Bueyes, burros y dragones

Recientemente tuvo lugar una discusión interesante en la lista de discusiones Meltdown, entre Mac Intoshde Perspectiva Internacionalista (PI) y GS, un participante de Meltdown. Comenzó sobre la democracia, continuó con el derrotismo revolucionario y terminó con Mac Intosh suspirando al decir que le resulta incomprensible que GS pudiera afirmar que, en tal guerra, uno debería elegir un campo imperialista contra el otro y seguir considerándose revolucionario internacionalista. A lo cual GS replicó que él tampoco se puede imaginar, porque considera fuera de toda discusión, el que cualquier persona cuerda no esperara ardientemente que la Alemania Nazi fuera derrotada. ”Me rindo” escribió, y así terminó.

Fuera del hecho de que ningún escenario creíble puede ser concebido, en el cual Alemania hubiera podido ganar la guerra, las consecuencias de tal resultado improbable son desconocidas: aquí estamos en la historia alternativa, en la cual, la exterminación global de razas enteras es tan probable como un levantamiento global, o cualquier otra cosa entre esas alternativas. Intrigante a lo mejor, pero no me parece muy relevante para nuestra realidad.

La cuestión esencial a señalar es que cualquier esperanza de escapar a las atrocidades de la guerra genocida surge de la autonomización del trabajador colectivo con respecto al capitalismo. La identificación con “nuestro propio” capital en guerra contra otro capital hace lo contrario: nos ata a los intereses de nuestros opresores. Es por eso que quienes se negaban a apoyar la guerra, como el IWW (Industrial Workers of the World), fueron tan brutalmente perseguidos.

La guerra no era a causa de ideologías compitiendo. Hemos afirmado frecuentemente que el capitalismo conduce a la guerra por sus propias crisis. Con respecto a la Segunda Guerra Mundial, esto está bastante claro, pero el caso debe ser expuesto de manera más detallada para ser convincente, porque la narrativa de esa guerra, presentada como una guerra entre el fascismo y la democracia, está profundamente grabada en la mente de la gente, y la relación entre la economía y la guerra suele ser tratada de manera superficial, incluso por quienes se consideran marxistas. Es necesario que mostremos concretamente, que la guerra no fue causada por el fascismo, sino por el contrario, el fascismo fue promovido por el impulso del capitalismo hacia la guerra, de la misma manera en que lo fue el Estalinismo y el nacionalismo en todas partes. Para todos los participantes en la guerra, esta fue un medio para atar a los esclavos asalariados al capital.

Los vencedores escribieron la historia, por lo tanto todos saben que lo que los Nazis hicieron fue monstruoso (y realmente lo fue) y que las atrocidades cometidas por los vencedores fueron hechas por una buena causa. GS no dice eso. Pero su afirmación de que uno puede condenar las atrocidades cometidas por su ”propio lado” y al mismo tiempo apoyar el esfuerzo general de guerra, refleja la misma creencia utópica en el ”capitalismo con cara humana” que Marx criticaba cuando él escribió: “Lo que divide a esos caballeros de los apologistas de la burguesía es, por un lado, su sensibilidad ante las contradicciones del sistema; y por otro lado, la incapacidad utópica de captar la diferencia necesaria entre la forma real y la forma ideal de la sociedad burguesa, lo que es la causa de su deseo de llevar a cabo la superflua empresa de realizar la expresión ideal nuevamente” [1].

GS puede objetar que su meta no es “la forma ideal de la sociedad burguesa” sino el socialismo revolucionario. ¿Qué es lo que esto significa para él? Él escribe: “La cuestión del socialismo, como yo la entiendo, es extender el principio y la práctica democrática a la esfera de la producción. Esto puede significar consejos obreros, co-propiedad de trabajadores y comunitaria de empresas, igual representación de las partes interesadas en las juntas directivas de la empresa, grupos de coordinación de toda la industria, estrictamente responsables ante los lugares de trabajo individuales, u otras formas democráticas.”

Mac Intosh no aborda directamente esta cuestión, pero realmente es la base de la posición de GS. Revolución = al establecimiento de la democracia “real” en todas las esferas de la vida. Esta es una visión que es ampliamente popular en expresiones anti-capitalistas como Occupy y Nuits Debout.

Pero esto se refiere sólo a la forma. El mundo seguirá siendo una economía de empresas, pero ahora estas van a ser propiedad de los trabajadores o de “la comunidad” y sus juntas directivas van a tener ”igual representación de las partes interesadas”. GS supone que en cuanto los principios democráticos sean aplicados en la esfera de la producción, el socialismo surgirá automáticamente. Pero esto es incorrecto. Otra vez, la dinámica va por otro camino: es cuando los proletarios comienzan a negarse a producir valor que las relaciones no jerárquicas florecen, nuevas formas de organización se desarrollan y la base de las organizaciones existentes comienzan a desmoronarse. Es cierto que forma y contenido influyen la una sobre la otra en forma dialéctica, pero un mero cambio formal, una extensión del principio democrático a la producción, es algo que el capital (el sistema de valor; no necesariamente el capitalista actualmente en el poder) puede absorber.

Lo puede absorber porque el capitalismo y la democracia son isomórficos, como Mac Intosh afirma en ese debate. A GS no le gusta esa palabra y yo estoy de acuerdo en que no se debería usar sin explicar a que se refiere. La manera en que yo lo entiendo es que, no son contradictorios sino más bien similares, que son, tanto en su forma como en su contenido, reflejos del sistema de valor que los ha creado. La democracia es la forma más eficaz de control capitalista, aunque no en todas las circunstancias. Obviamente, esto requiere mucha elaboración y es algo en lo que nosotros, en Perspectiva Internacionalista, estamos trabajando actualmente. Esperamos poder publicar un texto sobre este tema en un futuro próximo.

