movimiento que se agota.

A los trabajadores en lucha en conflicto tanto con la patronal como con las direcciones sindicales,

A todos los comunistas, conscientes de que el comunismo nunca ha existido,

A los anarquistas que han salido del oportunismo del espectáculo,

Así como a todos aquellos que ven interés en el surgimiento de formas de organización de clase en ruptura con la dirección burguesa.

Nuestro objetivo aquí no es enterrar el movimiento que se inició con el rechazo de la reforma de las pensiones, sino, a través de una crítica radical, comprender sus fuerzas y sus límites.

Si la huelga fue un fracaso y ni siquiera los llamados sectores estratégicos consiguieron renovarla; si los bloqueos de empresas, las ocupaciones, los sabotajes fueron extremadamente raros y aislados; cuestionar la estrategia sindical es necesario pero no suficiente, tenemos que preguntarnos cómo están estructuradas las empresas, cómo está organizada la producción en los territorios, para poder luchar y organizarnos en nuestros puestos de trabajo.

Si la manifestación y el bloqueo de los flujos volvieron a ser la centralidad de la organización proletaria, podemos preguntarnos claramente por qué el movimiento no consiguió bloquear la producción a nivel nacional y por qué las manifestaciones no lograron tomar los lugares de producción, los lugares de poder, los edificios, las viviendas, los medios de comunicación…

Para avanzar necesitamos hacer balance en todos los espacios de lucha, cuestionarnos sobre lo que hemos conseguido y los muros a los que nos enfrentamos, porque en la lucha de clases hay momentos de recrudecimiento que luego exigen que reiniciemos las cuestiones estratégicas para vencer.

Nuestro objetivo aquí no es enterrar el movimiento que comenzó con el rechazo de la reforma de las pensiones, sino, a través de una crítica radical, comprender sus puntos fuertes y sus límites.

En otras palabras, dar un paso atrás.

Por lo tanto, proponemos que los camaradas se reúnan el viernes 28 de abril de 2023 para debatir y organizarse esbozando colectivamente el inicio de un balance y abriendo perspectivas de estructuración a largo plazo.

Y ahora, ¿qué hacemos?

https://asaprevolution.net/

Francia, Grecia, Reino Unido… Proletarios de todo el mundo ¡quememos el capitalismo!

Las protestas en Francia contra la subida de la edad de la jubilación a 64 años han sido encabezadas, organizadas y dirigidas por los sindicatos franceses organizados en la intersindical y, por tanto, organizadas al modo sindical, es decir como bomberos y apagafuegos de la lucha de clases: por medio de huelgas un día a la semana (evitando las huelgas indefinidas), a través del rechazo a las asambleas de los trabajadores o de los cortes de carretera. Los sindicatos se oponen siempre a la autoorganización y la generalización de la lucha por parte de los proletarios. Es una lección que están aprendiendo en sus carnes una minoría de proletarios que estos días están desencadenando en Francia huelgas sin el control sindical. De este modo la semana pasada la rabia explotaba en las calles de las grandes ciudades de Francia:  la reforma de las pensiones, que obliga a los trabajadores/as de Francia a alargar su explotación directa, era el detonante de toda una rabia acumulada, que acumula la clase obrera a lo largo del planeta. Arde París, arde Nantes… El fuego no es suficiente para apagar las llamas de los infinitos ataques y humillaciones que sufrimos a diario por un sistema para el que no somos más que mercancía y carne de cañón. El fuego no es suficiente, necesitamos más. Pero ese fuego anticipa lo que, como proletarios, aún no podemos expresar masiva y unitariamente en palabras, asambleas, como clase. La rabia no es suficiente, necesitamos organización, recuperar nuestras posiciones, nuestro programa. Porque estos momentos inflamados de virus, de crisis, de guerra, de miseria, son también momentos donde la revolución comunista aparecerá con cada vez más fuerza como la única perspectiva posible y realista.

Es el enésimo ataque a los trabajadores en Francia, no el más grave, seguro que no el último. La burguesía, a través de su Estado, quiere reducir el coste de las pensiones alargando la edad de jubilación, una jubilación que para muchos/as trabajadores/as (precarios/as, en negro, domésticos…) es, fue siempre, una quimera. Tiene algo de simbólico, el aumento de la condena a trabajar (como el tótem supremo de la explotación) hace explotar la rabia, incluso de aquellos que nunca tendrán “derecho” a jubilarse.

Demasiadas veces el proletariado se mueve con una clarividencia que aún no es capaz de expresar racionalmente, por un impulso, por la misma necesidad que se materializa en rabia. No era el primer ataque y no será el último, no lo es en Francia, no lo es para los trabajadores franceses, lo es en todo el mundo, lo es para todos los proletarios.

Nunca hemos dejado de luchar, aun cuando las condiciones no eran propicias, no dejamos de luchar como clase explotada, demasiadas veces no nos queda otra opción. Y, sin embargo, venimos de una larga contrarrevolución histórica desde hace 100 años. Estamos viviendo, en los últimos años, una situación anfibia, un tiempo bisagra, en que nuestra clase está luchando en defensa de sus necesidades humanas. Luchas que expresan una tendencia a la polarización social producto de un mundo, el del capital, que se agota y solo puede atacar nuestras condiciones de vida como proletarios: luchas en Chile, Kazajistán, Sri Lanka, Irán… por recordar algunas de las últimas. A estas hay que añadir el reguero de huelgas salvajes en Reino Unido en los últimos 9 meses, las movilizaciones de la juventud en Grecia[i]. De diferente manera todas expresan el rechazo a las imposiciones del mundo de la mercancía, un mundo que se reafirma en cada ataque a nuestras condiciones de vida y reafirma nuestra necesidad de luchar contra su miseria.

Las condiciones históricas e internacionales en estos momentos son terribles: aún bajo la larga sombra del Covid, la guerra imperialista en Ucrania, viene a agravar la debacle capitalista y su eterna crisis histórica, la brutal subida de los precios, unido a un reguero de medidas que socaban aún más las condiciones de vida de los más pobres. A ello se suma, problemas nunca resueltos (problemas rentables) como la migración de cientos de miles de trabajadores huyendo de la miseria y la guerra y que se topan con muros y porras, y más miseria en caso de superarlos.

Y es esa condición terrible, esa situación internacional, donde encontramos la esperanza. Vivimos un momento histórico en que una chispa puede empezar a encender el mundo, porque todas esas revueltas y luchas puedan llegar a mirarse a los ojos, como parte de un mismo proyecto, de una misma necesidad humana de imponerse sobre la miseria y la guerra.

Ni en Francia, ni el Reino Unido, ni en Grecia se está expresando hoy día ni mucho menos una revolución. Son movimientos además donde es muy fuerte la presencia política y sindical de la izquierda del capital. Se expresa una respuesta frente a una agresión constante, una respuesta necesaria frente a aquellas medidas del capital que nos roba la vida. Expresando una contradicción de base: el capital solo puede sobrevivir a nuestra costa, y nosotros/as solo podemos vivir destruyendo el capital.

Las respuestas inmediatas contra las medidas de austeridad y crisis, son automáticas y son necesarias, a través de las luchas inmediatas podemos formarnos, unirnos, adquirir conciencia y confianza y, sí, podemos parar ciertas medidas, pero debemos saber que cualquier victoria parcial, no es más que retrasar lo inevitable: la imposición de los intereses del capital sobre las necesidades humanas. Para parar toda esta brutalidad debemos ir más allá, debemos cuestionar todo el sistema.

En las recientes movilizaciones en Grecia en protesta por el accidente del tren que ha matado a más de medio centenar de proletarios, los manifestantes gritaban: “sois asesinos, sois hipócritas, el sistema que habéis organizado nos quita la vida”, y con toda razón eran profundamente conscientes que este sistema está organizado para quitarnos la vida y la única salvación, es acabar con él.

El proletariado tiene un largo camino para reencontrarse con su programa histórico, con su capacidad revolucionaria, es un camino que empezó desde que el primer ser humano se levantó contra el poder y la explotación. Pero es un camino que hoy nos asfalta el capitalismo, creando las condiciones que hacen nuestra lucha inevitable, eso no quiere decir que nos lo ponga fácil, quiere decir que no puede hacer otra cosa, su desarrollo brutal, nos obliga a luchar.

Y en ese camino nos encontramos con todo tipo de policías que trataran de detenernos, apalearnos, convencernos de lo que es mejor para nosotros, reorientarnos. Policías de uniforme, policías sindicales, policías políticos de cualquier color, policías psicólogos, policías demócratas… todos ellos empeñados en hacer su trabajo, salvar el culo de un sistema que hace aguas (fecales).

Contra todos esos policías, debemos recuperar nuestras armas, las que a través de la lucha histórica hemos ido forjando:

    *El internacionalismo proletario, en cualquier parte del mundo, cuando luchamos, lo hacemos como una misma clase, superando cualquier división nacional que solo beneficia a nuestros verdugos.

    *La autonomía proletaria. La dirección de la lucha es de los propios proletarios, fuera y contra cualquier organismo que pretenda encuadrarnos. Luchamos de forma independiente, por nosotros/as mismas.

    *La autoorganización, crear nuestra propia organización y espacios de lucha, debate y reflexión. Nuestros órganos masivos de poder como clase y nuestra organización de vanguardia que agrupe a las minorías revolucionarias.

   * La unidad por encima de cualquier separación impuesta por las categorías del capital: independientemente de la edad, del trabajo, de estar en paro, de ser estudiante o pensionista, hombre o mujer, joven o viejo/a… somos una misma Clase expresando una misma necesidad: superar el mundo de la explotación, instaurar una sociedad realmente humana.