Pero si uno piensa como GS que el socialismo es igual a la extensión de la democracia, entonces todas sus otras posiciones tienen sentido. En ese caso cualquier cosa a favor de la democracia es un paso adelante. Entonces en cada guerra, en cada elección, hay un lado a apoyar, en tanto que siempre hay un lado que es peor (menos democrático) que el otro.

La cuestión que los pro-revolucionarios necesitan señalar, con respecto a las guerras tanto como a las elecciones, es que estas son parte y parcela del funcionamiento del capitalismo y nunca un medio de cambio fundamental ó para evitar las catástrofes hacia las que nos dirigimos. No luchamos en contra de un gobierno específico, ni a favor ó en contra de un país en particular, sino en contra del sistema que produce esas guerras y catástrofes y que nos deshumaniza forzándonos a ser mercancías en competencia con otras mercancías.

Sólo una vez fui a una cabina de votación. Yo estaba viviendo en un país donde votar es supuestamente obligatorio. Yo escribí en la boleta:

Ningún buey elige a su carnicero

Ningún burro elige a su amo.

La gente hace las dos cosas.

Ay! ¿No es esto estúpido?”

En mi lengua nativa rima. Fue escrito por un trabajador metalúrgico que estaba en el mismo grupo libertario-comunista en el que yo estaba.

Sin embargo, para el burro podría ser una diferencia quien es el amo. Uno es probablemente más aborrecible y brutal que otro. Nosotros no decimos que no haya diferencias entre partes en guerra o entre partidos políticos ó candidatos. No estamos diciendo que ellos sean autómatas en cada cosa que hacen. Pero, con respecto a lo fundamental, los son: sus acciones están definidas por las necesidades del capital, ellos están obligados a perseguir su acumulación. Pero en cuestiones secundarias, que podrían ser una enorme diferencia para mucha gente, ellos se pueden diferenciar. Si hay, por ejemplo, una elección entre un candidato que favorece la discriminación (contra las mujeres, los homosexuales ó los inmigrantes) y uno que se opone a ello, parece bastante razonable esperar que el primero pierda y votar en contra de él ó ella.

Nosotros no participamos en elecciones, no tratamos de reunir votos para el partido de los no-votantes. Lo que cuenta no es si el burro vota ó no, lo que importa es que él se dé cuenta de que todo amo es siempre un amo; el aparentemente más humano y racional tanto como el chiflado y, como tal, ambos van a ejecutar lo que el sistema de amo les demande, lo cual, en nuestro contexto, significa que ambos van a seguir la misma meta, la acumulación del capital nacional, aunque ellos puedan proponer estrategias que son bastante diferentes (en especial retóricamente). Sea quien sea por quien votes, votas por el capitalismo. Eso es lo que no entienden quienes dicen que, si no votas, no puedes quejarte de lo que el gobierno está haciendo u oponerte.

La democracia no puede nunca conducir a la sociedad fuera del capitalismo, y por lo tanto, no puede prevenir las catástrofes que causa porque es una parte integral del capitalismo. Como lo dicho anteriormente, esta es una posición que debemos desentrañar. Además esto implica que debe ser remarcado el contraste entre la democracia por un lado, y, por otro lado, las relaciones sociales y formas organizativas que emergen y se desarrollan en la lucha contra el capital y que florecerán cuando la forma de valor sea superada. No estoy diciendo que deberíamos ocuparnos de hacer ciencia ficción política, pero como la fuerza de la democracia está basada en la creencia de que sólo puede haber democracia ó dictadura (ó algo entre estas dos alternativas), cuando nosotros afirmamos que son diferentes cabezas del mismo dragón, que son esencialmente lo mismo, tenemos que mostrar que hay algo más allá de esa dicotomía, que hay otras maneras de organizar la vida humana y que no es una mera idea sino que es una fuerza material.

Werner Bonefeld ha señalado que el capitalismo es un sistema simbiótico en el cual los capitalistas y los trabajadores dependen el uno del otro, y que en esa relación, el capital no puede autonomizarse a sí mismo (por más que lo desee, sigue siendo dependiente de la explotación del trabajo asalariado) mientras que el proletariado sí puede autonomizarse. No hay certeza de que lo vaya a hacer, pero lo puede hacer. En ese sentido, yo estoy en desacuerdo con Michael Heinrich cuando él critica la visión de que la clase trabajadora “en base a su posición particular en la sociedad burguesa, posee una capacidad especial de ver a través de las relaciones sociales”, aunque él tiene razón en que “al igual que el capitalista, los trabajadores están sujetos a las ilusiones del fetichismo de la mercancía”. [2]

La tendencial y potencial autonomización del proletariado ó trabajador colectivo es, realmente, la cuestión crucial de nuestro tiempo; lo único que puede prevenir el incremento de catástrofes que provoca el capitalismo. Si ese potencial no existiera, si la clase trabajadora no estuviera en mejor posición que los capitalistas para ver a través de las relaciones sociales, como lo sugiere Heinrich, entonces no habría esperanzas. Es en base a este criterio que debemos ver, y alejar nuestra mirada de las elecciones, sabiendo que alguien que vota no expresa necesariamente confianza en el sistema y, quien no vota, no expresa necesariamente algo más que indiferencia.

Sander

Perspectiva Internacionalista

Notas

[1] “Grundrisse” p. 248-249 (Penguin ed)

[2] Michael Heinrich: “Una introducción a los tres volúmenes del Capital de Karl Marx”, p.79 (Monthly Review ed.)

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