    *La extensión de la lucha por encima de sectores laborales, barrios, pueblos, ciudades, naciones. Extender la lucha bajo la consigna de que todas las luchas hacen parte de la misma lucha y todas son necesarias para seguir luchando, para vencer. La solidaridad, no es una palabra bonita, es un arma cargada.

Con distintas intensidades y aún con mucho camino por recorrer, pero ya arden Francia, Reino Unido, Grecia… y nosotros saludamos esos incendios, no por lo que queman sino porque históricamente son una chispa entre miles, que más pronto que tarde superarán sus límites y  prenderán el mundo de esperanza y revolución.

Por el comunismo

Barbaria

https://barbaria.net/

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[i] Aprovechamos  para saludar a “los/as encapuchados/as” de Exarquia que le partieron la jeta a Varoufakis, el penúltimo pelele izquierdista de la burguesía y alentamos para que estos ejemplos se extiendan.

8 de Marzo. Día de las ambiciones burguesas camufladas y los coros ciudadanistas

Gran  jolgorio, dimes, diretes, choques,  divisiones, campañas,  oposiciones entre  enfoques   existentes  en los medios   burgueses, películas, libros, charlas…. es el 8M.

Una excusa para las campañas burguesas del  feminismo, para lavar la cara al  Estado  capitalista   y sus Instituciones, para seguir manteniendo estatus  y negocios, para abrir otros nuevos… y para  ocultar el  fracaso  de   sus  políticas  y  exagerar  su éxito  como    energía   de remodelación  del    capitalismo…camuflado de   «lucha  por   una sociedad  justa»

Todo es  efectuado   sobre la  base de  una   presunta   lucha    activa contra  la  opresión  de  “  las  mujeres”, mientras  la  división  y  diferenciación de estatus  según sus  clases   de pertenencia es más   patente   y  sangrante  todavía,  y mientras  el fracaso de las  “ políticas   de  igualdad”  y   “contra la  violencia de  género” es  manifiesto,  tan  grande  como sus propios intentos  de  maquillarlo  y  desdibujarlo…y  el chupeteo   de  fondos    públicos para el parasitismo  corporativo  de  numerosas entidades   feministas  y  de   reforma social. Pero   algunas  mujeres   ya no tragan fácilmente,  muchas  obreras ven esto  como algo distante   en su  vida   laboral y social   diaria. Incluso un porcentaje de    pequeñoburguesas  en  la  ciudad  y el campo ven contradicciones…que     fuerzas  burguesas  oportunamente   oportunistas  aprovechan en su competencia  contra   otras   ,   ahora  las  liberales  y conservadores   frente a las variedades   de  izquierda.

Las  políticas   feministas , el corporativismo y el ciudadanismo democrático que  las  acompaña  presentan  elementos comunes en todas  las tendencias del  movimiento feminista,  junto a  evidentes   diferencias. Las derechas también se suben al carro con el  feminismo  mostrando su faz   liberal y  arrecian   con  sus  campañas de dimes  y  diretes, con declaraciones  de   »  esto no  es   verdadero   feminismo»…  que  se  basa en  el respeto  de la  libre  iniciativa personal.. etc.

Las  mujeres  burguesas   reclaman    medrar en  el  capitalismo  y  estos diversos  enfoques  y tendencias   sirven de  diversas  maneras  a este propósito:  unas   lo dicen abiertamente, otras  lo  matizan y otras    se dedican a mistificar  su propia  función   presentándose  como  el mejor  feminismo  que se apoya en  las  “  excluidas  y   explotadas”. La  gran representación  continúa.

En la vida social la competencia es una  señal de identidad  de  la  sociedad  capitalista, penetra  en todos  sus poros  y es motivo de adorno  por  su medios  de  intoxicación de masas. Se  compite    por  los  recursos,  por  los negocios ,  inversiones  y ganancias, se  compite   por esferas de  influencia  y  en campañas militar  imperialistas,  se compite por hacerse un  hueco en  el   «orden   mundial» y sus  desordenes  variados, se  compite por  los  puestos  de trabajo  en la base   y  los estatus    dirigentes  de  altura, por la  vivienda,  por la salud, por las  ayudas estatales y la asistencia   social donde  las  hay, se compite  también  por el ocio y el placer, por el  amor  y el odio,   por   el  Dios   verdadero  y la moral  más adecuada… por » salvar al mundo »  de las   consecuencias del capitalismo….sin erradicar  y superar  histórica   y materialmente sus causas . El caso es  competir   y asegurar al  mismo tiempo  que  el efecto de  esta   diseminada  actividad   competitiva  no desgarre   tanto  a  la  sociedad  como para impedir que  el  capitalismo se  reproduzca. Para eso están leyes,  Estado y adecuaciones reformistas de las relaciones sociales. Sigue leyendo